A lo lejos del bosque se podía apreciar dos siluetas, corriendo a toda velocidad. Las llamas los perseguían. Era muy difícil cargar con cuatro niños. Su muslo cada vez ardía más, sentía como sus fuerzas empezaban a disminuir.
Subaru notaba la cara de dolor de la azabache cuando ejercía más fuerza. Escuchaba leves quejidos por parte de ella, sabía que intentaba callarlos pero era casi imposible.
El fuego se había dispersado por todo el bosque, corrían huyendo de las llamas que amenazaban con quemarlos. Su corazón se detuvo cuando vió como ella caía inconsciente a la tierra. Corrió hacía ella, ordenó a los niños colgarse en su espalda y por nada del mundo soltarlo. Agarró a Mei en sus brazos y corrió con más fuerza.
Visualizó una pequeña cueva, eso le dió esperanzas y corrió hacía el lugar. Se adentró a la pequeña cueva, dejó a Mei y a los infantes en el suelo. Él conocía esa cueva a la perfección...de niño siempre dormía ahí y se ocultaba de las lluvias. Ahora en esa misma cueva cuidaba de la mujer que quería más que a su vida.
- Las llamas pararon..-. Susurró Subaru para si mismo - Seguramente fueron los bomberos...-.
Los niños lo miraban curiosos. Sólo eran cuatro, lo que le parecía extraño, ya que si mal no recordaba Ryu era la niña número 15. Cuando llegaron el lugar estaba lleno de sangre y niños muertos...claro los habían matado. Eso significa que esos cuatro niños eran los sobrevivientes.
Caminó hacía la azabache, revisó su mochila por suerte había un botiquín de emergencia. Sacó alcohol, algodón y unas vendas. Vertió alcohol en el algodón. Miró a Mei...había un problema. Ella llevaba pantalón esta vez, no podía pasar el algodón. Cerró sus ojos y acercó sus manos al inicio del pantalón de Mei. Abrió los botones y empezó a bajar lentamente la estorbosa prenda.
- ¿¡Qué haces, pervertido!?-. Nisiquiera fue consiente de cuando ella abrió los ojos, solo había escuchado su grito y sintió un fuerte dolor en su mejilla. Lo había abofeteado.
- N-nada-. Tartamudeo Subaru. Su mejilla ardía mucho.
Se empezaron a escuchar las risueñas risas de los niños. Mei estaba me roja de la furia.
- ¡Solo trataba de curarte!-. Bramó malhumorado.
Mei se sonrojó parecía meditarlo. Pero que persona normal en su sano juicio no se defendería al ver que le quitan el pantalón sin su consentimiento. Era muy normal que ella actuará así.
Los niños parecía divertirse con ellos, ahora que los veía bien. No debían tener más de diez años. Todos tenían raspones, golpes. Si no fuera por su apariencia parecían niños felices.
Su mirada viajó a la parte de abajo de su cadera. La herida apenas se asomaba por el pantalón. Subaru la miraba atento a cada movimiento que ella hacía. Mei agarró el algodón que él tenía en su mano y lo puso en la herida.
Se mordió el labio inferior aguantando el ardor que sentía al mezclar el alcohol con su carne. Era doloroso, el palo por poco traspasaba por completo su muslo derecho. Subaru agarró la mano de Mei dándole el apoyo que ella necesitaba.
Cogió las vendas que estaban a su lado, envolvió su muslo, y lo ajustó con los clips que llevaba. Los niños ya habían parado de reír, ahora miraban curiosos cada movimiento de la azabache.
- Debemos volver-. Susurró la azabache. Subaru asintió.
El vampiro la alzó en sus brazos, ella le sonrió agradecida. Estaba acostumbrada a ese tipo de comportamientos por parte de Subaru pero ahora en su mente solo se encontraba la rubia. Cuando habían salido, Yui había entrado llorando, lo que preocupaba demasiado a la azabache. Sabía perfectamente que esas lágrimas se debían a Ayato ¿Qué habrá echo para hacerla llorar? Subaru le había contado cada una de las cosas que Yui había pasado en la mansión, también le había contado que todos sabían que Ayato y Yui terminarían juntos.
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♥Atrapado por tu amor♥ [PAUSADA]
Hayran KurguMei es una chica que ha pasado toda su vida en un orfanato esperando a que sus amigos de la infancia llegarán y la sacaran de ahí como lo había prometido. Cansada de esperarlos, cuando cumplió los 18 años decidió salir del orfanato. Un día estaba ca...