10: ETHAN.

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Había llamado a mi madre para contarte todo lo que había sucedido, y por supuesto, no se negó en lo que le pedí. Le dije la verdad acerca de lo que mi corazón llegaba a sentir de solo imaginarme que Maeve, podía irse de lo que se estaba convirtiendo en nuestro hogar, que además no me sentía tan bien últimamente, y lo que más necesitaba era que ella me acompañase en ese proceso que estaba atravesando para poder adaptarme a un nuevo entorno, a una nueva vida.

Mi mamá lo había entendido a la perfección. Desde niño había sufrido ataques de pánico, gracias a que desarrollaba cuadros de ansiedad severos con tan solo ocho años. Siempre fue una tortura para mi, tener que soportar cada síntoma que aparecía de imprevisto. Todo comenzó cuando tuve un accidente mientras viajábamos a Londres en el auto de mi padre. Apenas era un niño, para mi todo era increíble, e iba a ser la primera vez que visitaría aquella ciudad de la que mi familia tanto hablaba, pero, mis sueños se vieron arrebatados esa misma tarde en la que nos encontrábamos cantando las canciones de un grupo musical que a mi padre le gustaba, pero que yo desconocía, y de igual manera entonaba. Cuando menos lo esperamos, un camión de carga de alguna distribuidora de refrescos nos embistió por detrás, justo en donde estaba yo. Después de aquel accidente, estuve en rehabilitación física y psicológicamente, ya que me había quebrado el brazo, y una pierna que me costo mucho volver a ponerla a caminar. También, mis padres me habían conseguido una terapeuta, así que había comenzado a ir a las sesiones una vez a la semana, hasta que decidí encerrarme en mi habitación y no salir de ella nunca más.

Definitivamente, mis papás habían lidiado muchísimo conmigo de niño, y sentía que lo seguían haciendo, porque ambos llegaban a hacer cualquier cosa con el afán de verme bien, quizá con la esperanza de que en algún momento volviese a ser el niño feliz e inocente que fui antes de aquel incidente que solo nos terminó por llevar a más problemas.

Después de haber colgado la llamada, corrí hacía la habitación de mi mejor amiga de nuevo, quien se encontraba desempacando otra vez toda la ropa que había metido antes de que descubriera la noticia que su familia le había dado. La tomé de sorpresa por detrás, abrazándola fuerte, dejándola casi sin aire.

—Te lo he dicho Maeve, todo está bien —Susurré en su oreja, tan cerca que percibí como se le erizaba la piel, y eso hizo que mi estómago se retorciera.

—¿En serio?, ¡No puedo creerlo! No tienes ni idea de lo feliz que haces, Ethan...

Sonreí al ver su rostro tan cerca del mío. Su respiración se encontraba con la mía mientras se entrelazaban bailando en el aire. No me resistí mucho tiempo y apoyé mi frente en la suya, cortando los pocos milímetros que nos separaban, acaricié su nariz con la mía. Sentía nuestras respiraciones pausadas por unos momentos, y después se volvían agitadas cuando nuestras miradas se encontraban en ese espacio, en ese instante tan..., perfecto. Tan único. Tan eterno.

—¿Te hago feliz, Maeve? —pregunté aún sin quitarme de encima.

—Inmensamente feliz.

De repente, el impulso de romper aquella pared invisible que nos separaba apenas de lo cerca que estábamos, me invadió. Quería desafiar al espacio y al tiempo, quería sacarme las dudas tan grandes que tenía acerca de todo lo que me había estado dando vueltas en la mente y en el corazón. Necesitaba besarla. Necesitaba hacerle todo lo que me permitiese ella, todo lo que quizá escondíamos (o, al menos guardaba la esperanza de que Maeve, se sintiera igual que yo al tenerme así de cerca), pero no podía, no iba a permitirme a mi mismo hacer eso y arruinar todo lo que habíamos construido juntos. Un paso en falso e íbamos a derrumbarnos entera y completamente.

—¿Ethan? —preguntó en el medio del silencio —, ¿Qué pasa?, ¿Por qué me miras así?

—¿He?, ¿Cómo te estoy mirando según tú? —pregunté mientras la tomaba de los mofletes grandes que tenía.

—A-así; tan intenso...

—¿Y qué piensas que me podría suceder?, ¿Acaso es un delito contemplarte así? —Sin darme cuenta, estaba añadiendo más intensidad a la situación.

—Vale, mírame todo lo que quieras —Bromeó haciendo un gesto gracioso que corto el ambiente de tensión que había entre ambos, e inevitablemente comencé a reír.

—Qué boba eres —dije alejándome de golpe, y noté lo rojiza que estaba su cara.

—Y me quieres así.

—Toda la vida, Maeve.

Me di cuenta de que algo andaba mal, en el momento exacto en el que sentí que algo dentro de los pantalones me molestaba. Me disculpé con mi mejor amiga, y corrí hasta el baño. Cerré la puerta con llave, y con el corazón en la boca, me bajé el pijama, encontrándome con algo a lo que más le temía: la tenía parada, y dura. Estaba excitado, y en mi interior deseaba contacto con una mujer, y eso me asustaba tanto que hacía que me sudaran las manos de solo pensarlo. Empeoró la sensación cuando acepté que estaba así por Maeve, mi amiga de siempre.

Me rehusé a tener que masturbarme para bajar mi miembro, porque no quería tener que imaginarla en todas las poses posibles en las que la pondría. Me sentía sucio, pero el problema era que tampoco quería que ella se diera cuenta del estado en el que estaba. El pánico y la ansiedad habían vuelto a mí, en realidad, creo que nunca se habían ido. Necesitaba pensar con claridad, analizar las cosas, y por sobre todo; realizar un plan para poder controlar mis emociones que estaban a flor de piel, que me hacían parecerme a esos adolescentes que apenas estaban descubriendo el mundo sexual. No quería asustarla, porque me conocía a mi, y sabía que a veces no podía controlarlo todo, casi siempre las situaciones se me iban de las manos, y no podía dejar que ahora pasara con ello.

Inspiré hondo intentando relajarme, pero me tarde un poco, y al parecer Maeve, no tenía ganas de esperar más tiempo para almorzar. Toco la puerta varias veces hasta que abrí.

—¿Qué haces? —preguntó inocente —. ¿Qué te parece si nos arreglamos y salimos a hacer un almuerzo-merienda? Podemos hacer un picnic en Princess Street Garden, he investigado sobre el lugar, y es una buena opción, al menos que quieras caminar hasta el castillo y el rio Forth —dijo con picardía.

—Estás loca si crees que caminaré hasta allá. Además, para ir hasta el rio Forth, necesitamos hacerlo desde muy temprano —Respondí pensativo —. Así que iremos a ese lugar que dices, pero te prometo que otro día visitaremos el castillo y lo demás.

Ella pegó un grito pequeño de emoción, y sonreí con ternura al verla comportándose como una niña consentida, y me gustaba ser quien lo hacía. Sentía como si el corazón me quisiera explotar de tanto amor que me generaba el simple hecho de verla siendo ella, y como no le daba verguenza mostrarse como realmente era.

Más tarde, después de pasar casi una hora en nuestros dormitorios alistándonos, y arreglándonos, al salir, comenzamos a reírnos al notar que teníamos el mismo estilo y los mismos colores: formal, y casual a la misma vez, y de tonos marrones claros y oscuros, y por supuesto, blanco. Maeve, se veía preciosa con aquella falsa marrón y aquel escote ajustado que resaltaba sus curvas sin hacerla ver vulgar. Llevaba su cabello recogido en un moño, y era la primera vez en mucho tiempo que veía su rostro descubierto.

—Guau —espeté dejando caer mi mandíbula, y me saqué las gafas negras que traía puestas.

—No seas sarcástico, y mucho menos dramático, Ethan —Me asesinó con la mirada.

—No lo soy, pero es que estás demasiado hermosa —Sonreí con ella cuando se lo dije —. Te sienta muy bien el cabello recogido, por cierto.

—Vale, no es necesario mentir.

—¿Cuándo te he mentido yo?

—Nunca.

—¿Entonces?

—Es que nunca me ha gustado como se me ve, pero hoy quise intentarlo.

—¿Y te gustó?

—Aún no me convence.

—Deberías hacerlo más seguido, me gusta ver tu rostro completo, tienes facciones muy tiernas, Maeve —La besé en la mejilla y la dejé atrás dirigiéndome a la cocina para preparar todo en la canasta —. Y no, no te lo digo solo por ser tu mejor amigo. Te lo estoy diciendo porque es la verdad.

—Gracias, lo tomaré —Se acercó a mi siendo tan tímida que me sorprendió —. Tú también estás muy guapo, ¿Ya te lo había dicho?

Latidos que mantuve en silencio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora