Io se echó sobre las rodillas en el borde del muelle y buscó cualquier signo de movimiento en las ondas de la superficie del lago.
Jude hacía lo propio metido en el agua, temblando de frío. Las gafas oscuras habían abandonado su rostro, igual que su expresión siempre estoica, y ambas flotaban en la superficie, agitadas por sus brazadas frenéticas.
—No está... ¡No lo veo por ningún lado, Alex! ¡¿En qué parte se cayó?!
—¡Tal vez se golpeó en la cabeza... o algo! —chilló el muchacho.
—Maldita sea, ¡Alex...! —farfulló Nate.
El peso del pánico tiró de los hombros de Io, provocando que los brazos se le doblaran. Sus latidos altos amortiguaron el ruido de las voces y los chapoteos del agua. Sufrió frío y náuseas, y crispó los dedos en torno a la madera astillada de la orilla de la plataforma hasta que sus yemas se entumecieron.
Con manos nerviosas, Nathan se quitó las deportivas y se preparó para saltar detrás de Jude.
Fue en medio de todo el caos que Io captó algo por el rabillo de su ojo que arrebató por completo su atención de las aguas, como no podría haberlo hecho ninguna otra cosa.
Con el móvil en alto, Shawn continuaba grabándolo todo.
—¿Me estás jodiendo...? —jadeó Io, con un aliento tembloroso.
Se puso en pie con un tambaleo y, dominado por la ira, se arrojó contra Shawn en un impulso que los hubiera arrojado a los dos fuera del muelle, si Alex no los hubieses atajado en la orilla.
—¡¿Por qué sigues grabando?! —Io lo zarandeó por las ropas—. ¡¿Esto te parece gracioso, idiota?!
—¡Aguarden! ¡Nate! —gritó Alex, en lo que intentaba separarlos.
Nathan se debatió entre unirse a Jude en búsqueda de su amigo, o de unirse al otro para ayudarlo a romper la pelea entre los más jóvenes.
—¡Tranquilo, bro! —jadeó Shawn, con el móvil en la cara de Io.
Él estuvo a punto de tirárselo de un manotazo cuando los brazos de Nathan lo aferraron por los costados y lo levantaron en vilo por los aires. Io se debatió entre ellos, sin poder articular palabra.
«¿Por qué demonios me detienes? ¡Salta al agua y busca a Cade...!»
Con sus feroces luchas, consiguió soltarse de los brazos de Nathan, algo que jamás hubiese creído posible, y trastabilló por el muelle. Creyó que caería al lago y cerró los ojos.
Pero entonces se chocó con otro cuerpo. Una humedad fría se traspasó por su ropa, mojándole el pecho y los brazos, haciéndolo temblar, y dos manos heladas se afianzaron a sus hombros.
—¡Io!
El sonido de la voz que pronunció su nombre lo paralizó y la sangre que hervía en sus venas se enfrió de golpe.
Las manos en sus hombros se trasladaron a su rostro, e Io tembló y abrió los ojos.
Cade tenía en los labios el amago de una sonrisa a medio borrar por la impresión del caos. Empapado de pies a cabeza, el agua escurrió desde su cabello mojado, directo a gotear sobre las mejillas ardientes de Io, sofocando su rabia, pero dejando en su lugar una humareda confusa.
Todo había quedado en silencio de pronto.
Io comprendió que no podía haberse soltado de Nathan si algo no lo hubiese sorprendido tanto como para hacer languidecer sus fuerzas, y allí estaba la razón. Por su parte, Alex se mordía los labios, con las mejillas hinchadas al contener una risa que hacía por emerger, sacudiendo su pecho.
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Bajo los Sauces
Ficção GeralA la sombra de los sauces florece una inusual amistad. Tras conocerse en circunstancias inusuales, Cade, un muchacho solitario, emprende una odisea personal para rescatar al temperamental Io del triste mundo de su padre alcohólico y su problemático...
