Roxxane nunca imaginó que un simple viaje familiar al corazón de un pueblo desolado cambiaría su vida para siempre. La cabaña de su abuela, perdida en las entrañas de un bosque oscuro y lleno de secretos, no era el refugio tranquilo que esperaba. Al...
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Roxanne.
Ravenfil. 10/9
8:23 am.
Me estaba quedando sin respuestas.
Beatrix ya se estaba alejando, y mi corazón palpitaba con una mezcla de confusión y desesperación.
No podía quedarme con la sensación de que había dejado escapar una oportunidad crucial para entender mejor todo lo que me estaba atormentando. Las palabras de Beatrix seguían resonando en mi mente: el legado de mi abuela, la verdad oculta, la conexión entre mi familia y los novenarios. Todo era demasiado para procesar de una vez, y sentía que estaba al borde de perder el control.
Sin pensarlo dos veces, me levanté de golpe, dejando atrás el banco y el rincón en el que me había refugiado. Mi corazón latía con fuerza mientras corría tras Beatrix, mis pasos resonando en los pasillos vacíos de la escuela. Cada zancada parecía un eco de mi creciente ansiedad, y las preguntas se acumulaban en mi mente como una tormenta imparable.
—¡Beatrix! —grité, tratando de alcanzar su figura que se iba alejando con rapidez. El sonido de mi voz cortó el silencio, y la gente que pasaba se giró a mirarme con curiosidad, pero yo no me detuve.
Beatrix se volvió lentamente, su expresión era una mezcla de sorpresa y paciencia. Al parecer, no estaba completamente sorprendida por mi reacción.
—¿Qué pasa, Roxanne? —preguntó con una calma que me irritaba un poco, dado lo agitada que me sentía.
—Necesito entender más —dije, con la respiración entrecortada—. ¿Cómo se supone que puedo elegir entre el bien y los novenarios? Me han amenazado para que sea parte de ellos. No hay dos mundos que puedan coexistir aquí. No entiendo nada.
Beatrix me miró fijamente, como si estuviera evaluando la profundidad de mi desesperación. Luego, asintió lentamente.
—Lo entiendo, Roxanne. Lo que estás viviendo es confuso y aterrador. Los novenarios no permiten que haya dos mundos coexistiendo porque son una entidad en sí misma. Hay una expectativa, un legado, una obligación. Y sí, puede parecer que estás atrapada entre dos mundos que no pueden reconciliarse.
Me detuve frente a ella, sintiendo una mezcla de esperanza y desesperación en mis entrañas. ¿Era posible que Beatrix pudiera ofrecerme la orientación que necesitaba?
—Necesito saber más. No puedo enfrentar esto sola. ¿Cómo será mi entrenamiento? ¿Cómo puedo encontrar un equilibrio entre lo que quiero y lo que se espera de mí?
Beatrix pareció considerar mis palabras con cuidado. Finalmente, habló con una sinceridad que me sorprendió.
—El entrenamiento no es fácil. Ser parte de los novenarios significa enfrentarse a tus propios demonios, aprender a usar tus habilidades para los propósitos del grupo. Pero también hay una necesidad de guiarse y encontrar un propósito dentro de todo esto. Es allí donde entramos en juego los que ya estamos dentro del sistema.