Capítulo 20 Facundo

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🐞

La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz de la luna que se filtraba a través de las cortinas. El silencio de la noche se rompía solo por el murmullo de su respiración, lenta pero profunda, que resonaba en mis oídos como una invitación silenciosa.
Me acerqué a ella despacio, mis pasos ligeros sobre el suelo de madera. Mi mano temblaba ligeramente cuando la extendí para tocar su rostro, acariciando suavemente su mejilla con el dorso de los dedos. Su piel era suave, cálida bajo mi tacto, y ella cerró los ojos, inclinándose hacia mi caricia como una flor buscando el sol.
—Te deseo — murmuré, casi sin atreverme a romper el hechizo de aquel momento.
Sus labios se curvaron en una sonrisa ligera, y sus ojos se abrieron para encontrarse con los míos, oscuros y llenos de promesas. Me acerqué más, hasta que nuestras respiraciones se mezclaron, y el aroma de su perfume llenó mis sentidos. Su fragancia era embriagadora, una mezcla de flores y algo más profundo, más oscuro, que me hacía perder la cabeza.
—Yo también —susurró, y ese simple acto hizo que mi corazón latiera con fuerza en mi pecho.
La besé entonces, despacio al principio, saboreando el momento. Sus labios eran suaves y cálidos, y el sabor de ella era una mezcla de dulzura y deseo que me volvía loco. Respondió con igual intensidad, sus manos subiendo para enredarse en mi cabello, tirando ligeramente de él, enviando oleadas de placer por mi cuerpo.

Mis manos viajaron por su espalda, sintiendo cada curva, cada músculo tenso bajo la delgada tela de su vestido. La tela se deslizó bajo mis dedos, y su cuerpo se arqueó hacia mí, buscando más contacto. La levanté con cuidado, sintiendo su peso ligero y perfecto en mis brazos, y la llevé hacia la cama. La coloqué con cuidado sobre las sábanas, nunca separando mis labios de los suyos, mi deseo por ella crecía con cada segundo.

La luz de la luna bañaba su figura, resaltando cada línea y curva de su cuerpo. Me quedé un momento admirándola, mi respiración pesada y mis pensamientos nublados por el deseo. Sus ojos me miraban con una mezcla de vulnerabilidad y desafío, y esa combinación me volvió loco.

Me arrodillé sobre la cama, mis manos recorriendo sus muslos, subiendo lentamente hasta llegar a la cintura del vestido. Con un movimiento suave, deslicé la tela hacia arriba, revelando su piel suave y tentadora. Ella se mordió el labio inferior, sus ojos nunca apartándose de los míos, y yo sentí una oleada de calor recorrerme.

Cada toque, cada caricia era una promesa de lo que estaba por venir. Mis dedos trazaron líneas invisibles sobre su piel, provocando pequeños suspiros de sus labios. Ella era un mapa que quería explorar, cada rincón, cada curva un descubrimiento nuevo y excitante. Me incliné hacia adelante, mis labios siguiendo el camino de mis manos, besando y mordiendo suavemente, dejando un rastro de fuego a su paso.

Sus manos encontraron las mías, guiándolas hacia su cintura, sus ojos brillando con un deseo urgente. La desnudé con movimientos lentos, disfrutando de cada momento, cada centímetro de piel revelada. Ella hizo lo mismo conmigo, sus dedos ágiles desabrochando mi camisa, sus uñas dejando un rastro de anticipación sobre mi piel.

Finalmente, estábamos piel contra piel, nuestras respiraciones sincronizadas, nuestros corazones latiendo al unísono. Me detuve un momento, admirándola, perdiéndome en la profundidad de su mirada. No necesitaban palabras, porque en ese momento, todo estaba dicho.

La tomé en mis brazos, nuestros cuerpos encajando perfectamente, moviéndose al mismo ritmo. Cada movimiento era una sinfonía de placer, cada susurro, cada gemido, una nota en la melodía de nuestra pasión. Nos movíamos juntos, perdiéndonos el uno en el otro, en una danza antigua y poderosa.

Cuando finalmente llegamos al clímax, fue como una explosión de luz, un momento de pura conexión y éxtasis. Nos quedamos allí, entrelazados, nuestras respiraciones lentas volviendo a la normalidad, pero nuestros corazones aun latiendo con fuerza. La besé una vez más, suave y amorosamente, sabiendo que este momento quedaría grabado en mi memoria para siempre.





LOS DUARTE :EL ORIGEN #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora