–Vas a estar bien. —Hades hizo una mueca ante el agarre mortal que yo tenía en su brazo—. Vamos a caminar a través de la puerta, ellos aplaudirán, bailaremos, y luego puedes seguirme mientras charlo. Son solo gente muerta.
No hay nada que temer.
Si hubiera sido cualquier otro momento me habría reído y dicho cuántas cosas estaban mal con su última frase, pero en cambio sacudí la cabeza.
—No son ellos. Son las personas que podrían estar vivas las que me preocupan.
—Nadie va a hacerte daño. —Me estudió, sus ojos parpadeando de un lado a otro de mi cara—. Estás pálida. ¿Realmente estás tan nerviosa?
Negué con la cabeza.
—No estoy durmiendo bien. —Había tenido una pesadilla cada noche desde que llegue al Inframundo. Me estremecí al recordarlas. Ellas estaban empeorando.
—¿Por qué no? —preguntó Hades.
Abrí la boca para explicar, pero nuestros nombres fueron anunciados y las puertas se abrieron, revelando la multitud más grande que jamás había visto. El aplauso fue atronador. Mis ojos recorrieron la habitación, deteniéndose en los Segadores envueltos en sombras. No me había dado cuenta que había tantos de ellos. Escaneé la masa de almas buscando espías de Bóreas.
Un Lethian nos dio copas de champán y las elevamos a la multitud. Hades y yo tomamos un sorbo y la multitud rugió.
—Eres popular —murmuré con una sonrisa. Su sonrisa se ensanchó.
—Pareces sorprendida.
—No, tiene sentido —le dije, incapaz de resistir un golpe a su ego—. Con un chasquido de tus dedos, puedes enviar a todos ellos al Tártaro. Incluso yo querría quedarme en tu lado bueno.
—Yo podría enviarte al Tártaro —bromeó Hades. —Estás demasiado asustado por mi madre.
—Está eso. —Tendió su mano—. ¿Bailas conmigo?
Otro Lethian tomó nuestras copas, tomé la mano de Hades y lo dejé conducirme a un vals. Estudié a Hades, reconsiderando mi broma. Si bien no dudaba que el miedo representaba una gran parte de su culto, sabía que había algo más. A las almas verdaderamente parecían agradarle Hades. Por lo que había visto, él era un gobernante razonable y justo, lleno de bondad y consideración hacia su pueblo.
Entonces, ¿por qué me molestaba tanto?
—Hay demasiada gente. —Me di cuenta—. Los espías podrían estar en cualquier parte.
—Simplemente no vagabundees con un semidiós y te irá bien. —¿Cómo sabré quien es un semidiós?
—Con la vista. Como semihumanos, ellos tendrán icor corriendo por sus venas. —Lo miré fijamente y él suspiró—. ¿La sangre dorada de los dioses?
—¿Tengo sangre dorada? —Le pregunté con incredulidad. En este punto, por qué no, pensé con pesar. Diablos, probablemente puedo volar.
—No en color —aclaró Hades—. En esencia. Aunque esto afecta su apariencia.
—¿Cómo?
—Parecen oro. —Ante mi mirada incrédula suspiró de nuevo. Pensé en ofrecerle un inhalador, pero continuó:
—El cabello dorado, la piel y los ojos prácticamente brillan. Seguramente ya has conocido a un semidiós, o aquí o en la superficie. Decidimos hace mucho tiempo que era una señal útil. Matar accidentalmente o maldecir al hijo de otro dios está plagado de complicaciones políticas.
—Voy a tener eso en mente —dije secamente.
La habilidad de identificar una amenaza me hizo sentir más segura. Me permití disfrutar del baile, mi vestido azul girando alrededor de mis pies. El vestido tenía una espalda abierta, y la mano de Hades guiándome suavemente a través de los pasos se sentía extrañamente íntima.
Él se veía bien esta noche. A quién estoy engañando, siempre se ve bien. Su traje negro a medida destacaba sus anchos hombros. Su corbata era del mismo tono azul de sus ojos, casi azul neón. Los ojos humanos nunca eran así de brillantes en color. Pensé en mis ojos. Siempre había pensado que eran normales, pero ahora sabía que su brillantez anormal marcaba mi divinidad.
La idea levantó una bandera en mi mente, arrastrando un recuerdo medio olvidado al primer plano de mi cerebro. La mano de Hades se movió, enviando escalofríos por mi columna vertebral. El calor inundó mis mejillas cuando me di cuenta de que había estado mirando fijamente sus ojos todo el baile.
Mi boca se secó. Me condujo a través de un giro, presionando mi cuerpo contra el suyo. Se aclaró la garganta, sutilmente ajustando nuestras posiciones. Para distraerme, escaneé la habitación, buscando ojos dorados. El recuerdo volvió a mí, y mi espalda se puso rígida. Hades me miró con preocupación.
—Soy una idiota. —Los ojos dorados. ¿Cómo había pasado por alto eso, sobre todo después de ver a Helena? Había visto el color antes—. Pirítoo — susurré—. ¡Él es un semidiós! Eso no puede ser una coincidencia, ¿verdad? Bóreas me atacó el día siguiente. ¡Ese es su papá! Es un espía, y es probable que esté por aquí ahora mismo. —Me estaba sintiendo más asustada cada segundo.
—Tu madre te lo habría mencionado.
—Ella solo lo vio por detrás por un segundo, y luego solo en el monitor de la computadora que está hecho un lío a causa de ese jarrón que se me cayó el pasado verano, y se ve todo medio azul, lo que es ridículo...
—Perséfone —interrumpió suavemente Hades.
—¡Él dijo que alguien lo envió! Solo no le presté atención porque pensé que estaba loco o que estaba en coma...
—¿En coma?
—Tiene mucho sentido si piensas en ello, excepto que no soy realmente lo suficientemente creativa para soñar todo esto. ¡Oh, por Dios, Orfeo! ¡Tiene los ojos dorados también! Oh, pero él no puede estar trabajando para Bóreas, trató de ayudarme. ¿O lo hizo?
Cerré la boca con un chasquido. Había estado divagando a mil por hora como una loca. Afortunadamente nadie parecía haberse dado cuenta. O eran demasiado educados para mirar.
Hades ignoró mi discurso aleatorio.
—Incluso si uno de ellos está aquí abajo, no pueden dañarte. Los semidioses son inofensivos. Son poco más que seres humanos dotados.
Asentí con la cabeza, tratando de enterrar mi miedo.
Hades estudió mi rostro por un momento y suspiró, haciendo señas hacia nuestras bebidas.
—¿Tan solo tratarías de divertirte? Es la mejor noche del año.
—Está bien —suspiré, burlándome de él, y tomé un sorbo de mi copa—. Mmm... esto es dulce. ¿Qué es? —Tomé un largo sorbo.
—¿El tuyo? Jugo espumoso de uva blanca. —Sonrió—- ¿Te he dicho que tengo miedo de tu madre?
Rodé los ojos y terminé la copa. No sabía como ningún jugo de uva que hubiera probado, pero eso no era sorprendente. Todo en el Inframundo tenía un sabor más rico. Hades se abrió paso por la sala, saludando a las almas entre bailes. Me quedé cerca, manteniendo un ojo en el salón de baile por cualquier semidiós. Cuando otra copa encontró su camino hacia mi mano, sonreí. Podría acostumbrarme a tener sirvientes.
La siguiente vez que Hades me invitó a bailar una sonrisa se extendía por mi cara. Mis dientes se sentían hormigueando, y todo el baile me estaba haciendo marear. Mientras me conducía a través de los movimientos sencillos, le di una mirada apreciativa.
—Te ves bien esta noche.
La sorpresa se dibujó a través de su cara.
—Gracias. Tú te ves preciosa también.
—Siempre de alguna forma imaginé que serías feo.
Hades parpadeó.
—¿Perdón?
Me reí.
—Bueno, ya sabes, en los libros y las películas siempre eres, como, deforme o algo loco. Ya sabes, ¿como un reflejo de tu alma?
—Ah, ¿lo tomo como que te refieres a mi alma fea y deforme? —Hades mantenía su voz ligera. Él me sostuvo con el brazo extendido y me dio una mirada rápida. Sentí un piquete de poder pulsar a través de mí.
—No. Eso no es lo que quise decir. —Llevé la mano a mi frente, tratando de dar sentido a mis pensamientos confusos—. No creo que tú o tu alma sean feos. En realidad eres bastante ardiente.
Hades alzó una ceja.
—Ya veo. No tan rápido. —Hades interceptó una copa de champán de un Lethian alto y estudió cuidadosamente el líquido. Después de un cauteloso olfateo tomó un pequeño sorbo, y abrió amplio los ojos.
—¿Pasa algo?
Salté ante el sonido de la voz de Tánatos. No me había dado cuenta de que estaba detrás de mí.
—De alguna manera se le dio ambrosía a Perséfone en lugar de jugo de uva —replicó Hades.
Tánatos enarcó una ceja.
—¿Cuánto tomó?
—¿Es esto una cosa de dioses? —pregunté, cada vez más enfadada—. ¿Hablar de personas como si no estuvieran aquí? ¿Qué es ambrosía? ¿Algún tipo de veneno? —El pensamiento debería haberme alarmado, pero difícilmente lo encontré importante en este momento. Todo el mundo parecía tan agradable y la música era tan bonita.
—Es solo una bebida divina —me aseguró Hades—. No es venenosa. Bueno, no en el sentido tradicional de la palabra.
—¿Crees que alguien me lo dio a propósito?
Hades frunció el ceño.
—No puedo imaginar con que propósito. Probablemente fue solo un malentendido, pero, Tánatos, ¿te importaría entrevistar a los Lethians que estaban a cargo de nuestras bebidas?
—Por supuesto. ¿Quieres que la lleve a su habitación? Hades me miró, reflexionando.
—¿Bebes? ¿En el reino viviente, quiero decir?
Negué con la cabeza.
—Soy aburrida. Mamá siempre me hace prometerle que no beberé nunca cuando salga.
—¿Deméter hace eso? —preguntó Hades, sonando sorprendido.
Tánatos dejó escapar un silbido y sacudió la cabeza.
Mi boca se abrió. No podía mentir. Mi madre no era poco exigente. Ella no confiaba en mí. Solo sabía que si prometía no beber, físicamente no sería capaz de hacerlo.
—¡Esa perra!
Tánatos resopló, y Hades alzó una ceja.
—Agua para ella. —Hizo un gesto al Lethian para una reposición. Cuando nuestros vasos llegaron, Hades probó la mía antes de pasármela. —La tengo, Tánatos. Puedes irte.
Tánatos me estudió, se veía tan serio que me reí.
—Hades, ella solo se va a avergonzar a sí misma. Déjame sacarla del... —Ella está aquí y no quiere irse de vuelta a su habitación. Ella quiere bailar y pasarlo bien.
—Sí, Tánatos, estás siendo grosero. —Los labios de Hades se retorcían como si estuviera reprimiendo una sonrisa—. Ve a ver a los Lethians.
—Realmente no creo...
—¿Qué te preocupa exactamente? —preguntó Hades.
—Eres mucho más alto que Tánatos —observé.
Tánatos encontró los ojos de Hades con una expresión indescifrable en el rostro.
—Sí alguien ha estado lo suficientemente cerca para cambiar su bebida...
—¿Con qué fin?
—¿Comprometer su juicio? ¿Bajar su guardia? ¿Debo continuar? Ella es vulnerable.
—"Ella" está justo aquí —me quejé.
—Sí, lo estás. —Sonrió Hades—. Necesito que te quedes conmigo hasta que estés segura en tu habitación. ¿Estarías dispuesta a hacer eso?
—Por supuesto.
Hades le dio a Tánatos una mirada.
—¿Satisfecho?
Tánatos hizo un ruido evasivo y señaló a un Lethian de la multitud.
Hades negó con la cabeza cuando Tánatos desapareció entre la multitud.
—Él se preocupa demasiado.
—¿No estás preocupado?
Algo brilló en los ojos de Hades, pero se había ido antes de que lo pudiera interpretar.
—Probablemente fue un error inocente. Pero aún así... preferiría que no estés fuera de mi vista. —Él me tendió la mano—. ¿Todavía quieres bailar?
El tiempo pasó como un torbellino de luz y color. La gente se reía y bailaba alrededor de nosotros, los arcos de hilado de las faldas me hacían marear.
—No puedo bailar un paso más. —Reí, aferrándome a Hades, así no tropezaría y caería.
—Vamos a tomar algo de aire.
Me llevó fuera del salón de baile. La fiesta estaba dispersa por todo el Inframundo, pero encontramos un poco de privacidad en la arboleda. Los árboles se extendían hacia el cielo, sus ramas se arqueaban y se extendían, cobijándonos de la vista de cualquiera de las otras almas vagando por el Inframundo.
—Estas tratando de detenerme para que no haga una escena. —Me alejé de él para ir al centro del claro. Di la vuelta, sosteniendo mis brazos fuera—. Whoa. —Me detuve a media vuelta, esperando que el claro hiciera lo mismo.
—Probablemente deberías comer algo. —Hades atrapó mi mano—. Piensa en algo, en cualquier cosa.
Imaginé semillas de granada y un completo plástico holgado lleno de ellos apareció en mi mano libre. Puse seis semillas en mi boca. Un búho ululó a lo lejos.
Hades rió.
—Vas a necesitar más que eso. ¿Cuál es tu tipo preferido de pan? —Soy una diosa. ¿Tengo que preocuparme por las resacas?
—Tu metabolismo cambiará cuando tengas tus poderes. En lo que a alcohol se refiere, ahora mismo eres una humana. —Reprimió una sonrisa—. La ambrosía hace que incluso los dioses se emborrachen, así que estás en problemas.
Me senté en la hierba fresca.
—¿Alguna vez has comido uno de estos? Son deliciosas. —Le ofrecí una semilla, y la tomó, sentándose a mi lado.
—Lo he probado todo. Yo estaba allí cuando a tu mamá se le ocurrió esto. —Se echó hacia atrás, estudiando el cielo.
Seguí su mirada. El cielo estaba vacío, débilmente resplandeciente con la misma luz suave que llenaba el Inframundo. Nunca era bastante oscuro aquí, pero nunca lo suficientemente brillante para mi gusto.
—Ustedes realmente necesitan conseguir una luna. —Incliné mi cabeza hacia atrás más lejos—. ¿Dónde están las estrellas?
—Este es el Inframundo. El cielo es solo una decoración.
—Las estrellas son bonitas.
—Las estrellas son trágicas. —Hades se volvió para enfrentarme—. La mayoría de las estrellas no son más que recuerdos del amor pasado que acabó horriblemente mal, o de hombres desafiando a los dioses.
—Pensé que eran gigantes de gas.
Hades hizo un gesto con su mano.
—Semántica. Las constelaciones que forman no son más que historias tristes. ¿Por qué alguien querría tener un constante recordatorio de una tragedia colgando sobre su cabeza?
Pensé en eso por un minuto, estudiando el cielo en blanco. —¿Has formado parte en alguna de esas tragedias?
Me miró a los ojos y algo en ellos hizo que mi corazón latiera incómodamente duro.
—No.
Sonreí.
—No eres nada cómo te imaginaba.
—Sí, no vayamos por este camino de nuevo. Si tú comienzas a hablar acerca de cómo mi cabello debería estar en llamas, o como de malvado debo ser, podría seguir el consejo de Tánatos.
—No eres malvado.
—¿No piensas eso? —preguntó Hades, estudiando mi rostro—. ¿Después de lo que te hice?
—Me salvaste.
—Lo podría haber manejado mejor. Podría haber tomado un segundo para pensar, encontrar una manera que no tendría que atarte a mí. —Vaciló—. Pero cuando te vi, tan solo había algo en ti... —Se interrumpió y miró al cielo—. Tal vez no quería encontrar otra manera. ¿Qué si solo no fui impulsivo, qué si fui egoísta? ¿En qué clase de persona me convierte eso?
Me eché a reír.
—¿Siempre piensas tanto las cosas? Salvaste mi vida. Eso es de lo más desinteresado. Estar aquí abajo no es práctico, y estar casada es un poco raro, pero es solo unos pocos meses. No es como si te den algo por esto, y yo he sido una malcriada sobre eso. —Sacudí mi cabeza, disfrutando de la ola de mareo que acompañó al movimiento—. Gracias, Hades. Por todo. En serio. —Me incliné y besé su mejilla, riendo al ver la expresión de sorpresa en su rostro—. Te debo una, a lo grande.
—No creo que lo entiendas. —Se acercó a mí. Parpadeé cuando apartó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja—. No son solo unos...
—Oye, ¡Hades! ¡Perséfone! —nos llamó Cassandra. Ella se echó a reír cuando encontró la arboleda—. Vaya, espero no haber interrumpido nada.
—Por supuesto que no. —Hades se levantó, se sacudió, y extendió su mano. Me congelé, tocando mi cara donde el fantasma de sus dedos había rozado mi piel.
—Perséfone. —Su voz era gentil. Miré hacia arriba y agarré su mano—. Deberíamos volver a la fiesta.
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Persephone. Hija de Zeus
Подростковая литератураHay peores cosas que la muerte, peores personas también. La "charla" fue bastante mala, pero, ¿a cuántas adolescentes se les dice que son una diosa? Cuando su madre se lo dice, Perséphone está segura que su madre se ha vuelto loca. No es hasta que B...
