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Cada día, los Duarte tenían más reuniones con tipos extraños en la mansión. Eran hombres y mujeres de aspecto reservado, siempre vestidos de manera impecable pero con miradas inquietantes. Sus conversaciones eran largas y, aunque a menudo se llevaban a cabo en voz baja, el eco de susurros conspirativos resonaba en los pasillos de la enorme casa.
Los visitantes llegaban a todas horas del día y de la noche, se encerraban en el despacho durante horas, discutiendo temas que parecían demasiado complejos incluso para mí.
El mal humor de ellos era notable no era raro escuchar el estruendo de puertas siendo cerradas de golpe.
Mientras me dirigía a la cocina, el sonido de pisadas detrás de mí hizo que me detuviera. Me giré. Era Leandro.
—¿Es cierto que te estás follando a mis hermanos? —preguntó sin rodeos.
Sostuve su mirada, negándome a reaccionar como él esperaba.
—Que te lo digan ellos —respondí con calma aparente.
Leandro chasqueó la lengua, frustrado.
—Curioso... ellos no suelen contarme estas cosas.
—Si ellos no te dicen nada, ¿qué te hace pensar que yo lo haré?
Leandro avanzó un paso, pero levanté una mano antes de que pudiera hablar.
—Hazme un favor, Leandro: encuentra otra cosa en qué ocupar tu curiosidad.
No le di oportunidad de responder. Me di la vuelta y seguí caminando hacia la cocina. Cada paso me alejaba de su escrutinio, pero no de mis propios pensamientos. Necesitaba un momento. No, necesitaba aire, claridad... algo que me recordara que aún tenía el control, aunque solo fuera una ilusión pasajera.
Cuando llegue a la cocina me encontré a Eva concentrada en preparar la cena. Sus manos se movían con destreza sobre los utensilios de cocina, pero su mirada estaba perdida en la distancia, como si estuviera sumida en sus propios pensamientos. Me acerqué a la ventana y tomé una de las manzanas de la mesa, mientras observaba por el cristal.
Desde mi posición, en una esquina del jardín, presencié una escena que capturó mi atención de inmediato. Unos increíbles autos estaban estacionados frente a la mansión, relucientes bajo la luz del sol poniente. Sin embargo, lo que realmente llamó mi atención sobre uno de los vehículos fue el adorno de capó: el león de Peugeot.
—¿Dónde he visto antes ese león?— susurré para mí misma, tratando de desenterrar algún recuerdo enterrado en lo más profundo de mi mente.
—¿Qué dijiste, Laura? — preguntó Eva.
—Estoy tratando de recordar algo— respondí, con la mirada fija en el automóvil que ahora parecía tener un significado oculto.
Desde la entrada de la mansión, vi cómo varios hombres salían, listos para partir. Su porte era imponente, su paso seguro y decidido, envueltos en trajes que hablaban de poder y autoridad. Un escalofrío me recorrió la espalda al reconocer a algunas de esas figuras: los Franchesco, una familia con la que mi padre mantenía una complicada relación.
Los Franchesco eran conocidos en el bajo mundo como hombres de negocios despiadados, dispuestos a hacer lo que fuera necesario para mantener su posición de poder. Sus rostros, endurecidos por años de intrigas y conspiraciones, no mostraban ninguna emoción mientras se adentraban en sus automóviles de lujo, pero su presencia era suficiente para hacer que la atmósfera se volviera tensa y cargada de electricidad.
Sentí cómo la preocupación crecía dentro de mí como una sombra que amenazaba con envolverme por completo.
— ¿Qué pasa, Laura? —preguntó Eva, notando mi cambio de ánimo.
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LOS DUARTE :EL ORIGEN #1
Teen FictionLaura nunca imaginó que un giro del destino la arrastraría al oscuro mundo de los Duarte, donde deseo y peligro se entrelazan. En un juego sin reglas, ella deberá enfrentarse a secretos profundos y pasiones prohibidas... ¿Será capaz de encontrar la...
