Capítulo 14 Facundo

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Recuerdos del pasado facundo

—¡Despierta, Facundo, hemos llegado!— exclamó mi madre, sacándome de mis pensamientos. Mis ojos, todavía somnolientos, se abrieron lentamente y quedaron deslumbrados ante la escena que se desplegaba frente a nosotros. Era algo tan increíble, un lugar que parecía sacado de un cuento de hadas.

Las torres majestuosas se alzaban hacia el cielo como guardianes centinelas, sus cúpulas doradas reflejaban la luz del sol matutino, creando un resplandor que casi cegaba. Los jardines exuberantes que nos rodeaban nos recibieron con una explosión de colores y fragancias embriagadoras. Flores de todos los tipos y tamaños adornaban el paisaje, y una brisa suave llevaba el aroma de las rosas y los jazmines hasta nuestros sentidos.

Cada paso que dábamos resonaba en el suelo de mármol pulido, como si estuviéramos pisando la historia misma. Los pasillos estaban adornados con tapices antiguos y cuadros que narraban epopeyas de antaño. Era imposible no sentirse pequeño en medio de tanta magnificencia.

En medio de la opulencia y el lujo, nos encontramos con una niña. Su presencia irradiaba una belleza impactante, con sus ojos color café que parecían reflejar el universo entero en su profunda mirada. Su cabello negro caía en cascada hasta su cintura, como una cortina de ébano que enmarcaba su rostro angelical. Su vestimenta, un vestido de seda color marfil, se movía con gracia a cada paso que daba, acentuando su elegancia natural.

Contuve el aliento al recordar la primera vez que la vi. Me había quedado maravillado por su gracia y elegancia, como si fuera una princesa de los cuentos de hadas que había cobrado vida frente a mis ojos. Mis recuerdos se mezclaban con la realidad, creando un momento casi onírico.

Casi no era capaz de pronunciar palabra. Sentía que mi corazón latía con fuerza, resonando en mis oídos.

—Hola— respondí finalmente, mi voz apenas un susurro.

Ella sonrió, una sonrisa que parecía iluminar todo a su alrededor.

—Hola —respondió Su sonrisa era cálida y acogedora, como un rayo de sol después de una tormenta.

Pero la magia se desvaneció rápidamente cuando nos encontramos con la fría indiferencia de una mujer que vestía ropas muy elegantes. Nos miró con desprecio, sus ojos centelleando con arrogancia mientras evaluaba nuestra presencia en su territorio de privilegio y riqueza. Cada gesto suyo parecía gritar que éramos intrusos en su mundo, recordándonos cruelmente nuestra posición como "pobres".

La niña de cabello negro y ojos grandes y curiosos, se quedó paralizada ante la mirada de la mujer. La tensión en el aire era palpable, como una tormenta que estaba a punto de desatarse. —Laura, ¿no deberías estar haciendo tus deberes?— dijo la mujer con una voz cortante como el hielo.

—He terminado, madre— respondió ella, con un tono que mezclaba sumisión y un leve toque de desafío.

—Ve a tu cuarto— ordenó la mujer, sin apartar la vista de nosotros.

Antes de que Laura pudiera moverse, Martín, el hombre de estatura media con una mirada amable pero cansada, intervino: —Espera, hija. Te presento a los Duarte. Desde ahora ellos van a vivir en la mansión.

Laura miró a Martín con una mezcla de sorpresa y curiosidad, pero su madre no compartía el mismo sentimiento.

—¿Más pobretones en este lugar?— respondió la mujer mientras caminaba hacia el exterior, sus pasos resonando en el mármol como latidos de un corazón de piedra.

Sentí un nudo en la garganta mientras luchaba por mantener la dignidad frente a su desprecio. La opulencia de la mansión, con sus altos techos decorados con frescos antiguos y sus lámparas de cristal que colgaban como joyas del techo, contrastaba brutalmente con nuestra humilde apariencia. Me preguntaba si alguna vez podríamos ser aceptados en un lugar donde éramos considerados inferiores por nacimiento.

LOS DUARTE :EL ORIGEN #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora