Capítulo 41: Presionar sus labios...

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"No entiendo nada, ¿qué estamos haciendo aquí?"

Preguntó Aoom muy confundida mientras miraba a su alrededor. Charlotte ni siquiera respondió. Su corazón estaba inquieto, pesándole en el pecho, y miró desesperada hacia todos lados como si en cualquier rincón pudiera aparecer lo que tanto temía o lo que anhelaba encontrar.

"Char, ¿me lo dirás?", insistió de nuevo, pero una vez más Charlotte no respondió. "¿A quién estamos buscando?"

La castaña no pronunció palabra. En cambio, apretó con más fuerza la mano de Aoom, arrastrándola con decisión mientras avanzaban entre la multitud de gente borracha y fuera de control que reía, gritaba y se empujaba en ese lugar.

"Aquí está horrible", soltó Aoom, abrumada, frustrada de no recibir ni una sola respuesta sobre por qué estaban allí.

Definitivamente ese lugar no era para ellas, mucho menos para Aoom, que apenas tenía 19 años. El ambiente estaba saturado de humo, risas siniestras y situaciones turbias que sucedían en las sombras de los rincones. Aun así, continuaron caminando, hasta que subieron unas escaleras que las guiaron hacia el siguiente piso.

Arriba, el ambiente parecía más claro y algo más tranquilo en comparación con el desastre del nivel inferior. Fue allí cuando los ojos de Charlotte se abrieron de par en par y sintió cómo su corazón se hundía. Porque, al fondo de la sala, en unos sillones de cuero negro, finalmente vio a la persona que estaba buscando.

"¿Por qué nos detenemos?", preguntó Aoom y rápidamente intentó seguir la dirección de la mirada de Charlotte. Se fijó en la escena, pero aún así no entendía nada; todo seguía siendo confuso y desconcertante.

Engfa estaba allí, acompañada por un par de chicas que se pegaban demasiado a ella, abrazándola con descaro, mientras parecían dormirse a su lado como si fueran parte de su espacio.

Charlotte sintió una punzada clavarse en el centro de su pecho, una espina que se hundía más y más con cada segundo. Su incomodidad se transformó en un ardor insoportable, y ese ardor en rabia pura. Los celos no solo la quemaban, sino que encendían en ella un fuego de ira que crecía sin freno. Estaba a punto de lanzarse hacia Engfa, de dar un paso adelante y arrancar de raíz lo que la consumía, cuando alguien la llamó y la detuvo.

"¡Char, me alegro de que estés aquí!" Meena apareció corriendo hacia ella, con una sonrisa nerviosa y el gesto claramente avergonzado por lo que estaba ocurriendo en ese lugar.

"Meena, gracias a Dios", la saludó Charlotte con un leve respiro de calma al verla.

"Siento haberte llamado a esta hora", se disculpó enseguida en cuanto estuvo frente a ellas. "No deberías estar aquí, no en las condiciones en las que te encuentras, pero no sabía a quién más acudir. Llamé a Tina mil veces y nunca contestó, así que tú eras mi segunda opción" La miró con lástima, como si odiara haberla arrastrado hasta esa situación. -"Perdón", repitió en voz baja.

"Está bien, no te disculpes, gracias por avisarme", respondió Charlotte, aunque de inmediato volvió a fijar su mirada en Engfa. Su piel ardía como si todo su cuerpo se encendiera, sus labios se fruncieron con fuerza y sus ojos se deslizaron, filosos, hacia aquellas chicas que seguían apoyadas en ella.

La molestia se asentó más profundamente, pesada y asfixiante. Odiaba verlas tan cerca de Engfa. Pero lo que más odiaba era ver a Engfa en ese estado, vulnerable, expuesta de esa manera.

"Ella no vino sola", comentó Meena entonces, dirigiendo la mirada hacia la joven que acompañaba a Charlotte. "Y tú tampoco...", murmuró para sí, notando al fin la presencia de Aoom.

La chica había permanecido completamente en silencio, invisible hasta ese momento, incapaz de comprender lo que pasaba frente a sus ojos.

La chica había permanecido completamente en silencio, invisible hasta ese momento, incapaz de comprender lo que pasaba frente a sus ojos

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𝕸𝖎 𝖇𝖔𝖓𝖎𝖙𝖆 𝖞 𝖆𝖉𝖔𝖗𝖆𝖇𝖑𝖊 𝖆𝖟𝖆𝖋𝖆𝖙𝖆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora