Capítulo 35

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Junio 4 Sábado

Lucy despertó temprano la mañana siguiente. La Capitán había acondicionado una habitación para ella desde hacía mucho tiempo, (para los días que no pudiera llegar a dormir) la noche anterior fue una de ellas. La joven aún no estaba segura de que si Olivia había llegado a dormir. Antes de acostar a Noah, había recibido indicaciones de preparar el desayuno al día siguiente y de preparar al pequeño Noah, pues era el día del torneo. Se metió a la cocina y buscó lo necesario para un rico y nutritivo desayuno. Caminó rumbo a la sala con la intención de abrir las ventanas, cómo cada mañana. Dió unos pasos cerca al sofá y casi grita de asombro al ver a un par de tortolitos abrazados totalmente dormidos. Le causó ternura, hacía mucho tiempo que no veía a Olivia tan feliz y radiante, el efecto Stabler al parecer.

-¿Lucy, ya llegó mi mamá? - dijo el pequeño de cabello rizado desde la cocina. Vestía su pijama de cuadros rojos y azules, abrazaba a Cooper.

-Shhh - Lucy dió un brinco de asombro - Noah... Ven - murmuró - no hagas ruido.

El pequeño frunció el ceño y caminó hasta ella, con sigilo, y, en silencio, dejó que Lucy le enseñara eso que la tenía tan concentrada. El rostro del niño se iluminó al ver tal escena.

-Ven, dejémoslos dormir un poco más - Lucy tomó la mano del niño.

-Deja que me quede un poco más por favor - suplicó - prometo que no haré ruido - dijo muy bajito.

-Bien. Voy a hacer el desayuno - besó sus rizos.

Noah se recostó en el espaldar del sofá y siguió observandolos por un largo rato. De pronto, notó que Elliot despertaba, se acurrucó rápidamente y volvió a observar. Elliot solo pudo ver cómo unos rizos se asomaban, sonrió cuando se topo con los ojos del niño y volvió a desaparecer y a reaparecer.

-Buenos días - le susurró al niño.

-Buenos días, papá - respondió muy bajito.

Se sonrieron.

-Oye... Liv - le acaricia la espalda frontandola con la mano bien abierta. Intentaba despertar a su Capitana.

-¿Mmm? - se movió un poquito.

-Hermosa... Ya amaneció, despierta.

-¡Huh! - balbuceaba.

-Vamos, arriba. Ya salió el sol.

-Que mala suerte.

-¿Quieres despertar ya?

-No - se negó.

-Liv...

-Cinco minutos más, por favor baby - se acurrucó en su pecho - hace semanas que no dormía tan bien... - exhaló - Sólo cinco minutos.

-Cariño, hay unos ojitos muy curiosos observando - le guiñó un ojo al niño - Oye...

-¿Mmm? - bostezó. Abrió uno de sus ojos arrugando la nariz, recorrió lo que alcanzó a ver manteniendo el otro ojo cerrado - Elliot, no estamos en la habitación, ¿Cierto?

-Nop.

-¿Seguimos en la sala?

-Yep.

-¿En el sofá?

-Así es - besó su frente.

-Dimmi che siamo vestiti, per favore (dime que estamos vestidos, por favor) - le susurró en italiano para que solo él entendiera.

-Hasta los pies, mio caro (mi querida).

-Buenos días, mami dormilona - se inclinó y besó su mejilla.

La Octava CartaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora