Capítulo 30

12.4K 693 54
                                        

Capítulo 30
Abigail

Creí que se había terminado toda conversación con este señor, pero al parecer no se rinde. Salimos todos de la caravana con nuestras pijamas triples con abrigo y mantas incluidas. Entro en la que es nuestra casa de campaña y Jordan detrás con la linterna encendida.

—Enciende tu luz para terminar de cerrar esto —me pide. Busco a mi lado la linterna y la dirijo hasta él. Jordan termina de cerrar el zipper y entra en su bolsa de dormir.

—Buenas noches —le digo.

—¿No hay beso de buenas noches? Me debes uno de esta tarde.

—Bien —me acerco y le plantó un beso rápido en los labios.

—Ahora sí, buenas noches —está totalmente oscuro así que da igual cerrar o no los ojos, parece como si un agujero negro nos ha consumido, Jordan ya está dormido, lo siento por su respiración, no me queda de otra que seguirle el paso y dormir también.

(...)

Un sonido proviene de algún lugar desconocido, algo se está moviendo allá fuera, al inicio me despreocupo, pero sea lo que sea, está golpeando la débil tela que nos separa del exterior.

Busco mi linterna y alumbro hacia fuera. La sombra imponente de un animal silvestre se ve reflejada contra la casa. Mi corazón se acelera y ni siquiera soy capaz de mover mis miembros. Trato despacio de levantar a Jordan, pero éste no responde. Alzo mi mano hasta él y le llamo:

—Jordan. Despierta —digo en voz baja para no hacer rabiar al animal allí fuera. Él tiene que salir y ahuyentarlo—. Jordan... Jordan... Jordan... — esta última vez abre los ojos un poco y bosteza.

—Por Dios, ¿qué hora es?

—No sé. Jordan escucha habla despacio, ahí un oso salvaje allá fuera tienes que salir y ahuyentarlo, porque sino devorará la casa de campaña — digo.

—Duérmete, no hay ningún oso ni nada. Son cosas tuyas — vuelve a cubrir su rostro y yo lo alumbro otra vez—. Mírame estoy muriendo — pongo su mano en mi frente para que sienta las gotas de sudor que se han concentrado allí.

—Estás sudando. Con este frío. Voy a salir solo para demostrarte que no hay nada aquí. No tienes porque temer —sale de su bolsa y enciende la linterna. Abre el zipper y yo me quedo envuelta en la mía a esperar que regrese. Estoy temblando del frío, y no puedo dejar de balancearme de adelante hacia atrás. Escucho la risa de Jordan al otro lado.

—April —me llama—. Ven tienes que ver esto. Sigue riendo parece que es algo gracioso. Tengo miedo de salir, pero confío en que él no me mostraría nada que aumente mi temor, así que salgo. Él va a mi encuentro y caminamos.

—¿Qué pasa? —siento mi voz temblar.

—Mira, aquí tienes a tu oso feroz — él ilumina una pequeña ardilla comiendo una nuez. Jordan sigue riendo y de paso mi cuerpo se relaja.

—Oh gracias al cielo — respiro.

—Si quieres, dormimos en la caravana. Despierto al chófer y listo.

—No te preocupes. Falta poco para el amanecer. Vamos dentro —enlaza sus dedos con los míos y caminamos hasta el interior de la casa—. Fuiste muy valiente. Gracias por arriesgarte.

—No hay de qué. No le tengo miedo al oso salvaje. Un par de puños y al suelo.

—Sí, claro. Luego dabas la vuelta y el que termina devorado y en el piso serias tú — rio.

FIGHTING ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora