Cassandra me condujo por el resto del tour rápidamente, pero no me importó. Estaba demasiado ocupada ardiendo de ira contra Hades. No sabía qué cosa sobre él me hacía perder la cabeza, pero tenía muchas ganas de borrar la sonrisa de satisfacción de su cara.
Cassandra tuvo una sonrisa divertida el resto del tour y me pregunté qué era lo que no me estaba diciendo. En vez de eso, me puso al día sobre Brumalia. En el Inframundo, esto era como una combinación de una fiesta navideña con un baile de año nuevo llena de barriles de cerveza. Cassandra me explicó que las personas en el reino de los vivos solían celebrarlo hasta que los anglosajones la combinaron con sus fiestas.
-Afortunadamente, no hay necesidad de sacrificios, porque todo el mundo ya está muerto. -La voz de Cassandra era demasiado alegre.
Me quedé mirándola, horrorizada.
-Estoy bromeando, Perséfone. Hades nunca ha estado involucrado en sacrificios. -Se detuvo ante una puerta, y me di cuenta de que estábamos en la misma habitación en la que había despertado-. Esta es, por supuesto, tu habitación.
Me estremecí.
Cassandra frunció el ceño y abrió la puerta.
-¿Algo está mal?
-Es un poco tenebrosa -confesé-. Luce un poco como mi habitación, pero... diferente.
-¡Oh! Debiste haber estado pensando en tu casa mientras estabas dormida. La habitación se decora a sí misma de acuerdo a eso.
-¿La habitación puede leer mi mente? -Enrosqué un mechón de cabello en mi dedo y me alejé de la puerta-. Eso es raro.
-No exactamente -dijo Cassandra, caminando hacia la ventana-. Es como que... se ajusta a lo que tú quieres. ¿Qué clase de más allá podría ser si tienes que pasar el tiempo en un lugar en el que no eres feliz? El hogar es lo más importante... -Ella se quedó callada mirando el blanco de las ventanas tras la cortina-. Sí... Es escalofriante. Redecoremos.
-¡No hay nada afuera! -lloré, alarmada.
-¿Qué te gustaría que hubiera afuera?
-¿Puedo redecorar cualquier cosa, como yo quiera, solo pensando en ello? Cassandra sonrió.
-En esta habitación, seguro. Hagámoslo.
Una sonrisa se formó en mi rostro. Esto iba a ser divertido.
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-¡Suficiente! -Cassandra se echó a reír, tumbándose en mi cama-. ¡Hemos estado en esto por horas! Luce perfecta; ¿podemos continuar?
Miré a mi alrededor, sin estar convencida. Había cambiado la cama alta por una enorme cama matrimonial. En casa me gustaba la cama alta, había algo confortante en estar en el aire, pero aquí no sentía lo mismo. También cambié mi cobertor rosa por una manta blanca, añadiéndole un dosel de ondulante tela transparente en la cama, y unas cortinas idénticas en la ventana.
Corrí las cortinas y me senté en el borde de la ventana, dándole la espalda al prado lleno de flores para darle un vistazo al resto de la habitación. Había elegido un suelo de madera color cereza y un tocador, mesa de noche y estante para libros todo a juego. Un televisor de pantalla plana colgaba de la pared verde.
El armario era mi parte favorita. Cassandra me prestó una gran cantidad de revistas para mirar y decidir qué quería vestir. Todo lo que tenía que hacer era pensar en un atuendo que me gustara, y este aparecería en mi armario.
-¿Ustedes comen?
-Bueno, bien. Obviamente no estoy muriendo de hambre. Es solo una expresión. Sí, nosotros comemos. Las mismas comidas que ustedes. -Ella habló con una voz que me recordó a Hades:
-Las comidas son un ritual importante para las almas. Los lleva a un ambiente familiar y es una excelente oportunidad para socializar.
-¡Él no habla así! -Reí.
Cassandra soltó una risita.
-Solo espera a que comience a hablar sobre lo que cree que es lo mejor para las almas. Siempre trata de hacer que todos se sientan como en casa. ¡Oh dioses! Él lee esos estúpidos libros de psicología y luego solo anda lanzando psicobalbuceos. Es horrible.
Reí disimuladamente.
-Bueno, así que puedes comer. ¿Podemos ordenar pizza o algo? -Pensé que la pregunta quizá no tenía sentido. Pero decorar me había puesto de buen humor. Mi mente saltaba de solo imaginar pizza, películas y tal vez palomitas de maíz para más tarde.
-Nosotros normalmente comemos en el salón. Con Hades. Mi humor cambió.
-Oh. Uh, ¿luzco bien? -Alisé mi vestido, preguntándome por qué me importaba.
-Sí, luces bien .Te mostraré a dónde vamos.
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La cena fue incómoda, especialmente porque finalmente conocí a Moirae. Las Parcas estaban personificadas en esta esquizofrénica mujer. Era de mediana edad, peso promedio, constitución normal, belleza común; cabello castaño, ojos cafés, piel morena tan clara que podría pertenecer a cualquier etnia.
Se refería a sí misma como "nosotras" y aparentemente tenía tres voces compitiendo por la atención en su cabeza todo el tiempo. El pasado, el presente y el futuro; la joven, la adulta y la vieja; y la madre, la solterona y la bruja, todo en una. Buenos tiempos.
Me senté al lado de Cassandra, y ella me cambió a una silla de madera tallada, a la derecha de donde Hades se sentaría, encabezando la mesa. El salón de banquetes era increíblemente acogedor. Había estado esperando algo tan grandioso como el salón del trono. El piso estaba dividido en cuadrados de madera. Las paredes eran paneles de madera en los que había cuadros de distintos dioses colocados de forma esporádica.
Sintiéndome fuera de lugar, me retorcí en mi asiento, mirando a todos los que se reunieron en la mesa.
Moirae se giró en su silla para mirarme.
-Es ella -siseó, y luego asintió, estando de acuerdo con ella misma.
-Perséfone -dije amablemente-. Un gusto conocerla.
-Tú eres la razón por la que estamos aquí abajo.
Miré a Cassandra en busca de una aclaración y ella se encogió de hombros. Inclinándose, me susurró:
-Hay una razón por la que Hades me mantiene cerca. Puede que ella vea el futuro también, pero conmigo es más fácil hablar.
Cuando asentí, con los ojos bien abiertos, Cassandra rio.
-Bueno, esa no es la única razón. Ella no puede ver a alguien que ha sido marcado.
-¿Marcado?
-Cuando un dios le da alguien una bendición o una maldición, interviene con su destino. Y así quedan fuera de la vista de Moirae. Ella no puede ver dioses tampoco, por eso Hades me necesita.
Asentí de nuevo, sorprendiéndome de lo mal que había juzgado a Cassandra. Ella era sin duda el alma más importante en el Inframundo. No había duda de por qué se sentía cómoda bromeando sobre Hades; su posición aquí estaba completamente a salvo.
Me giré hacia Moirae. Me daba miedo la respuesta, pero tenía que preguntar. —¿Por qué soy la razón por la que están aquí abajo? —Somos la quinta generación de Moiras. Tomamos el lugar de nuestras hermanas antes de la caída de los dioses. Hécate, tu madre, y tú están destinadas a reemplazarnos y ser la sexta generación de Parcas. En su lugar, ustedes decidirán seguir en el mundo de los vivos. Hécate con sus brujas, tu madre con sus tontos cultivos. Y tú... —se burló—. ¿Qué vas a hacer mientras eludes tus deberes? Parpadeé.
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Persephone. Hija de Zeus
Novela JuvenilHay peores cosas que la muerte, peores personas también. La "charla" fue bastante mala, pero, ¿a cuántas adolescentes se les dice que son una diosa? Cuando su madre se lo dice, Perséphone está segura que su madre se ha vuelto loca. No es hasta que B...
