MongYul comenzó a visitarme dos veces por semana, luego tres. Cuando él venía, mi trabajo en el bar como mesero se relegaba a un segundo lugar por lo que siempre era generoso con el dinero que pagaba por mi tiempo. Me vi más desahogado en ese sentido: las ventajas de tener un amante rico. Hyung Lee nunca tomó un centavo para el negocio o para él. En pocos meses tenía lista mi matrícula para continuar estudios.
Sin embargo, MongYul empezó a necesitar mucho más que varias horas conmigo los fines de semana. Se nos hizo estrecho e incómodo el cuarto de los bailes privados donde solo nos atrevíamos con besos y masturbaciones mutuas pero nunca más allá. Estaba clarísimo que deseábamos dar el siguiente paso.
Busqué consejo en la única persona que era mi amparo en ese momento. Hyung Lee me dijo que lo pensara despacio, fuera del alcance de sus ojos yo estaría solo y por mi cuenta. En otras palabras: tardaría más de dos segundos en llegar a mí.
Ah, pero cuando mi hyung MongYul no soportó más tenerme lejos en otra ciudad y me propuso mudarme a un sitio propio e independiente más cercano a él, no lo dudé. Ni por un minuto lo dudé. Confiaba en mi amante, sí, ya confiaba en él con todo mi corazón.
La escuela en la ciudad grande nos vino como anillo al dedo: matar dos pájaros de un solo tiro. Él alquiló para mí un minúsculo pisito a tres cuadra del instituto y yo encontré trabajo de medio tiempo en una cafetería cercana. Contrario a lo que todos piensan cuando alguien tiene un amante rico, yo quise ganar mi propio dinero y MongYul se sintió orgulloso de mí. Si bien él corría con la mayoría de gastos pesados, yo pagaba mis cosas personales.
Comencé a tener una especie de doble vida: fuera de casa era un chico gay que estudiaba y trabajaba, dentro era una chica hacendosa con un novio muy atento al que esperaba con ansias. Era una vida tranquila que le dio un ritmo diferente a mi cotidianidad. Experimenté el amor de la forma más sana que puedas imaginar. Juntos fuimos averiguando nuestros gustos y nuestros límites, cada caricia y cada gemido y cada orgasmo fue un ladrillito que cimentó nuestra relación.
Y un año y medio después, mirando el horizonte a través de mi ventana, descubrí que no había un solo aspecto de mi vida donde él no estuviera presente. Me había enamorado.
De igual forma, MongYul se fue apegando a mí más y más. A medida que pasábamos tiempo juntos y lo nuestro se fortaleció, él comenzó a preocuparse por mi futuro también. MongYul tenía los pies siempre en el hoy pero la mirada en el mañana: ese era su punto fuerte.
Él me enseñó a tener luz larga y ver mis acciones de hoy como la realidad del mañana desde su experiencia adulta: qué iba a hacer después de la escuela, qué quería aprender como oficio, cuál era mi talento, dónde iba a estar parado en diez años.
Yo le di la frescura y la energía de mis veinte años: lo saqué fuera de su zona de confort, le devolví la sonrisa y el disfrute olvidados, reviví su vida sexual completamente apagada y le amé con un corazón limpio de vicios y egoísmos.
Entonces, llegó mi cumpleaños veintiuno. No era cualquier celebración. Aunque a los dieciocho legalmente eres adulto no es hasta los veintiuno que te consideran como tal en la mayoría de los aspectos cotidianos.
Mi hyung MongYul quería hacer una gran celebración y cubrirme de regalos, montones de ellos. Yo quería que pasáramos tiempo juntos e invitar a hyung Lee a cenar en un lugar bonito y comprar una tarta de chocolate. Nada que ver nuestros puntos de vista. No obstante, íbamos a llegar a un punto medio, siempre lo hacíamos.
Una semana antes de mi cumpleaños, llegué a casa más temprano y él ya estaba allí, hablaba por teléfono y parecía disgustado. Me extrañó.
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Mi pareja, mi destino.
FanfictionSiwon persiguió el rastro, efímero, escurridizo, que hacía correr su sangre y latir su corazón con más fuerza. Eso era lo único que tenía y se aferraría. Siwon lo encontró, sus esfuerzos tuvieron recompensa al final... pero se llevó una sorpresa. "E...
