Con el estómago lleno de waffles y el cabello húmedo de la segunda ducha del día, Ling estaba tumbada en la cama individual del pequeño apartamento de Orm, con las piernas abiertas, y contemplaba a Orm mientras le comía el clítoris como si le fuera la vida en ello. De vez en cuando, Orm la miraba con aquellos brillantes ojos mieles durante unos segundos y emitía un gemido de placer ante el festín.
El sol de la tarde entraba en la habitación por los agujeros de las persianas y dibujaban formas de sombras y luces sobre sus cuerpos que arrancaban reflejos cobrizos al cabello de la mujer. Ling arqueó la espalda y se aferró a las sábanas.
"Joder." Tembló. "Si no tienes cuidado, me voy a correr ya mismo."
Orm se retiró y esbozó una sonrisa. Tenía los labios brillantes de humedad.
"Aún no." Murmuró. "Antes quiero chuparte hasta hacerte gritar."
"¿Por qué eres tan mala?" Gimió Ling.
Orm agachó la cabeza y le pasó la lengua por el vagina. Se apartó, con la lengua fuera para mostrarle a Ling la tira de saliva que las unía.
"Te gusta cuando soy mala." Murmuró, antes devolver a hundirse en ella.
En ese momento el teléfono de Ling sonó, junto a una cinta de video titulada «Vigilancia-Ascensor 2» que había en la mesita de noche. Orm levantó la cabeza.
"Ignóralo."
Ling le sonrió juguetona y le metió la cabeza entre sus piernas otra vez.
"¿Quién te dijo que podías parar?"
El teléfono siguió sonando. Incesante... odioso... molesto. Ling lo agarró y se puso un audífono sin mirar siquiera quién llamaba.
"¿Sí?"
Orm escogió aquel preciso instante para meterle el dedo y empezar a embestirla al mismo ritmo que la castigaba con la lengua.
"¿Ling?" Tras una pausa, la voz continuó. "¿Estás bien?"
"Jakarin."
Ling reprimió otro gemido cuando Orm empezó a frotarle un punto especialmente sensible.
"Sí, bien. Estoy."
Tiró de Orm e intentó retroceder, pero el cabezal de la cama no la dejó moverse. Estaba por completo a merced de Orm.
"Hablas como Yoda." Dijo Jakarin en tono divertido, aunque algo prudente. Sin duda esperaba que ella se enojara por bromear. Pero la Ling postOrm era mucho más dulce que la Ling de hace unos meses. Y sonaba mucho más distraída.
"Estoy bien." Logró decir.
Le deslizó la mano a Orm bajo la mandíbula para sentir cómo se movía y entonces intentó apartar a su amante de su clítoris. De aquella manera no podía mantener una conversación; ni siquiera podía mantener un solo pensamiento en la cabeza. Orm soltó una risita hundida en la humedad de Ling, y la inesperada vibración la recorrió como una corriente eléctrica. Jakarin había dicho algo más, pero Ling no tenía ni idea de qué. Hizo un esfuerzo para pensar con claridad.
"Jakarin, eh... ¿Podemos hablar en otro momento?"
Jakarin se quedó en silencio unos segundos y ella pudo concentrarse en el sensual tratamiento que estaba recibiendo. Cuando por fin habló, Ling se sobresaltó.
"Pero el sitio web se lanza mañana. ¿Cuándo quieres que hablemos?"
Ling se mordió el labio para reprimir un gemido de placer cuando Orm le castigó el clítoris con movimientos rápidos de su lengua.
"Tengo que dejarte, Jakarin.
Hablamos luego."
"¿Estás demasiado ocupada para hablar de trabajo? ¿Segura que no quieres que te llame a una ambulancia?"
A Ling se le curvaron los dedos de los pies al intentar evitar un orgasmo que se prometía de consecuencias catastróficas.
"A lo mejor no sería mala idea."
Gimió desilusionada cuando Orm se apartó de su sexo y alargó la mano libre hacia el teléfono. La otra mano seguía hundida en su centro.
"¿En serio?" Preguntó Jakarin. "Yo sólo bromeaba, pero..."
Orm le quitó el teléfono a Ling y le lanzó una sonrisa traviesa para tranquilizarla, antes de ponerse al aparato.
"¿Jakarin?"
Su voz sonaba suave y ronca. El sonido le arrancó un escalofrío a Ling. En aquellos momentos era demasiado feliz como para preocuparse de que su amante estuviera al teléfono con Jakarin. Su amante... Ling sonrió y se cubrió los ojos con el brazo, feliz de tener un momento de respiro. A lo mejor así se enfriaba un poco y podían alargar aquello un poco más.
Orm rió por algo que le dijo Jakarin.
"Hola, soy Orm." Al cabo de un segundo se corrigió. "Venus, soy Venus, la chica que contrataste para bailar para Ling."
Ling se removió. Notaba cada centímetro del dedo que Orm tenía metido en su sexo. Venus. Era sexy.
"Sí, ¿Qué tal?" Le preguntó Orm. Rió de nuevo y añadió: "Al principio, sí. Ya no."
Ling inclinó la cabeza, muerta de ganas de escuchar su conversación telefónica. ¿Qué debía de estar pensando Jakarin? Enseguida tuvo que rendirse a la evidencia: Jakarin ya sabía que le gustaban las mujeres, a pesar de que ella no había tenido la confianza para contárselo, así que sabía perfectamente lo que estaba pasando.
"Oye, de verdad que ahora no es un buen momento para que Ling hable. Estamos... un poquito ocupadas."
Impaciente, Ling le tomó la muñeca a Orm y la movió ella misma entre sus piernas con fuerza, para metérsela bien hondo. Al mirar a su compañera desde debajo del brazo, vio que Orm sonreía.
"Oh, y... ¿Jakarin?" Orm miró a Ling a los ojos con ternura. "Vamos a tener que encontrar un momento para encontrarnos y devolverte el dinero que me pagaste."
A Ling la invadió la felicidad. No dejó de restregar la mano de Orm entre sus piernas, aunque su necesidad era de liberación sexual solo en parte. La conexión entre ellas se daba a tantos niveles que trascendía a cualquier cosaque hubiera imaginado. Orm la miró con una ceja arqueada, sospechaba lo que estaba a punto de pasar. Ling asintió. ¿Por qué no? Orm soltó una risita tonta que hizo que a Ling le dieran ganas de abrazarla con cariño.
"Sí, seguro. No quiero tener la impresión de que me has pagado por lo que estoy haciéndole a Ling ahora mismo."
Ay, lo que habría dado por verle la cara a Jakarin. Ling se sorprendió de alegrarse de que todo hubiera salido a la luz. En cierta manera, era excitante. Habría deseado proclamar su felicidad a gritos desde el tejado; contárselo a Jakarin era un buen principio.
"Dice que felicidades." La informó Orm.
"Dile que yo lo llamaré luego y que gracias."
"¿La escuchaste?" Le dijo Orm a Jakarin. "Gracias. Tú también. Adiós." Orm colgó el teléfono y se lo devolvió a Ling.
"Ya está, distracción eliminada."
"Niña traviesa..." Ling cogió el teléfono, lo apagó y lo dejó en la mesita de noche. "Tendría que darte unas buenas nalgadas por lo que has hecho."
Orm sonrió de oreja a oreja y hundió el rostro de nuevo en el sexo de Ling.
"No hasta que te haya hecho gritar."
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13 Horas (LingOrm)
Romans¿Cuánto tardamos realmente en enamorarnos? Es su cumpleaños, pero la solitaria Ling Kwong es una adicta al trabajo y se ha quedado a redactar una propuesta en la oficina hasta tarde. La interrumpe la última cosa que habría imaginado: los pechos más...
