Roxxane nunca imaginó que un simple viaje familiar al corazón de un pueblo desolado cambiaría su vida para siempre. La cabaña de su abuela, perdida en las entrañas de un bosque oscuro y lleno de secretos, no era el refugio tranquilo que esperaba. Al...
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Roxanne.
08 septiembre 2024.
Las lágrimas caían de mis mejillas y mi expresión era indescriptible, ya que solo podía ver a la pantalla viendo por segunda ver la escena y no poder superarlo nunca.
El hecho de que la olvidaría, no volverían a hablar, posiblemente conocería a alguien más me rompía el corazón en mil pedazos.
Pero sobre todo.
El no recordaría ese beso y ella no podría ser feliz.
Como una aficionada con corazón de pollito, lloraba viendo la película "Mentes poderosas" una película que no superaría nunca y aún no tenían mi perdón de no haber sacado segunda parte, tenía todo el potencial pero parece que olvidaron eso.
La película que me dejó sin estabilidad emocional.
¡Una de muchas!
La verdad no me soporto ni a mi misma, soy mucho ambiente pero esto es insuperable, ellos merecían más, aún dueles.
—Porque eres el peor amor que he conocido, tan Perfecto que no te olvido—cante y tan rápido como empecé cambie a otra canción— y como dueles, mientras pienso en ti en lo que perdí quisiera evitar haberme permitido amarte para perderte...
Me quede callada, hundida en mi vergüenza al recordar que mis padres están presentes. Ignore aquella falta de dignidad y me puse mis audífonos.
Yo no quería venir.
El paisaje pasaba ante mí como una película monótona y gris. Los árboles, tan altos y espesos, parecían una barrera natural que atrapaba el camino en un túnel interminable. Mi padre, siempre tan concentrado en la conducción, mantenía las manos firmes sobre el volante, mientras mi madre intentaba, una vez más, arrancarme alguna palabra.
—Roxxane, deberías quitarte esos audífonos, cariño. No es bueno para tu oído estar todo el día con la música tan alta. Además, podrías disfrutar un poco del paisaje—comentó, su tono cariñoso y algo cansado a la vez.
No respondí. Fingí no haberla escuchado mientras subía ligeramente el volumen de mi música. Solo quedaba un par de horas más de viaje, y sinceramente, deseaba que ese viaje fuera a cualquier lugar menos a Ravenfil.
—¿Qué voy a hacer allí? En la mitad de la nada. Esperar a que me coma un oso, seria lo mas interesante del vaije. Seguro ni señal de internet habrá—dije, mordiendo mi labio inferior, una costumbre que no podía evitar cuando las preguntas se amontonaban en mi cabeza.
El viaje se hacía eterno. La carretera se extendía frente a mí, solitaria y aburrida. Mi padre llevaba horas al volante, concentrado en el asfalto que serpenteaba entre los árboles, mientras mi madre intentaba, como siempre, romper el silencio incómodo que flotaba entre nosotras.