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Capítulo 6

No tenía la intención de que fuera algo habitual, ella saliendo con Abbie mientras Mónica está en el trabajo. Simplemente ocurre.

Todo empieza así: Vanesa está tumbada en el sofá, con la cabeza apoyada en el cojín del respaldo mientras piensa si tiene ganas de prepararse la cena, cuando suena el teléfono.

Se sorprende gratamente al ver que aparece el nombre de Mónica. Inmediatamente después, cuando contesta, se preocupa de que haya ocurrido algo relacionado con su caso. No han hablado mucho en los últimos dos días, desde que Abbie había pasado la noche.

—¿Mónica? ¿Va todo bien?

—Lo siento. Siento mucho preguntar. –el tono angustiado en la voz de Mónica es aún más alarmante de lo que Vanesa había pensado que sería, y tiene el estómago de Vanesa apretando mientras se sienta a la atención.

—¿Carol, mi amiga? ¿Quién cuida a Abbie por mí? Ella, Dios, no sé cómo sucedió, pero se lastimó la pierna, y tengo que llevarla al hospital, pero yo... –se detiene, murmurando algo que Vanesa no puede entender, incluso cuando puede oír movimientos frenéticos al otro lado de la línea.

Y aunque no son buenas noticias, siente que todo en su interior se relaja un poco porque... ¡uf! No ha surgido nada en su caso y no hay muertos ni heridos graves.


—Es que no quiero que Abbie espere tanto tiempo en el hospital. –Mónica hace una pausa antes de murmurar para sí misma. —¿Qué estoy haciendo? –se aclara la garganta. —En realidad, no importa. Puedo intentarlo con Diego otra vez. Siento haberte molestado esta noche.

—No me molestas, yo puedo hacerlo.

Vanesa ya se ha levantado del sofá. Supone que, después de todo, cocinará esta noche. Resulta que tener una canguro con una pierna rota no es la situación ideal. Mónica trabaja en doble turno los lunes y los miércoles, y algún sábado si Abbie tiene otros planes.

 

—¿Qué demonios voy a hacer? –se pregunta Mónica mientras da vueltas por la sala de estar de Vanesa, con el pelo hecho un desastre por la cantidad de veces que se ha pasado las manos por él. Es casi medianoche, y apenas ha podido venir a recoger a Abbie después de haber ayudado a Carol a volver a casa, con escayola y todo. —Carol ya va a estar luchando con su pierna, no puedo añadir a su plato con Abbie dos o tres días a la semana. No puedo tenerla sentada en la cafetería durante horas. Podría renunciar a mis horas extras, pero entonces... –ella gime, el sonido corto y silencioso cargado de estrés y preocupación.

—Da la casualidad –le dice a Mónica, poniéndose de pie para poder estar frente a ella y hacer que detenga ese ritmo. —Que tengo esas tardes libres.

Mónica la mira indescifrable antes de sacudir la cabeza.

—No, no puedo pedirte que hagas eso.

—Me ofrecí. Y en realidad me estarías haciendo un favor.

Le lanza una mirada tan incrédula que Vanesa no tiene más remedio que echarse a reír, mientras Mónica le contesta.

—Claro. Estoy segura de que no tienes nada mejor que hacer que vigilar a mi hija de nueve años.

—Yo... no, realmente. –casi le da vergüenza admitirlo.

—Me cuesta creerlo. –Mónica tuerce los dedos, su estrés es palpable. Vanesa odia ese estrés sobre sus hombros, de verdad. Mónica es una buena persona y no merece vivir así.

Cuando menos te lo esperasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora