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Capítulo 26

—¿Os estáis peleando mi madre y tú? –le pregunta Abbie el día antes de Acción de Gracias, de pie en el taburete de la cocina de Vanesa.

Intentan seguir la receta de Mónica para hacer una tarta de manzana, pero ninguna de las dos tiene especial talento para la repostería. Vanesa sabe que su madre y sus otros parientes les proporcionarán al menos otras dos tartas, así que no está preocupada; Abbie se está divirtiendo y eso es lo único que importa.

—¿Qué? No. ¿Por qué pensarías eso? –Se gira para mirar incrédula a Abbie.

Abbie se encoge de hombros, sus pequeñas manos enterradas en la masa de tarta que están intentando hacer mientras mira fijamente a Vanesa con sus brillantes ojos azules.

—Porque ya no os tocáis como antes. Y a veces tampoco os decís las cosas con normalidad. Sólo... miráis.

Parece a la vez indignada y desconcertada y Vanesa se queda mirando durante un largo momento, porque no tenía ni idea de lo mucho que Abbie se había fijado entre ella y Mónica. Tiene que contener la risa ridícula que quiere burbujear en su garganta.

—Y ella estaba sacudiendo la cabeza esta mañana antes de la escuela y diciendo "Vanesa". Y eso me hace a mí, a veces, cuando me regaña. –Abbie añade.

Y ahora tiene que contener la risa. Se imagina que fue después de enviar un mensaje de texto a Mónica para confirmar que recogería a Abbie de su media jornada de hoy, deslizando a propósito una broma sobre no estar segura de siquiera estar despierta para entonces, dado lo tarde que alguien la había mantenido despierta la noche anterior, ya que habían visto juntos una película antes de acostarse. Los ojos de Abbie se entrecierran ante su expresión.

—¡Si estás peleando, tienes que solucionarlo! Tienes que hacerlo. –parece la viva imagen de la seriedad y su expresión es suficiente para aguar la risa de Vanesa.

Ella entiende que Mónica no quiera decirle a Abbie, lo entiende. Y en última instancia, Abbie es la hija de Mónica, así que es la elección de ella. Pero, maldición, un malentendido como este sería mucho más fácil de manejar si ella pudiera decírselo.

Lo único que hace es sacudir la cabeza, sin dejar de sonreír, porque Abbie, con su expresión indignada, el pelo recogido en trenzas que seguro que parecían impecables cuando Mónica se las hizo por la mañana pero que ahora están desordenadas, con las manos cubiertas de masa de tarta, es una imagen adorable.

—No estamos peleando. Lo prometo.

Abbie exhala un suspiro. "Okyyy", dice. Y vuelve a la masa mientras Vanesa sigue cortando las manzanas.

Cuando empiezan a extender la masa de la tarta en la encimera, haciendo un trabajo realmente mediocre si Vanesa lo dice, Abbie anuncia:


—Norah cree que su padre debería salir con mi madre.

Vanesa se congela. ¿Otra vez? Antonio no ha mencionado nada sobre Mónica desde el Día del Padre y Mónica -que lo ve con bastante regularidad desde que Norah y Abbie se han convertido en mejores amigas- no ha vuelto a mencionar nada.

—¿Y qué piensas de eso? –Zona de peligro, le dice su mente, con la cautela escrita en todo su tono.

Abbie arruga la nariz.

—Sin ofender a tu hermano y creo que sería divertido ser hermanas con Norah. Pero no.

—¿No estás preparada para que tu madre salga con alguien? Está bien si así es como te sientes. –Con mucho cuidado, Vanesa reanuda su trabajo con el rodillo.

Cuando menos te lo esperasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora