Capítulo 124. Cerca...Una de la otra.

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El ambiente no podía estar más tenso en la consulta de la doctora del Olmo. Se palpaba cierto resquemor por parte de Laila y algo de enfado por parte de Alana. No era para menos. La profesora no sabía qué pasaba por la cabeza de la oncóloga, y ésta estaba dolida y defraudada con Laila por haber jugado con sus sentimientos. 

-Lo siento…No quise ser maleducada contigo - dijo Laila algo avergonzada. Debía intentar controlar su impulsos porque a veces le jugaban malas pasadas, y en esa ocasión se estaba dando el caso. 

-Tranquila, no pasa nada. Y acepto tus disculpas…- Alana no quería darle pie a nada, porque estaba bloqueada y prefería que la profesora no le sacara el tema de su relación con la galerista, por lo que siguió con su rutina laboral - Laila, necesito pesarte. ¿Te subes en la báscula, por favor?

-Claro, voy - Laila se levantó algo contrariada de su asiento, y se dirigió a la báscula que tenía a tres pasos de ella. Alana hizo lo mismo y la siguió, colocándose justo detrás de ella.

Cuando la joven se subió a la báscula, sintió la proximidad de Alana asfixiándola, de hecho se encontraba justo a unos centímetros detrás de ella, y no le pasó desapercibido a Laila el tenerla tan pegada a ella. Su cuerpo se quedó helado sobre la báscula, y como ésta era de las antiguas, Alana tuvo que manipularla para dar con el peso de su paciente, y al ver la mano de la oncóloga tocando la báscula, con una manicura francesa perfecta y unas manos tan divinas, la profesora se tensó. Luego, queriendo o sin querer, el antebrazo de Alana rozó el costado de su paciente, haciendo que ésta se desestabilizara sin llegar a caerse. La oncóloga estuvo rápida y sujetó con cierto cuidado a Laila de la cintura. 

-Lo siento, Laila, ¿Estás bien?- la mujer en seguida sacó sus manos del cuerpo de la joven. 

-Sí…Gracias…Estoy bien - la profesora tuvo que mentirle. Había hecho el ridículo con la doctora. Ese mínimo contacto con el antebrazo de la mujer, la hizo estremecerse además de no esperarlo, por lo que su reacción fue moverse inconscientemente.

-No quise molestarte…- A Alana le dolió esa reacción por parte de Laila. Ella se dio cuenta que la rozó con su antebrazo, pero lo hizo sin querer, y por lo que pareció, a Laila no le gustó dicho contacto. ¡Qué equivocada estaba Alana! A la joven le habían removido tantas cosas que estuvo a punto de echarse a llorar, y por nada del mundo quería que la oncóloga la viera vulnerable y estremadamente sensible. 

-No me has molestado precisamente…- atinó a decir la profesora. En ese momento su corazón le decía que se diera la vuelta y abrazara a la mujer que tenía detrás de ella. Era lo que más deseaba en el mundo. Tenerla entre sus brazos. Pero si hacía eso, la oncóloga la rechazaría y acabaría saliendo de la consulta llorando. 

-Laila…Me alegro que te estén yendo tan bien las cosas, tanto en lo laboral como en lo personal - le dijo Alana de sopetón a la profesora. Ésta no se esperó ese comentario por parte de Alana. La dejó completamente sorprendida.

Laila, sin más preámbulos, decidió bajar de la báscula sin importarle que con ello acortaría la distancia entre la otra mujer y ella. Por lo que, con ese movimiento  de la joven, quedaron una enfrente de la otra, haciendo que Alana se quedara estática en el sitio. 

La oncóloga no pudo soportar tener a Laila tan cerca y no poder besarla, además el mirarla fijamente a los ojos la estaba desestabilizando más si cabía, por lo que optó por bajar la cabeza, e introdujo sus manos en los bolsillos de su bata, por si éstas le jugaban una mala pasada y decidían hacer algo de lo que podría arrepentirse después. Alana seguía estática en el mismo sitio, no se había movido ni un milímetro.

La profesora se dejó llevar de nuevo por sus impulsos y ni corta ni perezosa llevó sus dedos a la barbilla de la oncóloga, alzándola suavemente. La mano le temblaba un poco, pero eran más fuertes las ganas que tenía de penetrar a Alana con su mirada, porque sabía el efecto que conseguía en la otra mujer cuando la miraba fijamente, y más si la tenía justo enfrente de ella, y a unos escasos centímetros.

Con esa acción de Laila, a Alana no le quedó más remedio que mirar a la joven a los ojos, y cuando se quedó embelesada mirándola, la profesora pudo ver cierto dolor en la mirada de la oncóloga, lo que hizo que se estremeciera.

Alana también se dejó llevar por sus impulsos y llevó su mano a la mano que Laila tenía en su mentón. Cuando ésta sintió la piel de Alana sobre la suya, palideció, y como siempre pasaba, todo su cuerpo se erizó. Esa reacción a la joven le encantaba y la volvía loca, porque sólo con la oncóloga le pasaba, y tuvo que reconocer que la había echado mucho de menos. 

Cuando Laila acercó sus labios de forma decidida a los de Alana, ésta decidió retirar la mano que la joven tenía en su barbilla y apartó, por fin, su mirada de la de Laila, dejándola a ésta totalmente traspuesta.

Cuando Laila iba a replicarle a Alana por lo que acababa de pasar entre ellas, de repente entró Isabel de nuevo a la consulta, dejando a las dos mujeres muy alteradas. 

-Perdón por la interrupción, tuve que coger la llamada - dijo Isabel disculpándose. 

-Nada, tranquila, sólo estaba pesando a Laila. Por cierto, te mantienes en el peso - dijo mirando a la joven fijamente

- vamos bien con eso. 

Alana se distanció por fin de Laila y regresó a su asiento. Agradeció que justo en ese mismo instante entrara Isabel a la consulta, porque de no haberlo hecho, no se podía ni imaginar cómo hubiera terminado la situación con Laila. Ésta la iba a besar en su consulta, y ni por asomo la oncóloga se lo hubiera podido imaginar en su cabeza. Necesitaba tiempo para digerir lo que acababa de pasar entre Laila y ella. Pero debía ser profesional y debía terminar la consulta con su paciente.

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El capítulo de hoy se lo dedico a @Lauryj8, @Chaemyluv , @lamarimorena9, @Feder88, @JazzG7_7 y  @VictoriaRegia7.♥️

Matices y colores (continuación)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora