<Chapter 6>

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Los párpados de Ela se alzaron con lentitud, revelando unos ojos que aún navegaban perdidos. Su mirada se posó en Natha, escrutándola con una indecisión palpable. Las tres varitas que yacían ante ella irradiaban un aura singular, cada una susurrando promesas de poder y afinidad, pero Ela se sentía incapaz de escoger cuál captaba más profundamente con su esencia.

—No estoy segura, Natha —confesó con un tono dubitativo—. Todas estas varitas parecen tener cualidades que las hacen únicas a su manera.

Natha asintió con comprensión, sus ojos reflejando una sabiduría curtida en años de trato con la magia.

—Es natural que la elección te resulte ardua, querida Ela. La varita verdaderamente perfecta es aquella que establece un vínculo contigo, que te elige a tí como su dueña. No te precipites, permítete el tiempo necesario para decidir.

Ela acogió sus palabras con un asentimiento y prosiguió su examen minucioso de cada una de las varitas. Su atención se centró en las sutiles vibraciones, en las tenues sensaciones que emanaban de cada pieza de madera. De repente, una punzada de energía, casi tangible, pareció irradiar desde una de las estanterías, capturando su interés de inmediato.

—Creo... creo que he encontrado la varita adecuada.

Una sonrisa de satisfacción iluminó el rostro de Natha. Con un movimiento fluido, se acercó al estante señalado por Ela, tomó una caja de madera oscura y la depositó con delicadeza sobre la mesa. Al levantar la tapa, reveló una varita de tonalidad ébano, recostada sobre un lecho de terciopelo púrpura. Su diseño era intrincado, semejante a una maraña de lazos entrelazados, adornada con un par de estrellas de plata incrustadas en la empuñadura.

—Esa es una varita de sauce —explicó Natha con voz pausada—. Su madera posee una flexibilidad excepcional, una notable capacidad de adaptación y una resistencia encomiable. Tradicionalmente, se asocia con magos que exhiben lealtad inquebrantable, un instinto protector, una profunda empatía, una intuición aguda y una astucia perspicaz... Estoy convencida de que destacarás especialmente en encantamientos y transformaciones. En ciertas culturas ancestrales, el sauce se vincula con la luna, la feminidad y la sabiduría interior. También se le considera un emblema de renacimiento y esperanza, dada la asombrosa vitalidad de este árbol, capaz de retoñar incluso después de haber sido severamente dañado.

Ela extendió la mano con cautela y tomó la varita de sauce. Al instante, una oleada de familiaridad la recorrió, una conexión visceral como si el objeto hubiera sido siempre una extensión de su propia alma.

—Su núcleo está compuesto por pelo de unicornio —añadió Natha con un tono significativo—. Esto implica que su portador debe albergar un corazón puro y actuar con valentía inquebrantable.

—Es la indicada —afirmó Ela con una certeza recién descubierta que incluso la sorprendió.

Jeker, que había permanecido en un discreto segundo plano, esbozó una sonrisa y entregó a Natha una pequeña bolsa de cuero. Con manos expertas, la anciana envolvió la varita en un paño suave y se la ofreció a Ela dentro de la bolsa.

—Pasarás a la historia, jovencita, te lo aseguro —le dijo Natha, guiñándole un ojo con complicidad. Ela respondió con una sonrisa radiante.

—Gracias, Natha...

Abandonaron la acogedora penumbra de la tienda y se adentraron en el bullicio de las calles.

—Léeme la lista de todos los enseres que aún tenemos que adquirir —solicitó Jeker.

—Una varita, un libro de texto sobre la teoría e historia de la magia, una túnica de corte sencillo para los días anteriores a la asignación de casas, un grimorio de hechizos elementales, los ingredientes fundamentales para la elaboración de pociones básicas, un surtido de velas y piedras con propiedades mágicas, un libro sobre etología animal y comunicación no verbal, un libro del comportamiento animal y la creación de vínculos interespecie, un libro de runas arcanas, un caldero de peltre y un manual de técnicas de esgrima mágica, además de un herbario exhaustivo.

—No todos estos artículos podremos encontrarlos en Blusglus.

—¿Casas? —inquirió Ela, frunciendo el ceño ante la palabra desconocida.

—Uff... —Jeker se masajeó las sienes con gesto cansado—. Te lo explicaré con detenimiento cuando estemos en casa, de veras, es una explicación extensa y algo compleja.

—Perdón por tantas preguntas.

—No te disculpes, Ela. Todo este mundo es completamente nuevo para ti, es natural que la curiosidad te embargue.

☆☆☆

Tras una jornada exhaustiva dedicada a las compras, Jeker y Ela finalmente arribaron a la imponente casa Black. Para ser sinceros, la actividad predilecta de Ela había sido la adquisición de una considerable cantidad de vestimentas nuevas; la carencia previa de cualquier prenda decente,de su gusto,era una excusa inmejorable para esas compras.

—¡Aún restan una infinidad de tareas por hacer! —exclamó Jeker, dejando caer las pesadas bolsas al suelo—. En cuanto a usted, señorita, solo falta ocuparse de la adquisición de su animal de compañía —y sin más preámbulos, se alejó.

—¿Animal de compañía?

—¡Ni una sola pregunta más por ahora, por favor! Busque a otro Pigrett si ansía respuestas inmediatas.

Ela observó cómo Jeker se marchaba y ascendió las escaleras hacia la habitación que le había sido asignada. Se sentó en el borde de la cama, sintiendo que aquel espacio aún carecía de la calidez del hogar. Un leve ruido la sobresaltó; la puerta se entreabrió, revelando la figura tímida de Ploki.

—¿Ploki?

—Ela Black... —El pequeño ser se acercó a ella con movimientos vacilantes, sosteniendo un peine entre sus diminutas manos—. ¿Permitiría a Ploki acicalar su cabello...?

—Claro —respondió Ela con amabilidad. El Pigrett se sentó con delicadeza tras ella en la cama y comenzó a deslizar el peine a través de sus mechones—. ¿Sabes algo sobre la escuela a la que asistiré?

Ploki asintió con presteza.

—Jeker mencionó que aún debía conseguir un animal de compañía, pero no tenía tiempo para ofrecerme más detalles.

—Para sus clases en Bleaxorths, puede elegir llevar consigo una criatura mágica. Las opciones más comunes son los elementales: seres diminutos que encarnan los elementos primordiales del fuego, la tierra, el aire y el agua...—Tuvo un escalofrío,acompañado de un leve suspiro.—Los simbiontes: entidades formadas por piedras imbuidas de magia, también de tamaño reducido; los luminipax: aves nocturnas cuyas alas mágicas cambian de tonalidad según sus emociones y cuyo canto celestial tiene la capacidad de apaciguar cualquier espíritu; y...—Un par de tics le hizo apartar sus manitas de Ela para evitar hacerle daño hasta relajarse.—Las quimeras de las nieves: felinos de pelaje níveo cuyo rastro deja una estela de escarcha y cuyo aliento puede congelar objetos.

—No sabría cuál elegir...

—Los simbiontes suelen ser la elección más frecuente debido a su menor costo. Los elementales son difíciles de encontrar, pero poseen una utilidad considerable. El luminipax carece de aplicaciones prácticas, y a Ploki le infunden temor las aves... La quimera de las nieves es una criatura de gran belleza y suavidad... A Ploki le gustan las cosas suavecitaaas y tiene la peculiar habilidad de congelar cosas.

—No sé si decantarme por una quimera o por un elemental...

Ploki, mientras tanto, había comenzado a trenzar con esmero los cabellos de Ela.

—También mencionó algo acerca de las casas...

—Las casas son un sistema para la clasificación de los alumnos,para dividirlos ya que hay muchos en cada curso... Ya le informarán debidamente una vez que llegue a Bleaxorths...—Volvió a suspirar,esta vez,con calma.

BlackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora