Se miraron fijamente a los ojos durante varios segundos, como si el tiempo hubiera decidido detenerse en ese instante, hasta que Engfa volvió a rodearla por la cintura. Ese gesto hizo que ambas miradas descendieran lentamente, dejando de centrarse en los rostros para recorrer y apreciar los atuendos, las siluetas y, finalmente, los cuerpos que tenían tan cerca.
Engfa tragó saliva varias veces, como si quisiera decir mucho más de lo que sus labios podían pronunciar. "Qué hermosa... y aun así siento que esas palabras se quedan cortas", susurró con voz temblorosa, dejando que sus manos se deslizasen con cuidado hacia el vientre de Charlotte.
La castaña la miró en silencio, como si en su expresión pidiera permiso. Pero no apartó los ojos, tampoco parpadeó ni levantó el rostro para contestar. Se mantuvo quieta, completamente inmersa en esa sensación que la envolvía, en ese calor que le transmitía la mano de Engfa posada sobre su vientre. Entonces, animada por esa quietud, la pelinegra continuó con suma delicadeza.
Las caricias eran lentas, circulares, de un contacto tan suave que parecían casi irreales. El tacto era cálido, demasiado tierno. Charlotte sintió cómo, poco a poco, su cuerpo se estremecía, ardiendo de una manera sutil y agradable, como si con cada roce se derritiera un poco más. En medio de esa sensación física, descubrió también que su corazón se encendía, latiendo con más fuerza, liberando un calor que se extendía por todo su pecho.
La manera en que Engfa la tocaba la estaba reconfortando de un modo único, como si con ese movimiento delicado consiguiera borrar las sombras de su mente. Era como si aquel roce trasladara a todo su cuerpo una tranquilidad inmensa, un alivio que le enseñaba a dejar ir miedos, dolores y preocupaciones.
"¿Qué pasa?", preguntó de pronto Engfa, ladeando la cabeza con una ligera sonrisa en los labios. Sus ojos permanecían atentos, observando cómo Charlotte parecía perderse en la experiencia de esas caricias suaves y ligeras.
La castaña levantó lentamente el rostro, todavía sonrojada, y dejó escapar una sonrisa tímida, casi infantil. "Es la primera vez que haces esto...", susurró con ternura.
"Es verdad...", reconoció Engfa, tragando saliva con cierto nerviosismo. "¿Te molesta? ¿Quieres que pare?" Su mano permaneció quieta sobre el abultado vientre, pero sus ojos se aferraban a los de Charlotte, temiendo descubrir rechazo.
Charlotte negó con la cabeza de inmediato, con tanta fuerza que el gesto resultó casi apresurado.
"Al contrario... continúa, me hace sentir bien. Tan bien que casi no puedo creerlo...", respondió con las mejillas encendidas y los labios curvados en una sonrisa cálida.
La castaña se sorprendió de lo ligera que se sentía, como si por primera vez en mucho tiempo pudiera descansar en alguien más. Aquella mano sobre su vientre parecía tener el poder de desterrar, con un solo roce, las cargas invisibles que había estado arrastrando: los dolores, los temores, los pensamientos que la perseguían. Todo se desvanecía en un instante.
Engfa continuó acariciándola unos momentos más, saboreando la serenidad de ese instante, hasta que finalmente se inclinó hacia ella. Rozó con suavidad su mejilla y allí depositó un beso, breve pero lleno de afecto. Después, sin soltar su mano, la entrelazó con la suya y la condujo hacia la cocina, donde el aroma de la comida recién hecha y la lasaña dorándose en el horno esperaban por ellas.
"Siento que hay algo diferente aquí...", observó la castaña con cierta curiosidad. "¿O me equivocó?", comentó, mientras caminaban de la mano. "¿Son nuevos esos cuadros y muebles?" Preguntó, levantando una ceja mientras sonreía.
La chica de cabello negro la miró de inmediato. Tan rápido lo descubrió. "No lo creo, ¿verdad?", se rió divertida.
"Estoy segura de que no los había visto antes" Ella la miró esta vez, atentamente con un toque de diversión en sus ojos.
ESTÁS LEYENDO
𝕸𝖎 𝖇𝖔𝖓𝖎𝖙𝖆 𝖞 𝖆𝖉𝖔𝖗𝖆𝖇𝖑𝖊 𝖆𝖟𝖆𝖋𝖆𝖙𝖆
Fanfiction❝Una bonita y adorable azafata, que ha quedado embarazada por su difunto esposo. Ahora tenía que trabajar muy duro para un futuro con su hijo pero no contaba con encontrarse con una persona horriblemente molesta, con su personalidad de millonaria mi...
