09:ETHAN.

11 1 0
                                    

Había pasado toda la noche llorando después de escuchar a mi "mejor amiga", defender a un chico que apenas llevaba un mes conociendo. Mason, no me gustaba por diversas razones, y una de ellas es que era un inmaduro, completamente. Intenté serle sincero a Maeve, por primera vez en mucho tiempo, y lo único que recibí de ella fue que se molestara conmigo, así que decidí que lo mejor sería callarme todo lo que tuviese para decir de él. Eso sí, si llegaba a hacerla sentir mal, iba a hacer que se arrepintiera de por vida. 

Mi llanto de debía más a que sentía que ella estaba rompiéndome el corazón, y no sabía como explicarle eso, que estaba vulnerable, y que cualquier cosa que hiciera me dolía como si me estuviese matando a puñaladas en el pecho. Me preocupaba que la situación siguiera, porque entonces solo lograba confundirme más, o quizá todos mis sentimientos estaban confirmados, y el problema era yo, quien no quería aceptar como eran las cosas. Tenía miedo, mucho miedo. 

Después de haber pasado por una crisis de ansiedad que no me dejó dormir hasta altas horas de la madrugada, me quedé profundamente dormido. Cuando me desperté, lo hice sobresaltándome. Miré la hora y maldecí en voz alta, eran las doce del medio día, había pasado de largo, y tenía que cocinar, no podía dejar a Maeve, con el estómago vacío, o que comiera lo primero que encontrara en el refrigerador, porque sabía que era capaz de hacer eso. 

Me coloqué con rapidez las pantuflas, y salí de mi habitación casi corriendo, sin importarme como estaba saliendo de allí; con un pantalón de pijamas a cuadros rojos y negros, con el torso desnudo, y con mi cabello hecho un desastre. Ni siquiera había tenido la decencia de lavarme un poco la cara. 

Casi me caí cuando tropecé en el pasillo con una maleta que estaba en la puerta de la habitación de Maeve. Sentí que me ahogaba ahí dentro. El corazón me latía tan rápido que pensé que estaba con taquicardia por el miedo que tenía en el momento. 

—¿Y esto? —pregunté, sin querer saber la respuesta realmente —. Maeve, no me digas que es por la discusión que tuvimos anoche, porque...

—No —contestó sin mirarme. Ella estaba sacando aún algunas prendas del armario —. Es por otra cosa muy ajeno a lo que ocurrió anoche. Lo siento Ethan, lamento haberte hecho sentir mal, y también lamento esto, pero tengo que irme, tengo que volver a casa.

No sé por cuanto tiempo estuve parado en su puerta, viendo como caminaba de un lado al otro buscando quien sabe que. Estaba tratando de procesar la situación, y de entender por sobre todas las cosas el porqué Maeve, estaba yéndose. No debía, no quería que se fuera, no de nuestro lugar, ¿Cómo sobreviviría a esa ciudad sin ella?, ¿Quién me recibiría con una sonrisa cuando llegara cansado de la universidad? Aquello que estábamos viviendo había sido una decisión tomada por ambos, algo que nos llevó tres años en ponernos de acuerdo sobre lo que íbamos a hacer con respecto a nuestros estudios. Habíamos descubierto juntos las pasiones que teníamos, y debíamos seguir descubriendo juntos el mundo entero. No podía dejar que atravesara esa puerta, sin importar cuales fueran sus razones para hacerlo. 

—No te irás a ningún lado, Maeve —dije con firmeza —. Primero quiero escuchar la verdad, ¿Qué sucede? —Me acerqué a ella y la miré fijamente. 

Inhalaba y exhalaba aire de forma constante, como si intentara llenar sus pulmones. No me miraba, no como solía hacerlo, así que supe que algo andaba mal, y no era precisamente con nosotros dos. 

—Tú ganas —Se dejó caer en la cama y la imité —. Mi mamá me llamó anoche, y me ha dicho que Isabella, tiene cáncer, que decidieron ayudarla con los gastos, y que ya no podrán seguir pagando mi parte de todo esto, así que aun que yo no quiera, debo irme —espetó dejando caer las lágrimas que estaba forzando en retener —. Me gusta este lugar, Ethan, y me gusta estar contigo, pero son decisiones de ellos, y debo hacer lo que me piden. 

Latidos que mantuve en silencio.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora