Ethan y yo estuvimos discutiendo por días, ambos dijimos que no estábamos enojados el uno con el otro, pero nos mentimos, y detrás de esas mentiras, se escondían mil verdades. No podíamos vernos la cara porque automáticamente nos enojábamos, sin razón aparente en el momento, o eso preferíamos pensar. En realidad, si existían muchas cosas por detrás, solo que, en eso éramos expertos: en ocultarnos cosas, así es como nuestra amistad funcionaba últimamente.
Tuve una crisis de ansiedad, nada que no conociera, pero me seguía asustando como la primera vez, como cuando tenía dieciséis años. La diferencia era que ahora se hizo presente a través de la irrealidad y la despersonalización. Me encontraba en otro universo, todo se sentía como si estuviese en un maldito sueño. Estaba en mi cama llorando, mientras observaba con atención mis manos, las movía lentamente, y trataba de sentir para convencerme de que estaba viva. Me tocaba el cabello, el rostro, tratando de que eso me volviese a la realidad. Nada servía.
Había llamado a Ethan, a través del móvil, porque no quería moverme de mi habitación, me sentía extraña, y me daba miedo no poder controlar el llanto. No estaba bien, esa no era yo, nunca había experimentado la despersonalización. Fue entonces cuando me percibí distinta, como si fuera una observadora externa, que no pertenecía a mi cuerpo, incluso estaba desconectada de mis emociones y sentimientos, de todo el mundo. En cambio, aquella sensación de estar soñando ya me era bastante familiar, solo que con lo demás, la situación empeoraba.
Mi mejor amigo me atendió en ese preciso instante, y segundos después apareció corriendo por mi puerta. Se acostó a mi lado sin decir nada, pero con la intención de ayudar a calmarme. Escuchó atentamente todo lo que le decía, aun que hasta ahora sigo sin entender como hacía para comprenderme, ni siquiera lograba hablar con claridad cuando estaba en crisis. Balbuceaba, jadeaba, y me ahogaba en las lágrimas, y aún así, entendía lo que me pasaba. Él era mi héroe.
—Mi purecito, estás en una crisis de ansiedad —dijo con calma, dejando de lado las diferencias que habíamos tenido días atrás por un tema bastante tonto —. Respira lento y pausadamente, ¿Alguna vez te enseñé a tener una zona de confort en tu propia mente? Es una técnica que me ha servido demasiadas veces.
Intentaba seguir sus indicaciones con los ejercicios de respiración. Estaba desesperada, quería que todo acabase pronto. Pensaba en que todo eso sería eterno, que jamás volvería a recuperarme. Volvía a convertirme en esa adolescente con miedos que había sido antaño, y me preocupaba que aquellos pensamientos que tenía en ese entonces con respecto a mi equilibrio emocional en el futuro, se estaba cumpliendo.
—Trato de entender lo que me dices pero mi cabeza está ardiendo en el infierno ahora —dije sin poder dejar de llorar.
—Ok, ok... —Se puso pensativo por unos segundos y luego volvió a hablar —, ¿Me estás escuchando?
—Sí.
—Hazme caso en todo lo que te diga.
—Lo haré.
—Bien..., ahora quiero que imagines un lugar lindo, el que más te guste.
—¿Puede ser un lugar como los de Suiza o Noruega?
—Claro que sí —respondió. Él miraba el techo, tratando de no presionarme demasiado, y tal vez también queriendo imaginar junto a mí —, ¿Qué es lo que sientes cuando piensas en esos lugares?
—Depende el clima.
—Visualiza y cuéntame que es lo que ves.
Cerré mis ojos, aún seguía en la misma posición sobre la cama, justo frente al reloj que tenía colgado arriba del espejo, y el que miraba a cada rato esperando a que las horas pasaran rápido, ya que tenía la certeza de que con los días aquella sensación horrible se esfumaría, o, al menos esa es la esperanza que Ethan, me habían dado.
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Latidos que mantuve en silencio.
RomanceMaeve, es una chica que apenas esta saliendo de su adolescencia. Ella siempre ha soñado con tener un compañero, y se la ha pasado en su corta vida, buscando y tratando de encajar con chicos que ella creía que eran correctos. Se negó internamente a a...