07: ETHAN.

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Mason, Mason, Mason. Aquel estúpido nombre retumbaba por todas las paredes de mi mente, y no encontraba la manera para que eso dejase de suceder. ¿A quién se le ocurre ponerle Mason a un hijo?, ¿Es que acaso no lo quieren? No sé. Lo único que sabía era que ese nombre me asqueaba, y empeoró cuando comencé a escucharlo por todos lados. ¿Cuántas personas en Edimburgo tenían el mismo? Tal vez Maeve, había estado hablando demasiado de su nuevo "amigo", tanto que estaba empezando a molestarme.

Estábamos entrando a Septiembre, y fue entonces cuando me di cuenta de que había perdido la noción del tiempo. ¿Cómo un mes podía irse demasiado rápido? Lo sentí como un pestañeo, como si apenas hubiese pasado un segundo de todo lo demás. En el departamento las cosas seguían su curso: Maeve, iba y venía de la universidad por las mañanas, y yo la esperaba con el almuerzo listo, porque así podíamos compartir la comida juntos antes de que me marchase a la misma rutina de estudio que últimamente sentía que no terminaba de adaptarme por completo.

Ella estaba siendo muy paciente conmigo. No me encontraba bien, pero admitirlo no era uno de mis planes del momento, quizás en el fondo no quería preocuparla. Además, amaba verla avanzando en aquel nuevo mundo que de cierta manera, a veces era difícil de sobrevivir, así que quería que Maeve, se mantuviera así; contenta, y con ganas de comerse al mundo. No obstante, existía algo que no terminaba de encajar.

Mason. El chico que mi mejor amiga había conocido en la universidad, y que no tenía pinta de que le gustase la literatura. Parecía el típico niño de mamá que se la pasaba obedeciendo y haciendo todo lo que sus padres quisieran porque "ellos saben que es lo mejor para los hijos". Maeve me lo había presentado hacía varios días atrás, con la excusa de que debían terminar un trabajo para no sé que clase, y que no podían ir a su casa ya que a su querida madre no le gustaba que él llevara chicas. Acepté, pero solo porque ella me lo había pedido casi rogándome, y porque intenté entrar en razón y sabía que todo eso también le pertenecía a mi mejor amiga, y que tenía derecho de llevar a quien quisiera, aun que en el fondo hubiese preferido que invitara a su amiga Grey, con quien me llevaba un poco mejor. Sin embargo, prefería no decirle nada acerca de lo que pensaba.

Y, como venía sucediendo en estos últimos días, sabía que ahora estarían juntos en el departamento, y aun que no quisiera sentirlo, me disgustaba la idea.

—Deberías decírselo —espeto Juliette.

Había logrado disculparme con ella por la actitud que había tomado la otra vez, le dije la verdad, el como me sentí con ese comentario innecesario que hizo sobre mi amistad con Maeve. Juliette las acepto gustosa y me imitó, solo que en el fondo intuía que ella seguía sin creer absolutamente toda la historia, pese a que había omitido contarle la parte en la que sucedieron cosas que sobre pasaron la barreras de los amigos.

—Debería, pero no puedo.

—Anda, porque si me llevaras a mí, a tu mejor amiga se le desfiguraría el rostro.

La observé con gracia, y reí con ganas.

—En eso tienes razón. Maeve, es muy celosa.

—¿Ves? Por lo que me has contado, parece que ambos se conocen tan bien que podrían tener una conversación madura sobre esta situación. Además, supongo que algo debe tener ese tal Mason, para que no te agrade.

—Te contaré esos detalles otro día. Ahora debo irme —dije mirando la hora —. Ya es tarde, y si te soy honesto, mi batería social está apenas.

—Tranquilo —Sonrió —. Yo tengo que quedarme para retirar algo de la biblioteca. Ve con cuidado, Ethan.

Traté de devolverle la sonrisa, pero salió como una mueca, una que no transmitía nada. Pensé en lo raro que se escuchaba cuando alguien más pronunciaba mi nombre al final de una oración, y que no me había percatado hasta ese instante, que solo me parecía perfecto cuando venía de Maeve. En realidad, todo lo que ella hiciese conmigo estaba bien.

Latidos que mantuve en silencio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora