Cuarenta

869 56 1
                                        

Cleo había perdido el apetito.

Tenía frente a ella cientos de alimentos diferentes que habían preparado en el castillo, no quería probar ninguno de ellos. Leah le había dicho que esperasen afuera mientras lo ayudaban a ducharse, porque necesitaba ahorrar fuerzas por su estado débil. En cualquier otro momento, hubiese estado muriéndose por el nerviosismo, pero solo tenía una cosa en la mente.

—¿El médico dijo que tiene?— Cleo inquirió con su voz casi pesada al oído.

—Me parece que el problema fue en sus pulmones... No está del todo seguro por la fiebre— su madre tampoco podía mantener la postura— Me dijo que debes tomar una ducha después de que estén cerca para que no enfermes, pero que no parece

Cleo asintió.

Había ido tan pronto como había terminado sus deberes, no podía pensar en otra cosa. Cuando Elodie le preguntó por Eros, no supo que contestarle, estuvo a punto de salir corriendo pero se las arregló para decirle que estaba muy ocupado. No quería que ella también sufriera, pero se sentía culpable de haberle mentido.

—Gracias, Cleo.

—No he hecho nada..— murmuró con culpa y su cabeza agachada.

—Claro que sí— su madre se esforzó para dar una pequeña sonrisa y le tomó del brazo para captar su atención— Desde que viniste, él realmente esta intentando, ayer incluso lo vi levantarse para buscar la ropa que iba a utilizar— los ojos de la mujer se achicaron, pero su semblante estaba decaído— Y gracias también por no haberte alejado en cuanto supiste la noticia...

—No tiene que agradecerme... No podría dejarlo solo— aseguró, se permitió soltar un par de lágrimas. Podía verse endeble porque Leah claramente comprendía su corazón roto— Sí usted me lo permitiese, dormiría aquí incluso... Podría ocupar una parte del sótano o..

—No, no, claro que puedes quedarte, tenemos habitaciones para invitados, puedes utilizarlas siempre que gustes. Solo... quería pedirte una cosa.

Cleo asintió. Pendiente a cualquier cosa que le pudiese decir. Leah era una mujer realmente admirable, aunque estaba pasando por un tormento enorme, aún se esforzaba por hacer que Cleo se sintiese consolada y acompañada.

—¿Puedes vigilarlo de vez en cuanto en las noches..? Lo siento mucho, quisiera hacerlo yo misma, pero él me asegura que esta bien y no me deja.. Tal vez si se trata de ti... Es solo que me da miedo que se sienta mal y yo... No sé..

Cleo le sostuvo la mano.

—Lo haré, lo cuidare en las noches.

—No quisiera...

—No, no es molestia. Realmente quiero hacerlo.

Su madre le sonrió mientras asentía, se limpió una de sus mejillas mientras respondía al toque de Cleo con un apretón suave.

—Gracias.

~ • ~

—¿Cómo volverás a casa?

Cleo había pasado toda la tarde libre con Eros, habían charlado respecto a su viaje y sobre cuanto se habían extrañado. Las horas se habían ido demasiado rápido cuando notó qué fuera ya comenzaba a oscurecerse todo. Ella estaba prendiendo las velas para que no estuviesen completamente a oscuras.

Eros | Timotheé ChalametDonde viven las historias. Descúbrelo ahora