Muchas personas perdieron todo después del brote.
Verónica era una de ellas. Tuvo que sobrevivir, adaptarse y hacer lo que sea para mantenerse en una sola pieza.
Se sentía sola y sabía que no tenía nada que perder. O por lo menos eso pensó durante...
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—Es un poco aburrido — le susurró Ellie. Ya estaban en la gran sala de cine improvisada. Había mucha gente, sobre todos niños — ¿habías visto la película?
Vero negó.
—En mi perra vida.
Ellie se rio en silencio. Ya estaba entendiendo varias frases en español.
—¿Podemos irnos? — preguntó Ellie, todavía viendo la pantalla.
Vero soltó un suspiro.
—Estaba esperando a que lo pidieras — dijo la mexicana con una sonrisa y se levantó. Tomando de la mano a Ellie.
Ambas pasaron entre la gente hasta salir del lugar. El frío chocó contra sus rostros. Las luces daban un ambiente tranquilo. Vero miraba a Ellie sonreír por la decoración. Las luces que estaban en el árbol y en los faroles le daban un toque más aniñado a Ellie.
—¿Quieres ir a la casa? — preguntó Vero — podemos descansar un poco.
—¿Puedo quedarme un poco más aquí?
—¿Sola? — Ellie asintió — ¿Segura?
—Hemos estado juntas todo el tiempo, estar sola unos minutos no me hará daño.
Vero sonrió y le apretó los cachetes de manera juguetona. Ellie se apartó con una sonrisa.
—Si no estás en la casa en diez minutos saldré a buscarte.
—Sí, señora.
Vero dio un pequeño asentimiento y se comenzó a alejar. Al llegar a la casa se quitó el abrigo y subió directo a una de las tres habitaciones y se recostó en la cama.
Unos minutos más tarde, escuchó la puerta abrir y cerrarse. Unos pasos rápidos se escucharon por las escaleras.
—¿Todo bien, Ellie?
—Todo perfecto — contestó con un tono molesto.
Vero se levantó y se dirigió a la habitación de la niña. Ellie tomó una libreta y comenzó a leerla, parecía un diario.
—¿Tú no vas a dejarme, verdad?
Verónica frunció el ceño. Ellie se sentó en un lugar junto a la ventana.
—¿De qué hablas?
—Dime que tú no vas a irte — pidió sin verla, todavía con el diario en la mano. Vero se acercó y se sentó enfrente de ella.
—No voy a irme, estaré contigo — la niña la miró a los ojos. Estaban brillosos debido a las lágrimas — lo prometo.
Ellie la abrazó en silencio. Vero la apretó contra ella. Estaba confundida ¿a qué se debía esa inquietud suya? Acarició su cabello y al meció un poco.