Muchas personas perdieron todo después del brote.
Verónica era una de ellas. Tuvo que sobrevivir, adaptarse y hacer lo que sea para mantenerse en una sola pieza.
Se sentía sola y sabía que no tenía nada que perder. O por lo menos eso pensó durante...
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—Sobre Tess... — trató de decir Ellie, pero Joel levantó su mano pidiéndole que se callara.
La niña no pudo terminar de leer la carta, pues esta mencionaba a Tess. Joel la había tomado y se salió de la casa, pasados unos minutos había regresado y ahora estaban ahí. Con el tema de Tess de nuevo.
También Joel había mencionado a su hermano, y que él solía ser una luciérnaga. Él serviría de ayuda.
—Si te llevo conmigo, debes de seguir algunas reglas. La primera: no menciones a Tess, jamás — después miró a Verónica — es más, reservémonos nuestras historias. La segunda: no hables con nadie de tu... condición.
Verónica asintió un poco, estando de acuerdo sobre todo con esa segunda regla.
—Si ven la mordida, no dudarán. Te dispararán — siguió hablando Joel — y la tercera: haz lo que diga cuando lo diga ¿está claro?
—Sí.
—Repítelo.
—Tú mandas.
Joel miró a Verónica y la señaló con la cabeza.
—Esa también va para ti.
—Sí, señor.
Joel soltó un suspiro molesto al escucharla hablar español.
—¿Y ahora? — preguntó Ellie.
—Tomamos lo que podamos.
Y así lo hicieron. Ropa, comida, agua y sobre todo armas era lo que estaban tomando. Verónica soltó una risilla al escuchar la emoción de Ellie por el agua caliente.
—Tomaré una ducha — habló la niña y comenzó a caminar a la puerta.
Ahora se encontraban en una especie de área de trabajo, en donde Joel estaba arreglando la batería de la camioneta que usarían.
Verónica comenzó a seguirla para hacer lo mismo.
—Y después tú tomas una ducha — le dijo Ellie a Joel, girándose a verlo — porque... en serio — después soltó un resoplido. Dándole más gracia a la mexicana.
—Tiene razón — bromeó Vero, dándole una sonrisa juguetona y salió por completo.
Joel frunció el ceño. El hombre notó su pequeño hoyuelo y no pudo evitar pensar que era tierno.
Había pasado ya una hora. Ellie y Vero ya estaban bañadas y limpias. La mexicana estaba usando una camisa de cuadros abierta y una blusa negra debajo, un conjunto que le había lanzado la niña.
Verónica ahora se encontraba ordenando un par de cosas en su mochila, dándole la espalda a Ellie, que estaba revisando algunos cajones. Escucharon unos pasos bajando las escaleras y Vero notó de reojo como Ellie se apresuraba a guardar algo en su mochila.