XXI

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YiFan recargó su frente contra el frío trozo de concreto, cerrando sus ojos para controlar el par de lágrimas rojizas que querían escapar por sus ojos esmeraldas.

─Tao... ─Pronunció con la voz tan suave y quebrada como su mente en esos precisos momentos. ─Lo siento...

Se irguió nuevamente, aun manteniendo sus ojos cerrados, no le hacía falta mirar para darse cuenta de la incesante presencia que se encontraba a unos cuantos metros de él, haciendo su mejor esfuerzo para ignorar las súplicas y llantos que aún percibía del joven rubio.

Dándose la vuelta, lo primero que sus ojos captaron al abrir sus párpados, fue la desquiciada sonrisa de Narsha, quién parecía estar saboreando una victoria que hace años perseguía.

─¿Ahora en donde escondiste a ZiTao? Si me das esa información, puedo perfectamente negociar sobre si dejar tu cabeza en su lugar. ─La voz de aquella mujer le parecía demasiado irritante en esos momentos, que no pudo evitar gruñir con desagrado.

─No voy a hacer ninguna clase de trato con una mujer de tan poco criterio como tú. ─Escupió aquello lleno de resentimiento. Sus puños se cerraron con tanta fuerza, que sus nudillos blanquecieron aún más de lo que ya lo estaban antes.

El rostro de Narsha pasó de ser orgulloso, a una genuina mueca de rabia contenida. Estaba molesta, sí, demasiado, pero se notaba en sus ojos lo mucho que deseaba disfrutar dicho momento.

─Chicos... ─Pronunció con calma y la voz un poco más grave de lo normal. ─Ustedes busquen a Tao, yo me encargaré de nuestro monstruito.

─No te tengo miedo. ─Una sonrisa ladina floreció en su rostro, mientras llevaba su mano derecha al interior de su capa que aún llevaba puesta. ─Veamos qué tal le va a una cucaracha como tú contra un monstruo como yo.

La mirada de Narsha oscureció ante aquella amenaza, y algo se removió en su interior, cuando YiFan desenfundo la jeringa de plata.

─Maldito bastardo. ─Con esto, todo el equipo de Narsha se esfumó, mientras ella comenzaba a desenvainar su espada.

La deslumbrante sonrisa del príncipe creció aún más, con sus verdosos ojos destellando en un pequeño mar de locura. Aquel líquido blanquecino nunca le agradó, y la frialdad del deslumbrante metal nunca fue su mejor aliado. Durante años se había negado a aceptar esa parte suya que lo distinguía como vampiro, esa parte interna que le recordaba cómo había comenzado con esta guerra.

La delgada aguja perforó profundamente su piel casi traslúcida, pinchando de forma perfecta las venas por las que corría su sangre, soltando un grito desgarrador cuando la abundante adrenalina comenzó a correr por sus venas.

Con movimientos casi involuntarios, sacó la jeringa de su brazo, lanzándola a alguna parte con una fuerza abrumadora. Sus pupilas se dilataron, y sus escleróticas se vieron manchadas de un impresionante color carmín. Su mente comenzaba a divagar, apenas alcanzando a reconocer aún el rostro frente a él.

Sus huesos, tendones y musculos comenzaron a romperse y desgarrarse, arrancando de su ronca garganta gritos, jadeos y gemidos que fácilmente podrían ser traducidos en llamados de misericordia, pero ya era demasiado tarde. El veneno se extendía rápidamente por su cuerpo, deformandolo, expandiendolo, llenándolo de una especie de pelaje blanco y pomposo.

Sus manos se alargaron hasta alcanzar la forma de garras, y su boca se lleno de hileras de filosos colmillos. La poca lucidez que le quedaba, se horrorizó al ver tan aberrante imagen suya, y lo único en lo que pudo pensar, fue en la inocente sonrisa de Tao. ¿Qué habría hecho el joven al verlo de esa manera? ¿Espantarse? ¿Correr? ¿Matarlo?

𝘖𝘜𝘙 𝘗𝘈𝘙𝘈𝘋𝘐𝘚𝘌 ↷ 𝘒𝘳𝘪𝘴𝘛𝘢𝘰⏐𝖠𝖣𝖠𝖯𝖳𝖠𝖢𝖨𝖮́𝖭⏐Donde viven las historias. Descúbrelo ahora