Veinte minutos después estaba sentada frente a nuestra computadora mirando la cinta de seguridad pasada nuevamente por la policía. Miré a mi madre. Se veía tan vulnerable acurrucada sobre sus pies en la silla papasan3 verde.
Sus ojos estaban abiertos del miedo mientras veía el incidente nuevamente en el monitor.
-No escuché nada. -Me acerqué a ella y palmeé su mano, y sus ojos culpables me miraron-. No hasta que gritó.
No sabía qué decir. Nunca había visto a mi madre asustada. No se asustaba, se organizaba. Hacía malabares siendo madre soltera, dueña de un pequeño negocio y teniendo una vida social ocupada, con una facilidad que envidiaba.
Verla asustada me hacía sentir peor. Mis manos temblaban mientras respondí las preguntas que los oficiales me hicieron antes de irse con una copia de nuestra cinta de seguridad. Mamá cerró con llave la puerta detrás de ellos y se mantuvo ahí con la espalda en la puerta, viéndose perdida.
-¿Quieres hablar de ello? -preguntó.
Negué con la cabeza, arrodillándome para levantar las flores desperdigadas.
-Él me asustó.
Me sorprendí cuando mi madre se arrodilló a mi lado, tomó varios objetos del piso y los puso en su lugar en la cajonera. No la había escuchado cruzar la habitación.
-¿Fue una broma de fraternidad o crees que era un psicópata? Me refiero, ¿por qué vendría por mí?
Pensé en el presentimiento de ser seguida, la extraña tormenta de nieve en la autopista y la reunión con Orfeo. Sacudí la cabeza.
-Es solo que... ya nada tiene sentido. ¿Escuchaste a ese tipo? ¿Dijo que era la hija de Zeus? ¿Y que no podía mentir? No puedes estar más loco que eso.
Tragué fuertemente. Si realmente me estaba volviendo loca, imaginando voces y siendo paranoica, ¿a eso me iba a parecer? ¿Atacando al azar a empleados en florerías?
Necesito decirle. Esto no era solo aterrador, era grave. ¿Qué pasaba si empeoraba lo suficientemente para lastimar a alguien?
-Creo que estaba trastornado. -Mamá juntó las tarjetas de negocio y las puso nuevamente sobre el mostrador.
-Mamá, creo que estoy enloqueciendo.
Ella parpadeó.
-¿Qué?
-Últimamente cosas realmente extrañas me han estado pasando, y sé que no es real. No puede ser real porque nadie más las nota.
Puso la silla detrás de ella y se sentó. -¿Qué tipo de cosas?
Todo salió desordenadamente.
-He estado teniendo esos extraños sentimientos, y todo el mundo actúa raro a mi alrededor. Está esta cosa que pasa con sus ojos y de repente ya no actúan como ellos mismos. Y el clima. -Sacudí mi cabeza. Cuanto más hablaba, más extraño sonaba-. No quiero enloquecer y empezar a atacar a la gente.
-Oh, querida. -Puso su mano en la mía y me guio hacia la silla a su lado-. No estás enloqueciendo. Esto es mi culpa. Pensé que tendría más tiempo para decirte, más tiempo para prepararte.
-¿Decirme qué?
Cerró sus ojos y respiró profundamente. Cuando habló, las palabras parecían salir de su boca contra su voluntad.
-Eres una diosa.
-Mamá, te estoy hablando en serio -dije, molesta con ella por tomarse esto a la ligera.
-También yo. Iba a esperar hasta que te graduaras. Iba a construir una red de apoyo de gente que entendiera, pero si ya estás desarrollando tus poderes, esperé demasiado.
Mi frente se arrugó con incredulidad.
-¿Realmente lo crees? -No había rastro de humor en su voz.
Me dio una leve mirada y continuó hablando.
-Tenías que actuar normal y encajar para estar a salvo, y eso iba a ser mucho más difícil si sabías que no eras humana.
¿No era humana? Mi cabeza estaba girando. Era genético. Por supuesto que era genético. La locura corría en las familias.
-Mamá, creo que deberíamos llamar a alguien. La noche fue estresante, pero...
-No es un colapso nervioso, Perséfone. Eres una diosa.
Parecía cambiar cada vez que decía esa palabra. Era como si fuera menos mi madre y más otra cosa. Su expresión se volvía más distante, sus ojos de algún modo se volvían más viejos, más sabios. Mirándola, no había nada confortable en ella que dijera "mamá". Esto era algo más. Algo poderoso.
Algo escalofriante.
No. Esto era descabellado. Todo el mundo deseaba secretamente ser especial. Pero en todos mis sueños de descubrir que era una superheroína, una bruja, o hasta incluso una princesa, nunca había ido tan lejos hacia una diosa.
Eso era demasiado pretencioso. Solo las personas realmente trastornadas pensaban que eran dioses. Las palabras que mi madre había dicho no eran una fantasía tolerable que pudiera permitirse; eran peligrosas.
-¡Deja de decir eso! ¡Si fuera una diosa, tendría poderes y hubiera podido hacer volar a ese tipo!
-No somos tan poderosos como solíamos serlo. La mayoría de los dioses restantes son aquellos que fueron asociados con la naturaleza. La gente aún cree y teme al mundo que los rodea. Somos afortunadas, Perséfone. Como la Diosa de la Naturaleza, mi posición es bastante segura.
-¿Crees que eres la Diosa de la Naturaleza? -interrumpí con incredulidad. -Principalmente presido sobre la agricultura
Pensé en nuestra tienda.
-¿Como Deméter?
-Yo soy Deméter, o Ceres para los romanos, o cientos de otros nombres, dependiendo del tiempo o la cultura.
-Por supuesto.
Suspiró, viéndose vieja y agotada mientras me estudiaba.
-Con el tiempo llegarás a acostumbrarte a tu divinidad. Por ahora, todo lo que necesitas saber es que has sido descubierta, así que tendremos que irnos.
-¡Espera! -grité, alarmada-. ¿Irnos? ¿Irnos de dónde?
-Atenas. Tenemos muchos lugares a los que podremos ir...
-¿Como mudarnos? ¡No podemos, mamá! ¡Estoy a la mitad de mi año escolar! ¿Qué hay de la tienda? ¿Qué hay de nuestro hogar? No puedo dejar a Melissa...
-Melissa vendrá con nosotras, por supuesto.
-¿Cómo? ¿Control mental? ¡No creo que la Sra. Minthe esté de acuerdo con que te lleves a su hija!
Tenía que hacer algo antes de que ella hiciera algo descabellado, como poner nuestra casa en venta o secuestrar a mi mejor amiga. Observé el teléfono, preguntándome a quién se suponía que debías llamar cuando tus padres enloquecían. ¿Era al 911? ¿O debería buscar en Google el psiquiátrico local? ¿Qué me pasaría si mi mamá tenía que ser internada?
-Minthe es una de mis sacerdotisas. Ella irá a donde se le indique. Melissa es tu sacerdotisa, y necesita estar contigo.
-Ajá, seguro mamá.
-En cuanto a la escuela, tienes una eternidad para finalizar tu educación. Espero que estemos asentadas para el final de las vacaciones, pero si no...
-¿Eternidad?
-Sí, querida. Eres inmortal. Me reí.
-Por supuesto. Qué tonta de mi parte. Una eternidad en la escuela, ¿qué podría ser mejor? -Mis ojos se abrieron cuando ella vació la caja registradora y fue hacia el cuarto de atrás donde guardábamos la caja fuerte-. ¿Qué estás haciendo?
-Perséfone, ¡tenemos que irnos de aquí! Hay una razón por la que eres la primera deidad completa nacida en miles de años. No era seguro antes, y este lugar ya no lo es.
-Si eres una diosa, ¿no puedes, digamos... castigar a cualquiera que venga por nosotras? -Traté de razonar con ella mientras metía todo el dinero de la tienda en su cartera-. Si no podemos hacer nada especial, ¿por qué alguien vendría por nosotras?
-Porque eres una hija de Zeus.
Reprimí una risa histérica y esperé hasta estar segura de poder hablar. Sabía que si me reía en este momento no pararía.
-Mamá, no seas asquerosa. Si eres Deméter, entonces Zeus sería tu hermano, por no mencionar que estaba casado. -Me miró como si estuviera intentando descubrir la importancia de esa oración-. ¡Con alguien más! -Agité mis manos, frustrada-. ¿Realmente esperas que crea que tuviste una aventura con tu hermano?
Mamá respiró moderadamente.
-No funciona de ese modo. Fuimos creados, no nacimos. Genéticamente, no tenemos nada en común entre nosotros. Hermano y hermana son títulos humanos para la relación que tenemos entre nosotros. Y el matrimonio es distinto para los dioses. Los humanos tienen un código moral mucho más estricto...
-Más corta de vista tú que me criaste como uno de ellos.
-Nada de lo que hago es con poca previsión. Si lo prefieres, podemos discutir las diferentes costumbres y estándares morales entre dioses y humanos en el camino. Tenemos un largo viaje por delante. Ahora, métete en el auto.
Decidí hacerle caso. Era eso o tomarla en serio, y eso no podría soportarlo. Si trataba esto como una broma el tiempo suficiente, tal vez ella sonreiría, o reiría y admitiría que estaba jugando conmigo. Podría ser. Mamá tenía un horrible sentido del humor.
-Supongo que ir hasta el Monte Olimpo es un largo viaje en auto. Pero, oye, siempre quise conocer a mi papá.
-La mayoría de los dioses murieron miles de años atrás cuando cayó el Olimpo.
Está bien, basta de seguirle el juego.
-Mamá, solo tengo dieciséis.
-No podía traerte al mundo antes -dijo, tomando mi mano-. Esos fueron tiempos terribles. Esperé hasta que estuvieras a salvo. Maldije a mis sacerdotisas con la inmortalidad para así siempre tener devotos...
-No suena tanto como una maldición.
-Y cuando el tiempo fue propicio, arreglé el nacimiento de Melissa. Maldeciré más sacerdotisas para ti con el tiempo.
-Bueno, gracias por eso. No entendió mi sarcasmo.
-Como hija de Zeus, estás especialmente bendecida. -Soltó mi mano y se giró para dar un último vistazo a la tienda-. Tendrás éxito en todo...
No podía seguir escuchando. Salí corriendo por la puerta y corrí hacia el estacionamiento. Mi madre había perdido la cabeza en una ilusión de proporciones Greco-romanas. Era mi culpa. Traje a casa demasiados mitos del Profesor Homero.
Busqué a tientas la llave, mirando la puerta de la tienda por mamá. Mi auto rugió al encender el motor antes de que ella abriera la puerta. Puse el coche en marcha y aceleré para salir del estacionamiento, apenas evitando el árbol en su centro. Mi celular sonó y lo silencié, tirándolo en el asiento trasero. Encendí la radio cuando giré hacia la calle Lumpkin.
Cuando Five Points desapareció de mi espejo retrovisor, me permití llorar. ¿Qué iba a hacer? No sabía mucho sobre la gente loca. ¿Era este el primer paso antes de que mamá tuviera algún tipo de conducta violenta u homicida? Oh mi Dios, ¿tomaría mi sugerencia de castigar a la gente en serio? Tenía que advertir a Chloe de no volver a la tienda.
Me estiré por mi celular instintivamente antes de recordar que estaba en el asiento trasero. Eché una ojeada en mi espejo retrovisor. La pantalla aún estaba encendida, indicando que una llamada estaba en proceso. Recordé que mamá dijo que Chloe no volvería después de las entregas. Solo tendría que esperar que ese fuera el caso.
Las tiendas y el tráfico se desvanecieron detrás de mí, reemplazados por árboles y caminos serpenteantes. Me di cuenta d que estaba manejando hacia la granja de Melissa. Tenía que advertirle, en caso que mamá realmente intentara secuestrar a Melissa. La señora Minthe podría ayudarme. Podría decirme qué hacer.
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Persephone. Hija de Zeus
Ficção AdolescenteHay peores cosas que la muerte, peores personas también. La "charla" fue bastante mala, pero, ¿a cuántas adolescentes se les dice que son una diosa? Cuando su madre se lo dice, Perséphone está segura que su madre se ha vuelto loca. No es hasta que B...
