—Tierra llamando a nave nodriza.
Unos chasquitos delante de mi cara me despiertan de mi ensoñación y miro a Dani partirse de risa.
—Te quedas embobada cada vez que la ves, eh —dice golpeándome con el codo en el brazo y mirando disimuladamente, al contrario que yo estaba haciendo, a nuestra nueva profesora de matemáticas.
Pero ¿cómo no quedarme ensimismada observándola con lo guapa que es? Juro no haber visto en toda mi jodida vida a una mujer así. Para algunos no debe ser nada del otro mundo si la comparamos con modelos o famosas, pero es que es en su belleza sencilla donde destaca precisamente. Apenas lleva maquillaje y viste con ropa casual, totalmente diferente al resto de nuestras otras profesoras mayores que ella.
Camina por los pasillos en silencio, pero llamando la atención de todas, porque en eso sí que no me equivoco al afirmar que no soy la única que se la queda mirando con el mismo interés que yo. Siempre va con sus carpetas y libros pegado al pecho como haría una universitaria, y cuando pasa por nuestro lado me dedica una tímida sonrisa y susurra un hola audible solo para nosotras. Ambas saludamos. O bueno, yo lo intento, porque lo único que soy capaz es de decirle adiós con la mano y ganarme por eso otra carcajada burlona de Dani.
—¿Quieres una servilleta para limpiarte las babas?
—Cállate, idiota.
—Estás hasta roja y eso que solo te ha saludado, no me imagino cuando te pregunte en clase si has hecho los deberes —continúa mi amigue con sus bromitas—. Una frase entera suya debe ser toda una confesión de amor para ti. ¿Para cuándo la boda?
—Sabes que si me lo propongo me la ligo —salto sin pensar mucho en lo que estoy diciendo, simplemente estoy molesta con las bromas que me han estado haciendo las chicas desde que conocimos a la nueva profesora.
—Claro que sí, Lucía, pero en tus sueños —contesta rodeándome el cuello con un brazo para ir juntes y pegades como siameses hasta el comedor donde nos reuniremos con las demás.
Ojalá cerrarle la boca a elle y a las demás ligándome de verdad a Carmen, pero en el fondo sé que es algo que jamás pasará, solo en mis sueños, como me recalca Dani cada dos por tres. Ya no es solo que seamos profesora y alumna y esté prohibido por ley, o que nos llevemos casi diez años de diferencia, lo cuál puede hacer que ella me vea como una niñata a su lado; también está el hecho de que no solo soy una simple alumna, sino una alumna en un reformatorio que fue mandada aquí por el estado. Debe tener una imagen de mí, y de todas las alumnas de este lugar, muy mala, y eso me apena de verdad.
Solo espero que su actitud no cambie con el paso de los meses. No sería la primera profesora que llega nueva con buena actitud y acaba pareciéndose a las demás con los castigos severos, como ya ocurrió con la profesora de gimnasia. A Carmen aún se la ve amable y buena, y deseo que así siga todo el tiempo que esté aquí.
Y en cuanto a mi más que notable atracción por ella tendrá que ser en sueños, porque una mujer así no se conquista tan fácil y menos en mis circunstancias. Suspiro y me dejo arrastrar por Dani, haciendo oídos sordos a sus comentarios burlones. Esto es lo que me espera a lo largo de todo el curso en cuanto tenga una mínima interacción con nuestra nueva profesora de matemáticas.
—Te fuiste a meter con la Hitler, te compadezco, ya te va a tener manía lo que quede de curso —me dice Lucía refiriéndose a la profesora de historia que me hizo pasar tan mal rato ayer y por lo que estuve a punto de escaparme anoche de no ser porque Bea me descubrió.
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La Fragua
Teen FictionUn reformatorio femenino es el infierno donde vive un grupo de chicas que acabaron allí por diferentes motivos, algunas llevadas por la justicia y otras por sus propios padres. Un grave accidente que jamás debió ocurrir propiciará la unión de estas...
