Capitulo 10

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Frío. No podía moverme, apenas podía respirar. No podía gritar. Me sentía pesada, atrapada, aterrada. El frío serpenteó hasta mi torso, aplastando mi pecho.
¿Dónde estás?
Mi mente se rebeló contra el pensamiento extranjero. Podía sentir algo, alguien, hojeando mi mente, en busca de respuestas.
La biblioteca. La voz de Hades. Un placer para mí.
Frustración y rabia corrieron por mí, pero no eran mías. Pasos en la distancia. No sabía qué pasaría cuando me alcanzaran, pero sabía que no sería bueno.
Una mano rozó contra mí. Mi sangre se heló.
-¡No! -Me senté de golpe. Mi respiración se atascó en mi garganta. Estaba en la cama; estaba bien. Solo un mal sueño.
Las pesadillas tienen sentido, racionalicé. Había pasado por muchas cosas, mi cerebro estaba tratando de procesar todo. Primero Pirítoo, ¿luego Bóreas atacándome? Tenía derecho a estar traumatizada. Además, ¿qué clase de diosa sería yo si no podía manejar una tonta pesadilla?
Salí de la cama y me acerqué a mi armario. Estaba aquí para bien o mal, y debía hacer lo mejor de ello. Eran mis vacaciones de invierno, después de todo, y como cualquier otra chica de vacaciones iba a hacer turismo.
Escogí una falda amarilla y una blusa blanca con tiras que me recordaba a un traje que tenía en casa antes de partir hacia los Campos de Asfódelos.
Hice una mueca cuando Tánatos se puso a caminar detrás de mí.
-No tienes que hacer esto.
-Sí, tengo. -Sonrió-. Es mi trabajo, ¿recuerdas?
-¿No estás ocupado, como... matando gente?
Negó con la cabeza.
-No mato gente. La gente muere, y yo recojo sus almas. Bueno, tengo mis Segadores para recoger sus almas. Rara vez dejo este reino en estos días.
-Así que, ¿por qué estás creando nuevos Segadores?
-Solo hago una aparición personal cuando alguien es asesinado por un dios. Eso no pasa mucho, pero la gente siempre encontrará nuevas maneras de matarse entre ellos. ¿Sabías que cada segundo alguien muere?
-Cuarenta mil hombres y mujeres cada día -cité, incómoda con el conocimiento. -Cada día -dijo Tánatos-. Más Segadores para cosas locas, como fines de semana libres y horas razonables. Mis Segadores solo son almas, ¿sabes? Merecen el mismo respeto como cualquier otro ser. Las leyes laborales no son solo para los vivos.
-No parecen almas -dije, recordando con un estremecimiento.
-Ellos son bendecidos. Pueden salir al mundo y volver. Como los semidioses. -Él vio mi mirada preocupada y añadió: -Están completamente bajo mi control. Recibo la lista de Moirae cada día y la divido entre ellos. Van, regresan. Sabría si cualquier otra cosa sucede.
-¿No tienen libre albedrío?
-Suficiente libre albedrío. No tienen privacidad. Aun así, no es difícil reclutar, ¿quién no querría visitar el mundo de los vivos? -Me estudió cuidadosamente, y tomé una respiración profunda mientras la nostalgia me llenaba con anhelo.
-Nadie -susurré-. ¿Cómo los eliges?
-Tienen que cumplir con algunos requisitos. No pueden conocer a nadie en el reino viviente. -Ante mi mirada confusa se rió-. Solo toma unas décadas. No pueden haber bebido del Lete. Los semidioses reciben un trato preferencial. -Tánatos se encogió de hombros-. Fuera de eso, es como cualquier otra entrevista de trabajo.
-Si solo son almas, ¿por qué Cassandra los odia?
Tánatos sonrió.
-Lo has captado, ¿eh? Pueden ser muy engreídos. Piensan que son especiales, y Cassandra se enteró de eso. Realmente le molesta cuando los encuentra vagando alrededor del palacio.
Sus ojos brillaban de una manera que me hizo pensar que no era coincidencia que los Segadores aparecieran cada vez que Cassandra entraba a un área pública del palacio.
-¡Estás jugando con ella!
Tánatos me guiñó un ojo.
-Sí, lo siento por toda... la cosa del alma. Creo que Zachary estaba más asustado que tú.
Dudé de eso.
-¿Siempre duele tanto?
Tánatos inclinó la cabeza, considerando.
-Es difícil de decir, qué pasa con el dolor de la gente que muere y todo. Nunca he tenido una queja de un alma por el proceso. Probablemente te dolió porque tu alma está atada tan fuertemente a tu cuerpo. No tenía una manera de salir. -Me dio una sonrisa fácil-. ¿A dónde te dirigías?
-Una tienda de café en los suburbios.
-¿Desayuno con Cassandra? -supuso él. Una sonrisa apareció en su cara cuando asentí-. Ella tiene excelente gusto en la comida. Los Campos de Asfódelos más cercanos al palacio estaban designados para las almas nuevas o activas. Las antiguas permanecían en el Inframundo tan lejos como podían llegar. La mayoría prefería la paz y soledad a los atestados suburbios alrededor de la ciudad.
Tánatos me acompañó a una cafetería con terraza exterior que se parecía sorprendentemente a Starbucks.
-¡Por aquí! -Cassandra se movió de una mesa en el borde de la acera.
-Buenos días. -Tánatos deslumbró a Cassandra con una sonrisa hipócrita.
Ella le frunció el ceño.
-Solo ella. Tú puedes sentarte en otro lugar.
Él se encogió de hombros y tomó otra mesa, sentándose con una taza de café y un libro. Aún era temprano, así que no había muchas almas fuera de casa. Había un sorprendente número de Segadores. Tánatos le entregó a cada uno una página de su libro cuando se acercaron a su mesa.
-¡Buenos días! -La voz de Cassandra era brillante y alegre. Ella tendió la mano y se materializó un organizador negro y espeso. Mis ojos se abrieron cuando vi que cada hora en la página abierta de su agenda estaba llena de notas garabateadas con fuerza-. Tenemos un largo día hoy.
Miré su taza de café con recelo. No era una fan del café, pero si las cosas que servían aquí me daban aunque sea un poco de la energía de Cassandra, lo tomaría.
Comenzó a leer el horario, y yo llamé con la mano a un alma que usaba un delantal verde.
-¿Puedo tener lo que ella está tomando?
La camarera me miró con simpatía.
-No ayudará, cariño.
Suspiré. Había valido la pena intentarlo.
-¿Chocolate caliente de soya?
-Llegando enseguida.
Volví mi atención a Cassandra.
-Está bien, así que asistimos a la corte cada tarde. -Una bola de papel voló más allá de la cara de Cassandra. Lanzó una mirada a la mesa de Segadores más cercana. El papel se desvaneció en el momento que tocó el suelo-. Moirae y yo juzgamos, separando las pocas almas que irán al Tártaro y a los Campos Elíseos, y luego tomamos a cualquiera que merezca o elija ir al Lete para beber. Entonces Minos explicará las reglas del Inframundo y llevará las almas a un tour. Ahí es donde tú y Hades entran. Cuando Minos regrese con las almas, preséntate, y envíalos a sus caminos.
-¿Eso es todo?
La camarera puso una taza de humeante chocolate caliente en la mesa frente a mí. Un pedazo de papel aterrizó en ella.
-¡Lo siento! -gritó uno de los Segadores Agarré el papel y tomé un sorbo cauteloso. Perfecto. Cassandra ignoró a los Segadores.
-Rara vez va sin problemas. Las almas quieren hablar, más que nada tratar de ser enviadas de vuelta, y no son estúpidas. Saben que Hades es su mejor oportunidad para volver.
-¿Él puede? ¿Enviarlas de regreso, quiero decir?
Cassandra vaciló.
-Eso es complicado. Nunca lo he visto hacerlo, pero Hades jura que si las condiciones son adecuadas, es posible.
-¿Así que tú y Hades están... -Dejé a mis dedos meterse por los agujeros de la mesa de hierro forjado negro de la terraza. De alguna forma no podía imaginar a Hades teniendo citas. Cassandra tomó un sorbo de su latte, mirándome expectante-... juntos?
Se atragantó, agarrando una servilleta y presionándola en sus labios.
-¿Qué? -exclamó, en parte riendo, en parte tosiendo café-. ¡Dioses, no! ¡Estoy muerta! Incluso si no lo estuviera... ¿Hades? -Ella hizo un estremecimiento fingido, arrugando su servilleta-. No, somos solo amigos. -Su mirada se volvió astuta-. ¿Por qué?
-¿Estar muerta es importante? Quiero decir, aquí, eres corpórea, y no es como si fueras un zombie.
-Es importante -me aseguró Cassandra-. Podría estar con cualquier alma que quisiera, pero ¿alguien vivo? Eso solo sería raro.
-Bueno, no cualquiera de la parte superior, sino aquí abajo no parece haber ninguna diferencia entre nosotros.
Cassandra mordió su labio inferior.
-No es eso. -Ella observaba al dueño de la tienda al otro lado de la calle barrer la acera mientras trataba de formular su respuesta-. Es solo que... -suspiró-. Mira, él es un dios, en primer lugar. Con una vez es suficiente. -Ignoró mi mirada perpleja-. Las cosas entre dioses y humanos son extrañas.
-Zeus no parecía pensar eso.
-Zeus tuvo sexo, no tuvo relaciones. De cualquier forma, los humanos nunca estaban mejor por estar relacionados con él. Incluso sin todo el problema de ser dios, o de ser Hades, él está vivo. Yo no lo estoy. Esa es una enorme barrera.
-¿Cómo?
-Solo es así. Cuando morimos, algo sobre nosotros cambia. Nuestra sociedad nunca funcionaría si no fuera así, sin mencionar nuestra no economía. El impulso que los vivos siempre tienen de hacer más, conseguir más, y conquistar más muere con nosotros. Tenemos nuestras memorias, los mismos pensamientos básicos, pero por dentro somos diferentes. Serás capaz de sentir una diferencia entre almas y dioses si te quedas aquí el tiempo suficiente. Simplemente somos diferentes. Nunca funcionaría algo entre Hades y yo.
-Bien. -No podía evitar reír al ver lo nerviosa que lucía Cassandra. Me miró y tomó otro sorbo de su latte.
-De todas maneras, ¿por qué preguntas?
-Solo tenía curiosidad.
Asintió y me sorprendí de que hubiera aceptado la verdad tan fácilmente. En la escuela un intercambio como este habría dado lugar a que yo estuviera siendo interrogada sin piedad, pero ella sabía que yo no podía mentir. ¿Cómo no me había dado cuenta de eso antes?
-Vayamos de compras -dijo Cassandra, moviendo su plato hacia el centro de la mesa. Me mostró toda clase de tiendas donde la gente hacía cosas hermosas por el gusto de hacer algo que disfrutaban. Eché un vistazo en las joyerías y en la ropa hecha a mano. Podía comprar moda a través del tiempo. Mi mano pasó de largo un vestido azul victoriano y se detuvo en una túnica verde. En la escuela usar algo así sería ridículo, pero aquí, la gente asumiría que era de la Antigua Grecia.
-¿Vas a comprar algo? -preguntó Cassandra, tomando un sorbo de su café.
-Hoy no. -Puse la túnica de vuelta en el perchero. Estaba cómoda con mi propia época de vestir.
-Todo bien. Bueno, tengo que regresar al palacio. ¿Recuerdas el camino de vuelta?
Asentí.
-Volveré a tiempo para mi lección de historia con Hestia.
Cassandra sonrió.
-Buena chica. Te veo en la corte.
La observé irse, y luego serpenteé a través de las tiendas, haciendo mi mejor esfuerzo para ignorar a Tánatos. Era extraño ir de compras con un chico siguiéndome. Mientras la luz del cielo se hacía más fuerte, más almas y Segadores poblaban la plaza comercial, por lo que me dirigí hacia a la orilla del río.
Evité el Río Lete; no confiaba en mí misma para no hacer algo estúpido como caer en él. En cambio, caminé junto al Río Estigio de vuelta hacia el castillo, vigilando la pequeña barca de Caronte moverse a lo largo de la orilla.
-No me tienes miedo, ¿verdad? -preguntó Tánatos cuándo me alcanzó.
-¿Por qué?
-Sigues acelerando cuando me ves detrás de ti.
-Lo siento. -Desaceleré. Él se posicionó al lado mío, sus oscuras túnicas parecían fuera de lugar contra los colores vivos del Inframundo. -Lo olvidé.
-¿Hmm?
-Como era asustar a alguien.
-Lo encuentro difícil de creer. Quiero decir, ¡eres La Muerte!
Él sonrió.
-Nadie de aquí abajo tiene razones para temerle a la muerte. Todos son inmortales o ya están muertos.
-Lo siento si he sido grosera.
-No lo estés. Yo tampoco querría a un guardia siguiéndome. En realidad, es un poco condescendiente.
-Estoy contenta de que alguien lo vea así. Quiero decir, no me malinterpretes, aprecio la protección, pero pensé que se suponía que estaba a salvo aquí abajo. ¿No estoy lo suficientemente a salvo para caminar hacia una tienda de café por mí misma?
Tánatos asintió, empujando sus manos dentro de los bolsillos de su túnica.
-Te digo algo, no pienses en mí como un guardia. Piensa en mí como un amigo. Solo estamos caminando juntos, ¿bien?
Sonreí.
-Bien.
Llegamos al palacio, y nuestros pasos resonaban sobre el suelo de mármol.
-Estaré alrededor si me necesitas. -Me recordó. Me despedí él con la mano, dirigiéndome a mi habitación para las lecciones con Hestia. Ella vino justo a tiempo. La diosa era suave al hablar y diminuta. Después de mirar de reojo a mi silla papasan con sus ardientes ojos grises, creó una sala lateral para nuestras lecciones, que contenía una simple mesa y dos sillas de madera. La cosa más interesante en el cuarto era la chimenea. Luego, tomó uno de los asientos, haciéndome un gesto para que tome el otro. Con su voz suave me dio un breve resumen de todos los dioses vivientes y procedió a contarme la historia de todos los dioses del Olimpo. Habló por una hora y cincuenta minutos, dejando diez minutos para las preguntas. Tenía un terrible dolor de cabeza en el momento en que llegué a la sala del trono. No ayudó el hecho de que estaba nerviosa.
Rad y Minos ya habían tomado sus asientos. Sus voces se levantaban y caían en una conversación murmurada. Moirae me fulminó con la mirada y se sentó en su silla con un bufido. La ignoré y saludé a Cassandra.
-¿Dónde está Hades? -pregunté.
-Aquí. -Hades apareció de la nada en su trono.
-Tienes que enseñarme cómo hacer eso.
Él sonrió, y las puertas de madera tallada situadas en los intrincados arcos de piedra trabajada se abrieron de golpe. Éaco dirigía más almas de las que podía contar a través de la puerta.
-Ahora volvemos al salón del trono -dijo Éaco-. Ya han conocido a Moirae, por supuesto, pero ahora déjenme presentarles a los gobernantes del Inframundo: el Señor Hades y la Reina Perséfone.
Me puse de pie y sonreí.
Mi mirada viajó por la corte. Era vagamente consciente de Hades hablando. Había hombres y mujeres de diferentes edades y etnias. Los estilos de vestir dejaban en claro que provenían de todas partes del mundo. Miraban a Hades con gran atención. Había esperado lágrimas y angustia, pero excepto por algunas almas inquietas y ansiosas, estaban allí tranquilos y serenos de cara a sus muertes. Mi mirada se mantuvo atrapada en los niños.
-Di algo -siseó Hades.
-¿Pueden entenderme todos? Español, me refiero.
Me dio una mirada extraña y señaló a Cassandra. Ella se lanzó en un discurso de advertencia acerca de los peligros del Río Lete mientras Hades susurraba: -Todos los que has conocido hasta ahora no hablan en español. Toda habla en su base llevaba significados universales. La muerte es el traductor universal.
-No estoy muerta. ¿Cómo puedo entender a todos?
-Uh, siempre has sido capaz. Eres una diosa.
-No, no puedo.
Hades suspiró.
-Sí, puedes.
-He tomado clases de idiomas extranjeros...
-¿Deméter te dejó...? -suspiró mientras Cassandra empezaba a concluir su discurso-... ¿Qué idioma?
-Latín.
-Eso es casi todo escrito, y ya no hay más hablantes nativos.
-Así que si la persona que está hablando no es...
-Mira, ¿solo puedes decir algo para que podamos irnos?
-¿Qué debería decir?
Mi corazón martillaba en mi garganta y mi boca se secó. ¿Qué podía decirle a un montón de gente muerta? ¿Siento que estén muertos? ¿Abandonen toda esperanza? ¿Bienvenidos al Infierno? ¿Buenas noticias, tenemos cable? Cerré mis labios. ¡Oh Dios! ¿Y si realmente decía algo así en frente de toda esta gente? Hades suspiró otra vez.
-¿Necesitas alguna bolsa de papel o algo? -espeté. Hades me lanzó una mirada asesina, y me di cuenta que todas las almas me estaban mirando.
Hablé sin pensar: -Gracias, Cassandra. Espero que todos hayan disfrutado del tour. -Sí, Perséfone, estoy segura que disfrutaron el tour post mortem-. Uh, tengan un feliz más allá.
Minos saltó antes de que pudiera humillarme más.
-¿Alguien tiene alguna inquietud que quisieran dirigir al Señor Hades o a la Señora Perséfone?
Éaco llevó a las almas sin preguntas del salón de trono. Me sentí aliviada cuando vi que la mayoría de los niños se iban con él. Como sospeché, las almas que se quedaban habían sido los que estaban inquietos durante los discursos, esperando su oportunidad para hablar. Clamaban por nuestra atención. Podría resumir sus peticiones en tres palabras: Envíame de vuelta. Desafortunadamente usaban más de tres palabras. Cada uno contaba historias desgarradoras.
-Debes enviarme de vuelta -estaba diciendo un hombre con esmoquin negro.
-Lo siento, pero no haré eso. -Hades sonaba sincero, pero no se me escapó que no dijo que no podía hacerlo, solo que no lo haría.
El hombre debió notarlo también.
-Te daré lo que sea. Tengo dinero, mucho dinero, y tengo...
-No puedes comprarme. -La compasión se había ido de la voz de Hades. El hombre cambió de estrategia y me miró.
-Por favor -susurró-. Debo regresar.
Miré a Hades y luego de vuelta al alma.
-No puedo...
-¡No! -gritó. Se abalanzó hacia adelante, ignorando los gritos de los jueces-. ¡No pueden decirme que no, nadie me dice que no! Yo...
Hades chasqueó los dedos cuando el hombre alcanzó mi trono. Salió volando hacia atrás, chocando contra las puertas del trono con un ruido sordo.
-Minos -dijo Hades con una voz calmada-, por favor asegúrate de que este señor sea establecido correctamente.
Miré a Hades con los ojos abiertos.
-¿Eso es un código para algo?
Hades me dio una mirada.
-No, no es un código para algo. El hombre acaba de morir. La negociación y la ira es parte del proceso. Él estará bien. ¡Siguiente!
El momento en que todo había terminado, Hades me estaba agarrando de los hombros, manteniéndome en mi asiento hasta que la última alma saliera del salón. Cuando su mano soltó mi hombro me levanté rápido del trono y corrí hacia la puerta. Hades le hizo un gesto a Tánatos y me siguió mientras huía del palacio.
-Se vuelve más fácil -dijo cuando finalmente me detuve en el centro de los jardines del castillo.
-¿Cómo? -Tragué, parpadeando para contener las lágrimas-. Quiero decir, había niños, y todos ellos querían...
No pude terminar.
Él abrió su boca, la cerró, y pasó sus dedos a través de su cabello.
-Te acostumbras. Esas personas, están molestas por el momento, pero cuando ellos se ajustan... -Hice un sonido de risa estrangulada-. Lo digo en serio -dijo-. Sígueme.
Lo seguí vacilante a través del patio. Él me condujo al borde de los suburbios donde las nuevas almas andaban, luciendo fuera de lugar, -¿Qué...? -comencé.
-Allí. -Él señaló a un hombre mayor acercándose rápidamente al grupo, gritando el nombre de una mujer. Una mujer mayor se dio la vuelta, sus ojos abriéndose cuando vio al hombre. Un grito sin palabras brotó de sus labios, corrió hacia él y se lanzó hacia sus brazos. Él le dio vueltas, riendo.
-¿Ves? -dijo Hades-. Se pone mejor.
-Gracias -susurré.
El asintió y caminó hacia el palacio.
-¿Te veo en la cena?
Asentí.
Tánatos llegó y tomó su lugar junto a mí cuando Hades se detuvo frente al grupo de niños reunidos cerca de las nuevas almas y se arrodilló hasta su nivel, hablando animadamente. Miré con incredulidad como la preocupación y el miedo desaparecía de sus rostros. Ellos sonrieron cuando él quitó caramelos de su bolsillo y los envió gritando hacia una amplia zona de juegos con adultos rodeándola. Los adultos miraban a los niños con expresiones que iban de esperanza a miedo. ¿Eran personas que siempre habían querido tener hijos, o padres buscando a sus hijos? ¿Cómo sería eso, mirando todos los días, medio esperando poder ver a tus hijos otra vez, medio aterrorizado porque significaba que sus vidas habían terminado?
Miré el parque por un largo tiempo, esperando hasta que cada niño fue reclamado.

Persephone. Hija de ZeusHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora