Los besos no cesaron ni siquiera cuando cayó la noche. Engfa no recuerda con certeza cuánto tiempo ha pasado desde que terminó la película, ni cuánto lleva observando a Charlotte dormir entre sus brazos, con la cabeza recostada en su pecho.
La oscuridad se adueñó del cielo con tal rapidez que ella perdió toda noción de la hora. Charlotte, en cambio, se había quedado dormida mucho antes de que la película llegara a su fin. Engfa lo notó en el instante en que percibió el ritmo sereno y profundo de su respiración.
Una sonrisa se dibujó en sus labios, acompañada de un suspiro largo y silencioso. Con un gesto lleno de ternura, apartó los pequeños mechones que se interponían en su vista para poder contemplarla mejor.
"Tan bonita, tan suave...", susurró en voz baja y dulce, mientras dejaba que las yemas de sus dedos recorrieran con suavidad aquel rostro angelical.
Su corazón se sentía cálido, aunque al mismo tiempo un poco hundido. Aun así, dejando esos pensamientos a un lado, solo podía agradecer que Charlotte le hubiera permitido vivir un instante tan íntimo y dulce. Aquellos abrazos, aquellos besos, tan delicados, eran la promesa silenciosa de que, poco a poco, conseguiría un lugar más profundo en el corazón de la azafata.
Parecían una pareja. Engfa sueña profundamente con ello.
Sin pensarlo demasiado, acercó su rostro al de la castaña, tal como había hecho en las últimas horas.
Sus labios buscaron nuevamente aquella piel suave, posándose con delicadeza sobre el rostro de su azafata. Primero en sus mejillas, después en las comisuras de sus labios, donde se detuvo un instante más, como si quisiera grabar ese contacto en su memoria.
⭑⭑⭑
Cuando Engfa logró escabullirse del sillón y apartarse del lado de la castaña sin despertarla, lo consideró un pequeño triunfo. No perdió tiempo; aunque sabía que lo que haría después no sería fácil.
Tenía muy claro que cargarla en brazos y subir todos esos escalones sería una mala idea. Un riesgo que no estaba dispuesta a correr.
Despertarla tampoco era una opción.
Charlotte parecía, al fin, haberse dado el permiso de descansar de verdad, después de tantas noches en vela. Tal vez encontró la paz para hacerlo porque, entre sus brazos, nada le faltaba. Engfa lo había notado: apenas terminaron las palomitas y el chocolate, la castaña se había quedado profundamente dormida sobre su pecho.
Y ella tampoco quería soltarla. No podía. Recordaba, aunque vagamente, esas pocas veces en que habían dormido juntas... ¿Por qué no hacerlo una vez más? Se aferraba a ese instante como si fuese el último de su vida. Lo único que deseaba era protegerla durante la noche y asegurarse de que su amada descansara lo más cómoda posible a su lado.
Mientras pensaba en todo ello, se sentó en el borde de la mesa de cristal del centro, desde donde podía verla con claridad. Sabía que no lograría cargarla, ya lo había razonado antes: era demasiado arriesgado... y, para ser sincera, Charlotte ahora pesaba un poco más que antes.
Así que, sin una decisión concreta, se limitó a contemplarla. Su mirada recorrió cada detalle de la castaña, dormida profundamente entre las almohadas que había colocado con cuidado antes de escabullirse.
Lo que sentía era una mezcla de admiración, paz, amor y pura adoración. El pecho de Charlotte subía y bajaba con suavidad, marcando un ritmo que a Engfa le resultaba hipnótico.
Le encantaba esa vista.
"Señorita, ¿Waraha?" La llamaron de repente, despertándola de su trance. Engfa levantó el rostro e inmediatamente miró al dueño de la voz.
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𝕸𝖎 𝖇𝖔𝖓𝖎𝖙𝖆 𝖞 𝖆𝖉𝖔𝖗𝖆𝖇𝖑𝖊 𝖆𝖟𝖆𝖋𝖆𝖙𝖆
Fanfiction❝Una bonita y adorable azafata, que ha quedado embarazada por su difunto esposo. Ahora tenía que trabajar muy duro para un futuro con su hijo pero no contaba con encontrarse con una persona horriblemente molesta, con su personalidad de millonaria mi...
