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Estaba en la cocina, intentando concentrarme en preparar algo para comer. La luz cálida de la lámpara colgante iluminaba el ambiente, creando sombras suaves que danzaban sobre las paredes. Lorenzo entró, su presencia llenando el espacio de inmediato. Me giré para mirarlo y encontré su mirada fija en mí, intensa y cargada de una emoción que me dejó sin aliento.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó, acercándose lentamente.
—No, estoy bien —respondí, aunque mi voz temblaba ligeramente.
Lorenzo no se detuvo. Cerró la distancia entre nosotros hasta que pude sentir su aliento cálido contra mi piel. Su proximidad me hacía sentir vulnerable y expuesta. Intenté concentrarme en cortar los ingredientes, pero mis manos temblaban visiblemente. Él tomó el cuchillo de mi mano con suavidad y lo colocó sobre la encimera, sus dedos rozando los míos en el proceso.
—Laura —susurró, su voz grave y envolvente—. ¿Por qué te resistes?
Antes de que pudiera responder, Lorenzo inclinó la cabeza y sus labios encontraron los míos en un beso profundo y apasionado. Mi primer instinto fue resistirme, pero la tentación era demasiado fuerte. Sentí un torrente de emociones correr por mi cuerpo, una mezcla de deseo y lucha interna. Mis manos, que habían estado tensas a mis costados, encontraron su camino hasta sus hombros, empujándolo levemente, pero sin la fuerza necesaria para detenerlo.
—Lorenzo, no deberíamos... —intenté decir entre besos, mi voz apenas un susurro.
—¿Por qué no? —respondió, sus labios moviéndose contra los míos, enviando una ola de calor a través de mi piel.
Su lengua se deslizó suavemente contra la mía, explorando con una familiaridad que me desarmaba. Mis defensas comenzaron a desmoronarse. Sus manos, cálidas y seguras, se deslizaron por mi espalda, atrayéndome más cerca. Cada toque suyo encendía una chispa en mí, una que no podía apagar por más que lo intentara. Lorenzo me levantó con facilidad, sentándome en la encimera fría que contrastaba con el calor de su cuerpo.
Nuestros besos se volvieron más urgentes, más hambrientos. Mis dedos se enredaron en su cabello, tirando ligeramente mientras nuestras respiraciones se entremezclaban. Sentí sus manos deslizarse por mis muslos, subiendo lentamente, cada caricia enviando ondas de placer por todo mi ser.
—Laura... —murmuró contra mi cuello, sus labios viajando hacia abajo, dejando un rastro de besos ardientes.
Intenté una vez más recuperar el control, pero la tentación era demasiado poderosa. Mis palabras se desvanecieron en un suspiro cuando Lorenzo encontró el punto sensible justo debajo de mi oreja. Sentí mi cuerpo ceder, mis manos aferrándose a sus hombros mientras él exploraba mi piel con una precisión que solo él podía tener.
—No puedo... resistirme —admití finalmente, mi voz apenas audible.
Lorenzo se detuvo por un momento, levantando la cabeza para mirarme a los ojos. Había una intensidad en su mirada, un fuego que reflejaba el mío.
—No tienes que hacerlo —dijo con suavidad, sus palabras una promesa y una liberación.
Sus manos firmes y seguras, comenzamos a movernos hacia mi habitación, nuestras bocas y manos sin detenerse. Tropezamos por el pasillo, riendo y besándonos, incapaces de esperar un segundo más. Cada paso parecía aumentar la urgencia, el deseo que crecía entre nosotros como una llama incontrolable.
Entramos en mi habitación y Lorenzo cerró la puerta con un empujón, sin apartar los ojos de mí. Me empujó suavemente hacia la cama, sus labios atrapando los míos de nuevo en un beso feroz. Mis manos buscaron los bordes de su camisa, tirando de ella hacia arriba, necesitando sentir su piel contra la mía.
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LOS DUARTE :EL ORIGEN #1
Teen FictionLaura nunca imaginó que un giro del destino la arrastraría al oscuro mundo de los Duarte, donde deseo y peligro se entrelazan. En un juego sin reglas, ella deberá enfrentarse a secretos profundos y pasiones prohibidas... ¿Será capaz de encontrar la...
