Capítulo 34

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El caos continuaba y al llegar a la mansión, se hizo presente sentí como si las sombras de los problemas se cerraran a mí alrededor, oscureciendo cualquier rayo de esperanza. Simone estaba allí, de pie en la entrada, con los brazos cruzados y su postura rígida revelaba su estado de ánimo, una mezcla tumultuosa de ira y frustración que parecía emanar de cada poro de su piel. Cada uno de sus gestos era una advertencia silenciosa, una señal de que el enfrentamiento que se avecinaba sería inevitable, Bajé del automóvil, y con cada paso hacia él, podía sentir el peso aplastante de su mirada.

—¿Te divertiste, Laura?

Su voz sonaba con un tono afilado, como una hoja de acero cortante. Me invadió una sensación de opresión, como si estuviera caminando sobre brasas ardientes.

—¿Qué carajos te ocurre, Simone? —respondí

Simone se acercó a Facundo con pasos decididos, sus ojos chispeando con un fuego abrasador que amenazaba con consumirlo todo a su paso.

—Te dije, Facundo Duarte, que te alejaras de mi mujer —espetó Simone con una voz llena de amenazas contenidas, pero la respuesta de Facundo fue tan firme como desafiante.

—¡A mí no me dan miedo tus amenazas patéticas Russo ! —Respondió facundo.

La tensión en el aire era tan densa que podía sentirla pesar sobre mis hombros, como una espesa niebla que amenazaba con ahogarnos a todos. Simone parecía estar al borde de desatar toda su furia, y sabía que tenía que intervenir antes de que las cosas se salieran de control por completo.

Sin pensarlo dos veces, me coloqué en medio de ellos dos, como un escudo humano tratando de contener el estallido inminente.

—¡Cálmate de una buena vez Simone!—respondí.

Las palabras de Simone cortaron el aire como cuchillos afilados, y cada una dejaba una marca dolorosa en mi piel.

— ¡Seguro aprovechaste y te lo follaste porque eres una sucia ramera!

Su voz era un vendaval de insultos y desconfianza, arrastrando consigo cualquier vestigio de confianza que alguna vez hubo entre nosotros. Mis entrañas se retorcían con una mezcla de furia y desesperación, mientras luchaba por contener las lágrimas que amenazaban con brotar.

Pero ya había alcanzado mi límite. La rabia ardía dentro de mí como una llama voraz, consumiendo cualquier rastro de cordura que quedara. Sin pensarlo dos veces, mi mano se alzó y se estrelló contra su mejilla.

—¡Lárgate de mí puta vista, Simone!

Mi voz era un rugido lleno de furia contenida, mis ojos chispeaban con una determinación feroz. Ya no había espacio para la duda o la vacilación. Había tomado una decisión y estaba dispuesta a defenderla con uñas y dientes, aunque eso significara romper los lazos que alguna vez nos unieron.

Con paso firme, comencé a caminar hacia el interior de la mansión, pero cada paso me costaba un esfuerzo sobrehumano. Sentía como si estuviera atravesando un campo de batalla, luchando contra un enemigo invisible que amenazaba con consumirme por completo.

De repente, una mano me detuvo en seco, como un ancla que me obligaba a enfrentar la tormenta que se avecinaba. Era Simone, y su agarre era como un grillete que me ataba a un destino que ya no quería seguir. Sentí como si estuviera dejando marcas en mi piel, pero no podía permitir que su influencia tóxica me arrastrara de nuevo hacia la oscuridad.

En medio de ese tumulto emocional, la intervención de Hermes fue como un destello de luz en la oscuridad. Su acción decisiva, al apartar a Simone con un empujón firme, haciendo que cayera al suelo fue como un recordatorio de que no estaba sola.

LOS DUARTE :EL ORIGEN #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora