Capítulo 8

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Desde la noche anterior, me encontraba confinada en la pequeña habitación que me rodeaba, atrapada en un torbellino de incertidumbre. La noticia de que los Duarte habían descubierto mi verdadera identidad como la hija de Martin Castillo había desencadenado una cadena de eventos que amenazaban con consumirme. Cada sombra parecía albergar una amenaza potencial, y cada susurro era como un eco ominoso que resonaba en los rincones más oscuros de mi mente.

Respiré profundamente mientras me levantaba, preparándome para enfrentar lo que sea que estuviera por venir. Mis manos temblaban ligeramente, pero mi determinación ardía con una llama feroz en mi interior. Sabía que no podía quedarme escondida para siempre, que tarde o temprano tendría que salir y enfrentar mi destino.

Al salir de la habitación, me encontré con la majestuosa mansión envuelta en un silencio sepulcral. No podía permitir que el miedo me paralizara. Con paso decidido, me aventuré por los pasillos vacíos, buscando una salida, una esperanza de escape.

Camine hacia al jardín en busca de un respiro de aire fresco, mi refugio seguro en medio del caos. Los delicados pétalos de las flores bailaban con la suave brisa, mientras las sombras se alargaban en el suelo como tentáculos oscuros que amenazaban con envolverme.

Mientras avanzaba, mis ojos se posaron en una mesa exquisitamente decorada en el centro del jardín, creando una atmósfera de cena íntima. La visión era tan inesperada y surrealista que mi curiosidad me impulsó a acercarme, pero una sensación inquietante me hizo detenerme en seco.

Antes de decidirme a retroceder, sentí una presencia detrás de mí, como si alguien estuviera observándome. Un escalofrío recorrió mi columna y mi corazón me latía con fuerza me giré lentamente, solo para encontrarme con un hombre con una máscara de conejo. Mi respiración se detuvo mientras él se quitaba la máscara, revelando su identidad.

—Hola de nuevo —dijo, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

Era el supuesto jardinero.

—Sabía que vendrías—respondió

— ¿Qué es lo que quieres?—respondí con enojo

—Antes de hablar, ¿te parece si nos sentamos?

El hombre me condujo hacia la mesa, moviendo una silla para que me sentara justo a su lado, como si hubiera estado esperando mi llegada. Había una tercera silla que permanecía vacía, como si estuviera aguardando la llegada de otra persona. Una sensación de inquietud se apoderó de mí mientras me acomodaba en mi asiento. El silencio del hombre era más elocuente que cualquier palabra que pudiera pronunciar, y sentí cómo su mirada intentaba penetrar en mis pensamientos, como si buscara descifrar los secretos más profundos de mi ser. Sin embargo, me mantuve firme, resuelta a no revelar ni un rastro de mi alma ante este extraño y misterioso individuo. Aunque su presencia me llenaba de una incomodidad palpable, no permitiría que su aura intimidante me hiciera flaquear.

—Ya estamos sentados. Ahora dime, ¿qué es lo que quieres?

—¡Qué ansiosa amaneciste hoy! Todavía falta una persona más en este juego —respondió

Las cosas comenzaron a intensificarse cuando escuché otra voz, proveniente de las sombras detrás de mí. El tono de la voz era suave, pero tenía un matiz que hizo que la inquietud creciera dentro de mí.

—hola Laura—dijo la voz

La misteriosa identidad de Facundo Duarte se había resuelto. Estaba frente a mí, sin la máscara que solía ocultar su rostro. Por primera vez, pude observarlo en toda su complejidad. Su piel era pálida, casi translúcida bajo la luz del sol, acentuada por profundas ojeras que le conferían un aire de agotamiento perpetuo. El contraste entre su piel y su cabello era notable; su cabello oscuro y rebelde caía en desordenadas ondas que enmarcaban su rostro con una elegancia descuidada.

LOS DUARTE :EL ORIGEN #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora