<Chapter 10>

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A la mañana siguiente, Ela despertó sola. Cassie, su compañera, había salido temprano para ayudar al profesor Friglid con una nueva y emocionante adquisición: un huevo de fénix negro, una rareza digna de admiración. Pero la tranquilidad duró poco. A las nueve en punto, un leve toque en su mejilla la sobresaltó. Abrió los ojos y vio a Damian de pie junto a su cama, un halo de sombra lo envolvía.

—¿Q-qué...? —balbuceó Ela.

—Soy un vampiro, Ela —dijo Damián con voz grave—. Puedo teletransportarme. Y sé que la señorita Sinclair no está. —La agarró del brazo con una fuerza sorprendente y la puso de pie—. Vístete y ven.

Ela se vistió a toda prisa con unos vaqueros y una sudadera, recogiéndose el pelo en una media coleta. Damian ya estaba en el pasillo, caminando a una velocidad que ella no podía igualar.

—No puedes estar sola —dijo sin mirarla.

—¿Por qué?

—Tu padre sabe que te hemos encontrado y que estás aquí.

—¿No estaba preso?

—Y sigue preso. Voy a buscar a alguien que te enseñe el castillo. —Damian se detuvo al ver a dos chicos—. ¡Eh, Mattheo!

—No soy Mattheo —respondió el chico de la camiseta roja.

—No me importa —espetó el director, visiblemente cansado—. Estoy harto de vosotros dos. Enseñadle el castillo a Ela. —Y sin decir más, siguió su camino.

Los chicos, dos gemelos idénticos, tenían el cabello rojo como el fuego y los ojos castaños. Ambos eran altos, de complexión delgada, con narices ligeramente grandes y una pequeña joroba nasal. Uno vestía de rojo y el otro de azul,exactamente la misma ropa en distinto color.

—Somos Theo —dijeron al unísono, colocándose uno a cada lado de Ela con una sonrisa pícara.

—¿Los dos? No podéis llamaros igual.

—Qué aburrida —dijo el de azul.

—Yo soy Mattheo y él es Theodore. Somos Theo. ¿Y tú, niña extraña?

—No soy ninguna niña. Me llamo Ela Black.

—¿Hija de Salvatore Black? —preguntaron al unísono inclinando su metro noventa y siete hacia ella.

—Sí...

—Interesante, niña Black.—Volvieron a ponerse rectos.

—No soy... —Mattheo la agarró de la muñeca y Theodore la empujó suavemente por la espalda, obligándola a moverse

—¡Somos unos elementales!

—¿Elementales?

—¿Acaso no sabes nada sobre nada? —Rieron, deteniéndose.

Mattheo estiró la palma de su mano derecha, y Theodore, la izquierda. Ante los ojos de Ela, una pequeña y vibrante llama de fuego brotó del centro de cada una, danzando en el aire con una luz anaranjada. Bajaron las manos y, con un gesto fluido, Mattheo levantó la izquierda y Theodore la derecha. En ese instante, dos esferas de agua cristalina emergieron, flotando ingrávidas entre sus dedos. Ela los miró con los ojos muy abiertos, completamente asombrada por la magia que había presenciado.

—Wow...

—Exacto. Por eso jugamos como Maestros Elementales en Zephyr.

—¿Qué es eso?

—Tenemos mucho que explicarte... —suspiraron y reanudaron la marcha.

—El bosque y el lago son lugares prohibidos, salvo para nosotros... y para tí, si te portas bien. Podríamos adoptarte... Te reirías mucho de nuestras bromas.

—No lo creo.

—¿Quieres? —Mattheo le ofreció un pequeño caramelo azul en la palma de su mano.

Ela dudó. Había algo en la sonrisa de los gemelos que le hacía pensar que aquel dulce no era del todo lo que parecía.

—No sé si debería fiarme... —murmuró.

Sin embargo, su curiosidad pudo más que su cautela. Tomó el caramelo, un diminuto óvalo pulido que parecía una joya, y se lo metió en la boca. Un sabor intenso a arándanos la invadió, un estallido dulce y refrescante que la hizo cerrar los ojos de placer.

—Sopla —dijo Theo.

Ela obedeció, exhalando una bocanada de aire. Al instante, un torbellino de burbujas de colores salió de sus labios, flotando en el aire y reventando con suaves pops, como minúsculos fuegos artificiales.

—¡Es genial! —exclamó, riendo a carcajadas.

Las burbujas le rozaron la cara, haciéndole cosquillas, y por un momento, se olvidó de las preocupaciones.

—Te dijimos que somos geniales. Ahora, para que te ubiques, las aulas de Pociones, Runas silvestres y Defensa están en las mazmorras. Esgrima arcana, Artesanía de artefactos y Fundamentos de la magia en las plantas del medio, y en las torres se encuentran Alquimia astral, Encantamientos y transformaciones y Confluencias elementales. Comunicación animal, Vuelo y Herbología se dan al aire libre.

—Entendido...

—El Zephyr es el deporte mágico por excelencia —continuó Mattheo—. Se juega en una caverna de goblins con una roca encantada llamada Gema de Fuego. Los equipos tienen diez jugadores: Lanzador, Bateador, Fildeadores, Maestros Elementales y Curandero.

—El campo de juego está lleno de estalagmitas y estalactitas —explicó Theodore—. El juego se divide en dos mitades. El objetivo del Bateador es llegar al Trono de Llamas y anotar una carrera. Si un Maestro Elemental atrapa la Gema de Fuego, ese equipo gana.

—¡Fin de la visita exprés! —Mattheo aplaudió—. Vente a la sala común.

—No la he visto nunca.

—¿Ni para llegar a tu habitación?

—Comparto habitación con Cassie.

—¿La loca?

—¿Qué loca?

—Es una loca —se rieron los dos—. No tiene amigos porque habla de seres raros.—Mathheo imitó una pose monstruosa y tocó de golpe la espalda de Ela para asustarla,hablando en tono tétrico.

—Y se pasa la vida cuidando plantas y animalitos.—Se burló Theo.

—¡Es amable!

—Vale, vale, estrellita, no te nos enfades —Mattheo puso los ojos en blanco—. Corre, la sala común te va a encantar.

—¿Estrellita...?

—¿No es eso lo que echaste al caldero?—Sonrió Mattheo pícaramente.

Los gemelos echaron a correr, y Ela los siguió,todavía confusa,pero riendo por los pasillos.

—¡Atrápanos si puedes!

Llegaron a la entrada de la sala común. Ela chocó contra la espalda de Mattheo,aún riendo. Los gemelos metieron sus varitas en la cerradura, y la gran puerta azul con el dibujo de un tigre, el animal de la casa Eunoia, se abrió lentamente.

BlackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora