54. Semana uno

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Pov de Mine

Sin duda, experimentar de primera mano la vida en el clan Zenin, era mucho peor que haberla visto en los recuerdos de Toji. Estaba asfixiada.

No se me permitía separarme de él, sin su indicación. No se me permitía caminar a la par con él, debía siempre ir dos pasos atrás. No podía levantar la mirada, ni mucho menos mirar a los ojos a ningún hombre, aunque fuera un niño. No podía mirar a los ojos a las mujeres mayores que yo, y como era una forastera, tampoco a las de mi edad.

Debía hacer todo por Toji. Traerle agua, servirle de comer, limpiarle las manchas de comida de la boca, debía ver que su ropa estuviera siempre impecable y acomodársela si se salía de su lugar.

No podía hablar a menos que Toji me lo pidiera. No podía tomar asiento a menos que él me lo indicara. Tenía que pedir permiso para todo, hasta para tomar agua o ir al baño, Toji debía autorizarme primero.

Tenía que secarle el sudor, ¡secarle el sudor maldita sea! Es decir amo a Toji, no me molestaría hacer eso, si no me lo impusieran.

Aún así no protesté. Toji no puso ni un solo pero, a todo lo que debió hacer en mi clan.

Aunque en definitiva no estábamos en igualdad de condiciones, ya teníamos muchos problemas encima como para que nos enemistáramos también con los Zenin.

Después de todo, solo era la boda y ya. Solo debía aguantar un par de semanas. Pero sin duda creo que serán las dos semanas más largas de mi vida.

— ¿¡Qué haces!? Así no se sirve el té — me regañó la esposa de Naobito

— ¿pero qué hice ma
— ¡cállate! — me interrumpió— no debes hablar si no te lo piden, ¡serás una desgracia de esposa!

— ¡Tsuga no le hables así! — le dijo Toji con firmeza, a lo que ella solo bajó la cabeza. Después de todo, también padecía las mismas reglas y eso me hizo empatizar un poco con ella

N: — ya estoy aquí — entró Naobito a la cocina. Su esposa fue de inmediato a traerle su pipa y sake. Ella lo miró y él pareció entender, le hizo un gesto con la mano para que hablara

Tg: — tu sobrino, no quiere que eduque a su mujer

N: — Toji, tiene que adoptar nuestras costumbres, ¿qué les va a enseñar a sus hijos?

T: — que le enseñe las costumbres, pero se va a casar conmigo. Si alguien le va a gritar, solo yo tengo el derecho a hacerlo

N: — no disfraces tus acciones, haces mal en consentirla — bebió el sake directamente de la botella

T: — pues yo no te

M: — Toji déjalo así — lo interrumpí y de inmediato me gritaron

N y Tg: — ¡No hables mujer!

T: — ¡dejen de gritar maldita sea!, vámonos — me dijo

N: — todavía no traen la comida

T: — no vamos a comer

Y nos fuimos. Nos estábamos quedando en la casa de Naobito, nos dio una habitación en el piso de arriba de su enorme casa.

— Toji no pelees con ellos

— ¿quieres qué deje que te griten? - daba vueltas por toda la habitación

— no me gusta pero hay que darles por su lado y ya solo son dos semanas

— no quiero te traten mal — se cruzó de brazos

— esto no me afecta Toji, son solo gente anticuada, y no es la primera vez que me gritan. Para mí, esto no es nada

Kill me please Donde viven las historias. Descúbrelo ahora