Tenía diez años cuando comprendí que no me gustaban las chicas para darme besitos detrás del comedor escolar como a mis compañeros. No me gustaban sencillamente porque yo, en mi interior, también me sentía como una chica; al menos, así lo deseaba.
Yo miraba mis manos y se me hacían elegantes al imaginarme mis uñas largas y con manicura, miraba mis piernas y las veía torneadas y finas con hermosos zapatos de tacón, pasaba las manos por mi cabello y sentía las ondas revolotear entre mis dedos, observaba los huesos de mis clavículas y se me antojaban perfectos para lucir una joya delicada y un escote.
Así me he visto a mí mismo por años cuando cierro los ojos y dibujo en mi mente al Heechul que vive dentro de mi. Y se ve tan hermoso, tan sexy, tan deseable... Te sonará a pura vanidad pero yo sé que soy hermosa.
En esa temprana edad era como un juego, como cuando se imita a un doctor o a un maestro y se proyecta lo que uno quiere ser en el futuro. Sin embargo, el Heechul de diez años era muy inocente y no entendía cómo de perverso es el mundo cuando no se siguen ciertas normas o reglas pre establecidas por la sociedad.
Cuando tenía doce años mi madre se volvió a casar. Me sentí feliz por ella, de veras que si.
Mi padrastro trajo a escena una medio hermana tres años mayor que yo y se completó el cuadro familiar. Pero la felicidad duró poco. Comencé a sentirme apartado, menos querido o tomado en cuenta. Me dije a mí mismo que era solo porque mi madre quería construir una buena relación con su nueva "hija". Me acusé de celoso y traté de no darle importancia.
Y cada día el abismo se fue haciendo más grande... No sé por qué los momentos felices de mi vida siempre son augurios de grandes tristezas.
Mi padrastro hacía todo lo posible para que mi madre solo les prestara atención a ellos, como si yo me hubiera vuelto invisible y me espiaba con cara malhumorada desde la distancia como un dragón que amenazaba destruir todo mi mundo. Lo vi claro: yo era un estorbo en "su" nueva familia.
Desde ese momento, todo fueron críticas: que sí mis notas eran bajas y eso demostraba que no me esforzaba, que sí no debía salir de casa a pasear con los amigos sino quedarme encerrado estudiando, que si debía ir pensando en trabajar ya que no obtendría una beca y sería una carga, que si mi aspecto desaliñado le hacía pasar vergüenzas frente a los demás y no sé cuántas estupideces más.
Era una larga lista que no parecía tener fin.
Sus argumentos no me dolían ni siquiera me humillaban, pero si me hirieron cuando mi madre comenzó a hacerse eco de sus podridas palabras y a repetirlas como un cántico religioso. Se me marchitó el corazón. La casa se me hizo pequeña; la vida, muy difícil.
Así pasaron dos largos años. Cada día más terrible que el anterior, aprendí a vivir en completa soledad aún estando acompañado. Ya ni siquiera me llamaban a la mesa para cenar en familia: cada noche encontraba mi comida en un plato desechable dentro del microondas mientras mis padres disfrutaban del show del momento en la tv y mi hermanastra se zambullía en su teléfono celular.
Ese año ella se graduó. Mi hermanastra no sobresalía en nada, tenía un carácter bastante pusilánime, sus notas no eran mejores que las mías ni había posibilidades futuras de ganar alguna beca de estudios superiores pero aún así mis padres convirtieron el hecho en un gran acontecimiento. Gastaron todos sus ahorros.
Un día llegaron a casa con muchas cajas hermosas y otros envoltorios. Habían recorrido varias tiendas de la ciudad en busca del vestido perfecto, para la noche perfecta, para la fiesta perfecta. Mi hermanastra, que no le interesaba para nada la celebración escolar pues no tenía amigos allí, no se decidía por ninguno en particular y ellos los trajeron todos para que se los probara con calma y escogiera uno.
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Mi pareja, mi destino.
FanfictionSiwon persiguió el rastro, efímero, escurridizo, que hacía correr su sangre y latir su corazón con más fuerza. Eso era lo único que tenía y se aferraría. Siwon lo encontró, sus esfuerzos tuvieron recompensa al final... pero se llevó una sorpresa. "E...
