Amir salió del coche y corrió hasta la puerta de la casa, al ver que por el salón no estaba, subió las escaleras de dos en dos. Abrió la puerta de la habitación, y la encontró haciendo su maleta. Lo que sintió en su interior, no podía explicarlo, pero se descolocó. Había parado en seco cuando encontró a su mujer haciendo su maleta.
—Amira, ¿Qué narices haces? — preguntó yendo hacia ella.
—¿No lo ves? Me largo, no voy a estar con un infiel. Qué cuando ve a su ex, corre tras ella. — limpió sus lagrimas, metiendo su ropa en esa maleta.
—Dejame explicarte lo que viste, no es como tú crees. — ella rio.
—¿Explicarme? ¿Qué vas explicarme? Lo vi, Amir. Vi como se besaban, se besaban en un lugar donde cualquiera os podrían haber visto. — exclamó, con sus ojos llenos de lágrimas. —Te lo dije, Amir. Si me fallabas me iba.
—Es que no es como tú crees, joder. — alzó la voz. —¡Dame el beneficio de la duda!
—¿El beneficio de la duda? — repitió. —¿Y yo debo creerte?
—Ella me besó, se lanzó a mi boca, no me dio tiempo ni para decir algo. — habló.
—Me iré con mis tíos, no confío en ti, Amir. — él hizo una mueca de desagrado. —Lo que vi, me confirmó que la sigues amando.
—Y dale, que no la bese yo. — la dijo, apretando sus dientes. —Entiendo que no confíes en mí, que te he tratado mal. Pero jamás te traicionaría y menos con ella, Amira. — ella negó.
—Me voy, Amir y no te atrevas a determe. — cerró la maleta y la dejó en el suelo. —No puedes estar conmigo amando a otra mujer, es de locos.
—Amira, que...
—Nos veremos, Amir. — salió de la habitación dejando a Amir solo.
Él no iba a permitir que se fuera, no iba a dejarla ir, creyendo algo que no era como ella lo había visto.
Salió de la habitación y bajo las escaleras corriendo, ella estaba apunto de irse y no lo iba a permitir.
—No te irás sin aclarar esto. — la cogió del brazo. —No voy a permitir que me dejes creyendo algo que no es.
—Amir, suéltame. — forcejeó con él. —Me iré aunque no estés de acuerdo.
—No, no voy a dejarte ir. — se retaron con la mirada.
Por la puerta entraron sus tíos, Amir soltó a su mujer y ellos miraron al matrimonio confuso. No entendían ese cambio en ellos, si hace unas horas estaban muy unidos.
—¿Qué está ocurriendo aquí? — preguntó el jeque. —¿Qué es todo esto?
—Me iré unos días con vosotros. — dijo Amira, mirando a sus tíos.
—¿Por qué? ¿Te ha hecho algo? — Amir arrugó su ceño.
—Me gustaría hablar con mi esposa, si no es mucha molestia. — habló mirando a Amira.
—No, ya hemos hablado, Amir. — respondió tajante.
—Hija, hablar. — ella negó.
—Adios, Amir. — iba a salir pero la voz de su marido la hizo frenar.
—Amira, si sales por esa puerta. Sin hablar conmigo, jamás lo haremos cuando sepas que jamás te engañe. — ella le miró unos segundos y salió con sus tíos de la casa.
Amir se había quedado solo, en esa casa que había compartido con ella. Jade, logró lo que quería, ahora le tocaba jugar. Ella quería guerra, guerra tendría.
—Averigua, donde se hospeda el rey Derek de Alemania. — le ordenó al escolta que estaba presente en todo. —Lo quiero, para ya.
—Si, señor. — salió de la casa.
Se fue hacia el sofá y se sentó, se llevó a las manos a la cabeza. Sus lagrimas se deslizaron por sus mejillas, le dolía que Amira no le escuchara, que haya creído más en esa imagen y que no le haya dado el beneficio de la duda.
Él entendía que esa imagen la haya dolido, que haya sido la imagen más dolorosa. Pero tendría que entender que ella desde que volvió, solo quiso estar con él, que quiso romper su matrimonio y aún así, lo había logrado.
Él iba a cumplir su amenaza, Jade se iba arrepentir de haberse metido en su matrimonio.
La puerta se escuchó, pero este ni miró. Seguía mirando el suelo, con su mirada llena de lágrimas. Sintió una mano en su espalda y miró por encima de sus hombros, visualizó la figura de su hermano. Amir limpio sus lagrimas y le miró.
—Vi todo lo que pasó en la gala. — habló Abdel, sentándose a su lado. —No dejes que esa mujer, destroce tu matrimonio.
—Lo intenté, pero Amira no me dejó, no me dejó explicarle. — respondió. —Y la entiendo, la humillé muchas veces, la grité, la desprecié y ahora no me cree. — miró a su hermano. —No la culpo, me culpo yo por imbécil, por ser tan cruel con ella.
—¿Te has enamorado de ella? — ambos se miraron. —Tu elige, Amir. Jade o Amira.
—¿Sabes? Si me hubieras dicho esa pregunta hace seis meses atrás, te habría dicho que a Jade. Pero ahora elijo a mi Amira, esa mujer que me sacó de esa oscuridad. La que volvió hacerme reír, la que me volvió a enseñar que amar no es malo cuando es correspondido. La que me quitó las ganas de beber y ser el Amir de antes. — Abdel sonrió, su hermano estaba enamorado de Amira. —Amo a Amira, Abdel. Elijo a Amira como la madre de mis hijos y con quien quiero envejecer.
—Entonces, búscala y no te rindas, hermano. Demuéstrale que ella es tu dueña, que ella es tu mujer y tú eres de ella. Qué Jade ya no es nadie en tu vida y que la amas a ella. — Amir sonrió y asintió.
—Señor, tengo la información del rey Derek.— Amir le miró y Abdel arrugó su ceño. —Se hospeda en el hotel de Yidda.
—Gracias. — el hombre asintió.
—¿Por qué quieres saber dónde se hospeda el Rey de Alemania? — Amir le miró con una sonrisa siniestra.
—Porque Jade, ha cavado su propio hoyo. Ahora sabrá que meterse conmigo, no traerá una buena respuesta. — respondió. —Ella destrozó mi matrimonio, ahora el Rey, sabrá quién es su mujer. — Abdel se había quedado incrédulo, su hermano iba a desenmascarar a esa mujer.
*******†***********
Hola, bellas. Aquí tenéis otro capítulo de Amir y Amira, espero que os guste.
Decidme, ¿Qué pasará en el próximo capítulo? ¿Amira hizo bien en irse sin hablar con él? ¿Qué hará Jade? ¿Amir luchará por su matrimonio?
Os leo.
Besos desde España, nos leemos pronto
ESTÁS LEYENDO
Una dama para el Duque 2° (saga Realeza) EDITANDO
RomanceAmir Assim Abdallah, duque de Arabia Saudí, es un hombre marcado por un pasado doloroso. Tras sufrir un desamor que aún lo atormenta, su corazón sigue perteneciendo a aquella mujer que nunca pudo tener. Forzado por su padre, Amir contrae matrimonio...
