Y entonces, todo cambió...
El último rayo de sol se apagó, y con él, la luz en la nave industrial se sumergió en una penumbra total. Las sombras se alargaron, y una sensación sofocante de peligro llenó el aire.
El sonido de gruñidos se hizo más fuerte, más cercano. Y de pronto, algo golpeó la puerta principal de la nave con un estruendo que sacudió las estanterías vacías.
—¡Están aquí! —gritó Alex, su voz quebrándose mientras corría hacia la barricada.
Los golpes en la puerta aumentaron en intensidad. Las criaturas estaban oliendo su miedo. Estaban afuera, hambrientas, listas para desgarrar la barrera que los separaba de ellos.
—David, refuerza la puerta, ¡rápido! —ordenó Mark, mientras seguía trabajando con manos temblorosas. El miedo comenzaba a apoderarse de él, pero lo reprimió con todas sus fuerzas. No podía fallar ahora.
David se lanzó contra la puerta, apilando cajas, sillas rotas, cualquier cosa que pudiera retrasar a las bestias. Pero los golpes eran cada vez más fuertes, cada vez más implacables.
—Esto no va a aguantar —gruñó David, jadeando mientras apretaba los dientes.
Emma se acercó a Mark, sus ojos llenos de pánico.
—Mark, ¡por favor! ¡Tenemos que irnos ya! —gritó, agarrando su brazo con desesperación.
Pero Mark estaba atrapado entre dos mundos: el de la esperanza de salvarlos con la máquina del tiempo y el del terror que sentía sabiendo que cada segundo los acercaba a una muerte violenta y desgarradora.
De repente, un crujido resonó por toda la nave. La puerta principal cedió. Una grieta se abrió en la barricada, lo suficientemente grande como para que las sombras se deslizasen por ella.
—¡Nos están alcanzando! —gritó Alex, su voz teñida de puro terror.
Mark respiraba con dificultad, sus manos temblaban mientras conectaba el último cable. Finalmente, lo hizo. La máquina del tiempo estaba lista. Lo habían logrado.
—¡Está lista! —exclamó, sus ojos llenos de alivio.
Pero cuando apretó el botón para encenderla...
No sucedió nada...
El silencio que siguió fue desgarrador. Emma lo miró, desconcertada.
—Mark... ¿qué pasa?
Mark intentó nuevamente, su respiración se aceleraba, sus ojos se ensanchaban de incredulidad.
—No... no puede ser —murmuró, con los ojos fijos en la máquina inmóvil—. ¡No puede ser ahora!
Alex corrió hacia él, revisando los controles, su rostro se contorsionaba en desesperación.
—¡Mark, no está funcionando! —gritó, golpeando los paneles sin obtener respuesta.
Mark sintió como su mundo se desmoronaba. Todo por lo que habían trabajado, toda la esperanza... se estaba desvaneciendo en ese instante. Por primera vez en su vida, Mark sintió verdadero miedo. Un miedo paralizante que lo dejó inmóvil.
—No... no puedo haber fallado... —susurró, su mirada perdida.
Los golpes en la puerta se hicieron ensordecedores. Emma, al borde del pánico, se abalanzó sobre Mark, sacudiéndolo con todas sus fuerzas.
—¡Mark, por favor! ¡No podemos morir aquí! ¡Haz algo! —gritó con desesperación, sus lágrimas comenzando a caer.
El crujido de la puerta se intensificó, y entonces, los Umbras entraron.
Las sombras se arremolinaron en la entrada, monstruosas figuras de oscuridad que avanzaban con movimientos rápidos y depredadores. Sus ojos brillaban con un hambre insaciable, y el aire se llenó de un hedor fétido y sofocante.
David se lanzó hacia ellas, cuchillo en mano. Les ganó tiempo, pero una de las criaturas lo agarró con una rapidez aterradora, lanzándolo al suelo con un rugido espeluznante.
—¡David! —gritó Alex, pero no había tiempo. Las sombras avanzaban, y sus garras afiladas reflejaban la poca luz que quedaba. David, tembloroso, miró a los ojos a Alex y asintió con la cabeza, confirmando que huyera. Alex, con lágrimas y miedo en los ojos, lo observó por unos momentos, con una tristeza enorme y en shock, dio la vuelta para correr mientras lloraba.
—¡Perdóname, David! —gritó con desesperación.
David, intentando poner más obstáculos para los Umbras, recibía rasguños como si fueran miles de agujas. Los Umbras, con una velocidad increíble, embestían a David. Con nada más que su voluntad, él seguía de pie, luchando contra cada Umbra mano a mano, aunque sabía que no tenía oportunidad; sabía que podía detenerlos un poco.
—Estoy cansado... y duele... pero tengo que continuar.
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UMBRAS
Science FictionHistoria de supervivencia y desesperación en un mundo apocalíptico donde las criaturas conocidas como Umbras cazan en la oscuridad. Los últimos sobrevivientes, Mark, Emma, Alex y David, han resistido el colapso de la civilización refugiándose en una...