Seguía preocupada por Ethan, quien se había encerrado en su habitación y solo salía para comer conmigo, aún que a veces ni siquiera lo hacía. Intenté indagar y preguntarle si existía algo más que lo estuviese ahogando de esa manera, como para que decidiera aislarse en una burbuja y no quisiera hablar conmigo tampoco. Después pensé que la mejor opción que tenía era no hacer ningún tipo de movimiento porque entendía que estaba vulnerable, y esperaría a que se recuperara y saliera a hablar por su cuenta. A veces es mejor no presionar a las personas, cada una tiene un proceso distinto, y a algunas les cuesta más que a otras aceptar lo que están sintiendo.
Sin embargo, aquella angustia que se había plantado en mi pecho, pesándome como ninguna otra cosa, estaba ahí; molestándome. No podía dejar de pensar en él y en que estaría haciendo mientras me ausentaba por las mañanas cuando entraba a clases. Necesitaba prestar atención a lo que el profesor explicaba frente a nosotros, pero nada de lo que hacía resultaba para bien.
—Mm, discúlpame, ¿Estás bien?, ¿Quieres un poco de agua? Te ves mal —dijo un chico que estaba a mi lado y que no conocía.
Asentí tomando la botella que me había pasado, y sin mirarlo aún, la abrí y bebí tragos rápidos y grandes hasta que sentí que me ahogaba. La garganta se me había cerrado de nuevo, e impedía el paso del agua que tanta falta me hacía. Mi boca estaba seca, y el liquido se absorbía y desaparecía sin dejar rastro, pero no pude seguir. Toqué mi cara con mis manos que estaban frías. Estaba caliente, hirviendo, y por ratos me envolvía el pánico que me generaba percibir la forma tan rara en la que me hormigueaba el rostro.
—Gracias —dije en voz baja.
No lo vi, así que no sabía que reacción había puesto ante lo que estaba presenciando. Pensaba en que quizá sentía lastima al verme así, o que era una maldita loca que no soportaba estar encerrada en un salón con más de cincuenta personas a mi al rededor. Trataba de no darle tanta importancia, pero mi mente siempre jugaba en contra haciéndome sobre pensar todo. Por eso, cuando termino la hora, salí casi corriendo hacía fuera, necesita respirar aire fresco, aire de verdad porque estaba sofocada.
Caminé por todo el campus hasta que llegué a uno de los banquitos de madera que estaba en el gigantesco patio, de lejos podía ver como habían grupos de personas sentadas en el césped, mientras hablaban de quien sabe que cosa. Las caras desconocidas me enloquecían aún más, y comenzaba a preguntarme porque de repente me había sentido tan mal. Grey me había enviado un mensaje anoche diciéndome que no la esperara porque estaba enferma, que no soportaba el dolor de panza, y estaba segura de que había ingerido algo que no debía.
Hice movimientos en círculos con mis hombros, intentando relajar mi espalda que estaba tan tensa como dura. Me enderecé, e hice lo mismo con mi cuello. Estaba siendo una tortura. Inspiré profundo contando mentalmente, y solté el aire tan lento como me lo permití.
—¿Estás bien? —Oí la misma voz masculina que me convidó un poco de agua.
Esta vez si tuve el valor suficiente para voltearme y mirarlo, si no lo hacía, iba a sentirme peor, porque tal vez pensaría que lo estaba ignorando.
—Mejor que hace rato, sí —Respondí con sinceridad.
Era un chico que aparentaba estar por encima de los veinticinco, o quizá solo se veía mayor por la forma en que vestía. Era totalmente contrario a lo que estaba acostumbrada a ver, llevaba unos pantalones ajustados de vestir, un suéter marrón, y tenía su cabello demasiado corto, como si estuviese a punto de entrar al ejército. Su piel blanca como papel, y era rubio por donde lo mirase, hasta las pestañas las tenía de ese color.
—¿Segura? —Asentí —. Ah, perdón por ser descortés. Soy Mason Miller, ¿Y tú? —Tendió su mano para saludar y le correspondí.
—Maeve Harris.
—¿Harris? Ese apellido no es muy común por aquí, ¿De dónde eres?
—North Berwick, un pequeño pueblo costero.
—North Berwick..., me suena familiar. Siempre he vivido aquí pero soy nacido en Estados Unidos, mi familia se mudó a Edimburgo cuando yo tenía cuatro años, así que pido una disculpa por no ubicarme bien. Creo que me hace falta investigar un poco más.
—¿Y cuántos años tienes? —pregunté con curiosidad.
—Veintitrés —Casi.
— ¿Tienes veintitrés, y estás aquí desde los cuatro, y no sabes sobre North Berwick? Guau.
—Bueno, admito que no me he interesado casi por el lugar —Se encogió de hombros.
—Vale.
—¿Sería muy precipitado que te pidiera tu número de teléfono?
Lo miré con seriedad durante unos segundos que resultaron eternos, mientras pensaba en que si era buena idea o no. Primero debía asegurarme de que fuese en plan de amigos, porque la verdad era que no tenía ganas de enrollarme con alguien aún. No necesitaba que las cosas se fueran más al carajo intentando algo como eso.
—¿Y por qué quieres mi número?
—Solo para charlar y quedar, ¿No te apetece salir a tomar café? —Rodó sus ojos al notar mi cara de desconcierto —. En resumen, para ser amigos.
—Acepto —dije sin pensar.
Mientras le dictaba mi número, me levanté para meter la libreta que traía en mi mano, en la mochila, y la coloqué en mi hombro. Cuando terminé, me despedí de él diciéndole que debía largarme en cuanto antes porque si no, llegaría tarde para almorzar con Ethan. Como era de costumbre, me pregunto por su existencia, y le contesté con una sonrisa ensanchada que era mi mejor amigo desde que apenas éramos unos niños, y que quería hacerle compañía porque él no se encontraba muy bien. Mason lo entendió, y se ofreció a llevarme hasta el departamento en su auto. Estaba por negarme cuando sentí una gota caer y mojar mis anteojos.
—No puedes negarte, esta apunto de llover —Sonrió con diversión.
—Bueno, solo por hoy, Mason, no me gusta abusar de la gente y su bondad —dije con un tono sarcástico, y él lo entendió a la perfección.
—Que buen humor —Reía mientras me guiaba hacía su auto.
En el camino nos vimos envueltos por el silencio y disfruté de ver como la lluvia azotaba la ventanilla del auto. Apoyé mi mentón en mis manos, sumergiéndome en mis pensamientos, en aquellos en los que solo existía una persona: Ethan, mi mejor amigo, mi persona favorita en el mundo. Pensaba en que estaba siendo una pésima amiga, ya que debía buscar la manera de hacer que saliera de la cama, y que dispersara su mente. Él era un poco como yo, de sobre pensar, sobre exigirse, y en consecuencia, terminaba sobreviviendo. La diferencia es que aun que hiciera hasta lo imposible, Ethan tenía algo que a veces me hacía odiarlo: era terco, orgulloso, y obstinado. Todo estaba mal si él lo decía, y solamente su tenía validez su perspectiva si así lo quería. No recibía ayuda de nadie, y así que sabía que ni aun que se encontrara en el peor de las situaciones, se levantaría y se acercaría a contarme que era lo que le sucedía.
Probablemente Ethan, no lo sabía, pero él estaba en mi mente las veinticuatro horas del día, incluso cuando lo tenía a mi lado. Era como si hubiese querido entrar a su cabeza y observar y conocer todo ese lado de él que no me dejaba a veces. Su lado humano, el real. Aquel que seguro era más vulnerable y sensible de lo que mostraba, ese que era cursi, detallista, romántico. Ese que tenía todas esas cosas magníficas que lo hacían ser diferente al resto. Esas cosas que en silencio me gustaban...
Cuando Mason estaciono, me despedí de él agitando mi mano y dándole las gracias por haberme llevado hasta allí. Troté por las escaleras para llegar más rápido a nuestro piso, ese que comenzaba a convertirse en nuestro hogar poco a poco. Puse la llave en la puerta, la giré, y la empujé. Ya dentro, mi nariz volvió a llevarme a ciegas hasta la cocina. Todo el lugar olía a salsa de tomate.
—¿Ethan? —pregunté.
—Maeve —Sonrió al verme atravesar la puerta —. Llegaste antes.
—Olvide avisarte. Me ha traído Mason en su auto.
—¿Y quién es ese? —preguntó con un tono extraño. Como si algo se le hubiera atascado en la garganta.
—Ah, un compañero que he conocido hoy.
—Ah.
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Latidos que mantuve en silencio.
RomanceMaeve, es una chica que apenas esta saliendo de su adolescencia. Ella siempre ha soñado con tener un compañero, y se la ha pasado en su corta vida, buscando y tratando de encajar con chicos que ella creía que eran correctos. Se negó internamente a a...