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Hinata estaba tan cansada que apenas podía pensar, así que tomó una ducha caliente que la revitalizó lo suficiente para poder concentrarse en la cena

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Hinata estaba tan cansada que apenas podía pensar, así que tomó una ducha caliente que la revitalizó lo suficiente para poder concentrarse en la cena. Después de cenar una sopa y medio bocadillo de mantequilla de cacahuete, se sintió casi humana, casi. Lo único que la mantenía despierta era el hecho de estar esperando a Naruto. Pensó en tumbarse en el sofá, pero si lo hacía, probablemente ni oiría el timbre de la puerta.

Entró en el estudio sin molestarse en encender las luces. Con las inmensas ventanas, la luz de la calle y de los anuncios de neón había iluminación suficiente. Vagó por la habitación, deteniéndose ante algunos lienzos, tocando otros, como una madre que acostase a sus hijos por la noche. 

Se detuvo ante la pintura de Sakura, situada en un caballete, y la miró un buen rato. Intentó captar algo del asesino, como qué estaba pensando mientras se encontraba junto a ella. ¿Qué tipo de hombre sería para deleitarse con la muerte violenta de una mujer?

Había sabido instintivamente otras cosas, como el aspecto de los zapatos pero, cuando intentaba captar la esencia del asesino se sentía como chocando contra un muro de piedra. Al otro lado de ese muro había algo pero no podía verlo.

Pensó que tal vez nunca terminaría el cuadro. Quizá sólo podía pintar dormida a las personas que conocía, personas cuyas imágenes ya estaban en su memoria. Sí el asesino era un desconocido, tal vez no podría reproducirlo.

Naruto volvió al cabo de una hora. Dejó una pequeña bolsa en el suelo y luego corrió el cerrojo. Hinata se quedó inmóvil, mirándolo. Se había quitado el traje y se había puesto unos vaqueros y una camisa negra. 

Hinata olvidó al instante lo cansada que estaba. En su mente siempre lo había visto con ese aire, sin el disfraz de un costoso y elegante traje. Las mangas cortas se ceñían a sus brazos, su mandíbula estaba sombreada con una barba y era el hombre más fuerte y más atractivo que jamás había visto.

—Eso es —dijo Hinata, al tiempo que hacía un esbozo mental—. Tengo que pintarte así.

Miró a su alrededor como si buscase el bloc de dibujo y apenas dio dos pasos hacia el estudio cuando él la abrazó por detrás y la levantó del suelo, estrechando su espalda contra sí.

—Esta noche no, cariño. Ha llegado la hora de acostarse. —Empezó a llevarla hacia el dormitorio.

Fue, tal vez, porque la boca de Naruto estaba tan cerca de su oreja o quizá algo chasqueó en su cerebro. De repente, se volvió y lo miró fijamente.

—Me has llamado cariño —le dijo.

—Claro —replicó él arqueando las cejas—. ¿Cómo crees que debería llamarte?

—Por mi nombre, Hinata.

Naruto le dio un rápido beso en los labios

—Me gusta decirte así, en especial a la mujer que amo. Si no te gusta «cariño», ya pensaremos en otra cosa.

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