Roxanne.
Ravenfil.
El aire era denso, cargado de miradas afiladas que se clavaban en mí desde todos los rincones del salón. Podía sentir la expectación, el juicio, como si todos estuvieran esperando ver qué haría. La copa estaba en mis manos. El frío del cristal se filtraba en mi piel, pero lo único que sentía era la rabia acumulándose en mi pecho. ¿Creían que cedería? ¿Que me arrodillaría ante ellos como una oveja más en su rebaño?
Observé a cada uno de ellos con detenimiento, fijando mi mirada en las figuras que formaban un círculo invisible a mi alrededor. La madre de Mason, con su sonrisa ligera, casi burlesca; el señor Blackwood, siempre imponente, mirándome como si yo fuera solo un peón en su tablero; y luego, Mason, cuyas manos se tensaban a los costados, la furia ardiendo tras esos ojos fríos. Todos sabían lo que se esperaba de mí, pero también sabían que no iba a complacerlos.
Mi corazón latía con fuerza, pero no dejé que el miedo me controlara. Levanté la copa lentamente, observando cómo el líquido oscuro y espeso se movía dentro de ella. No era vino. Lo sabía desde el principio. Podía sentirlo en la textura, en el aroma que apenas se filtraba hacia mis sentidos.
Y entonces, con todos ellos mirando, sonreí.
Una sonrisa fría, desafiante. El salón entero pareció detenerse cuando llevé la copa hacia mis labios, inclinándola apenas lo suficiente para que pareciera que iba a beber. Mis ojos se clavaron en los de Mason, como un reto silencioso. Podía ver la tensión en su mandíbula, su resistencia a actuar... por ahora.
El líquido oscuro tocó el borde de mis labios, pero en el último segundo, incliné la copa bruscamente hacia un lado, dejando que todo el contenido se derramara al suelo. El eco del líquido golpeando las baldosas resonó en el silencio absoluto de la sala.
Las miradas se volvieron más intensas, más cargadas de expectación. Sentí una punzada de adrenalina correr por mis venas, pero mantuve la cabeza alta. Los observé a todos uno por uno, mis ojos desafiantes, dejando claro que no iba a ceder a sus juegos.
—¿Qué demonios es esto? —mi voz salió clara, cortando el silencio—. No es vino.
Nadie se movió al principio. Solo el sonido del líquido cayendo al suelo rompía la quietud del momento. Sabía que había cruzado una línea muy peligrosa, pero no me importaba. Si ellos pensaban que podían controlarme, estaban muy equivocados.
La madre de Mason dejó escapar una risa suave, apenas audible, pero lo suficientemente cargada de malicia como para helar la sangre de cualquiera. Ella levantó su copa, como si brindara por mi desafío, pero no dijo una palabra. Su mirada lo decía todo: yo había pasado su prueba, aunque no sabía todavía qué tan lejos llegaría esto.
El novenario que me había ofrecido la copa se quedó boquiabierto, pero recuperó rápidamente la compostura.
—Eres valiente, Roxanne —dijo con una sonrisa torcida, pero su tono era amenazante—. Aunque... no estoy seguro de si fue la mejor decisión.
Antes de que pudiera responder, sentí una presencia acercándose por detrás. Mason.
Mi cuerpo se tensó al instante, sintiendo el calor de su cercanía, pero no me di la vuelta. Sabía que estaba furioso, que no iba a dejar que esto pasara sin consecuencias. Podía sentir su respiración controlada, el peso de su mirada quemando mi piel. Su sombra cayó sobre mí, y, por un segundo, el miedo intentó apoderarse de mí. Pero lo reprimí. No dejaría que me dominara.
—Roxanne... —la voz de Mason era baja, un susurro cargado de peligro. Se detuvo lo suficientemente cerca como para que nuestras pieles casi se rozaran—. ¿Tienes idea de lo que acabas de hacer?
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Two Roses Black (ALONE)
Mystery / ThrillerRoxxane nunca imaginó que un simple viaje familiar al corazón de un pueblo desolado cambiaría su vida para siempre. La cabaña de su abuela, perdida en las entrañas de un bosque oscuro y lleno de secretos, no era el refugio tranquilo que esperaba. Al...
