🌷
Desperté con la suave luz del amanecer filtrándose por las cortinas entreabiertas, lo que creaba un juego de sombras en las paredes de la habitación. La leve brisa rosaba mi espalda desnuda, trayendo consigo un aire fresco que contrastaba con el calor de las sábanas. El aroma a jazmín que impregnaba el ambiente me recordó a la fragancia que él solía usar, un rastro persistente de su presencia.
Mis dedos buscaron instintivamente el hueco donde debería estar él, pero solo encontraron sábanas frías y arrugadas. Me incorporé lentamente, sintiendo cómo cada músculo de mi cuerpo se desperezaba. El aire matutino llenaba mis pulmones mientras estiraba mis manos hacia el techo, intentando sacudir la somnolencia que aún pesaba sobre mis párpados.
Cada paso hacia el baño era una lucha contra la incertidumbre que se apoderaba de mis pensamientos, como si caminara a través de un denso velo de niebla que obstaculizaba mi visión del futuro. Los ecos de la noche anterior resonaban en mi mente, fragmentos de conversaciones y promesas susurradas en la penumbra.
El baño estaba iluminado por una luz tenue, casi etérea, que se reflejaba en las baldosas de mármol. El agua tibia caía sobre mi piel como una lluvia reparadora, arrastrando consigo cualquier rastro de la noche anterior. Cerré los ojos y dejé que el sonido reconfortante del agua corriente me envolviera, tratando de encontrar un momento de calma en medio de la tormenta de emociones que me invadía. Sentía cómo cada gota se deslizaba por mi cuerpo, llevándose consigo la angustia y el miedo, dejándome con una sensación de renovación.
Finalmente, cerré el grifo y salí de la ducha, envuelta en una toalla suave que absorbía las últimas gotas de agua de mi piel. Abrí la puerta del baño y la brisa matutina me recibió de nuevo. Al levantar la mirada, lo vi. Estaba recostado contra la baranda de la ventana, dibujando su silueta de manera casi celestial.
—Hola, preciosa —murmuró con una sonrisa que iluminó su rostro, sus ojos reflejaban una mezcla de ternura.
—Hola —susurré, sintiendo cómo el peso de la incertidumbre comenzaba a desvanecerse.
Él se acercó a mí con pasos seguros, su presencia reconfortante disipaba las sombras de la duda que amenazaban con envolverme. Sus ojos reflejaban una mezcla de determinación y ternura que me hacía sentir segura, incluso en medio de la incertidumbre.
—Date la vuelta —me pidió con voz suave pero firme.
Obedecí sin dudarlo, sintiendo una ligera anticipación recorriendo mi piel mientras esperaba su próximo movimiento. El suave roce de la cadena que llevaba puesta en ese momento era como una caricia inesperada, cada segundo que pasaba aumentaba la intriga en mi interior. ¿Qué estaba tramando Facundo? Mis dedos estaban a punto de alcanzar la cadena, pero entonces su voz susurrante en mi oído me detuvo en seco.
—Solo confía —susurró.
Sus palabras tuvieron un efecto tranquilizador sobre mí. Retiré mi mano, dejando que él continuara con su misteriosa tarea. Sentí cómo la cadena era retirada lentamente de mi nuca, como si cada eslabón estuviera liberando un peso invisible. Luego, con la misma delicadeza, volvió a colocar la cadena, pero esta vez había algo nuevo. Bajé la mirada y vi un pequeño dije que se balanceaba suavemente sobre mi pecho.
—¿Una mariquita? —pregunté, notando el pequeño insecto de metal brillando con la luz del amanecer.
—Mi madre dice que trae suerte —respondió él, con una sonrisa que iluminaba sus ojos.
Pero pronto las piezas del rompecabezas comenzaban a cuadrar en mi cabeza. Recordé las fotos en el santuario de los Duarte: las hermanas de los Duarte habían caído en el bajo mundo por alguna razón que aún no comprendía del todo.
ESTÁS LEYENDO
LOS DUARTE :EL ORIGEN #1
Novela JuvenilLaura nunca imaginó que un giro del destino la arrastraría al oscuro mundo de los Duarte, donde deseo y peligro se entrelazan. En un juego sin reglas, ella deberá enfrentarse a secretos profundos y pasiones prohibidas... ¿Será capaz de encontrar la...
