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Kiran se quedó dormido poco después de confesarme sus sentimientos. Me quedé mirándolo en silencio, escuchando su respiración tranquila mientras su cabeza descansaba sobre mi hombro, y me di cuenta de que mi corazón latía más rápido de lo que quería admitir. Había dejado al descubierto sus emociones, me había mostrado una vulnerabilidad que no creía que existiera en él, y yo... Yo no había sabido qué decir.

¿Qué hubiera dicho si él me preguntaba si sentía lo mismo? La verdad es que ni siquiera yo tenía la respuesta. Era una situación tan improbable, tan imposible. Kiran estaba destinado a ser el esposo de alguien más, y aunque las palabras de su confesión habían quedado grabadas en mí, también sabía que su vida ya estaba trazada, y que el camino para él terminaba con alguien que no era yo.

Imaginé por un momento cómo sería si las cosas fueran diferentes, si alguna vez tuviéramos una relación real. Pensé en cómo se vería nuestra vida juntos, los momentos compartidos, las risas y, quizás, las discusiones. No podía negar que la idea me hacía sentir una mezcla de alegría y tristeza, porque, aunque en sueños podía imaginarlo, la realidad era que ese futuro no nos pertenecía. Él era Kiran Mehra, el futuro esposo de Priya, el hijo de una familia que esperaba de él lealtad y compromiso.

Con esa idea en la mente, poco a poco me fui quedando dormida, llevada por un sueño profundo y confuso, en el que mis pensamientos y emociones se entrelazaban como si trataran de encontrar respuestas que sabía que no tenía.

El sol apenas comenzaba a asomarse por la ventana cuando sintió una mano suave sacudiéndome el hombro.

— Elena... Elena, despierta —susurró la voz de Kiran, con un toque de diversión en el tono.

Abrí los ojos, y la primera imagen que vi fue la de Kiran mirándome con una sonrisa en los labios.

— Es hora de despertar, dormilona. Me quedaré atrapado aquí si no me dejas salir —dijo, sus ojos brillando con una chispa de diversión.

— Lo siento... —respondí, todavía adormilada y algo desorientada. Me incorporé lentamente y sentí el rubor subir a mis mejillas al ver la expresión de Kiran.

— Estabas durmiendo tan tranquila, debo decir que te ves incluso más hermosa así —comentó, su voz suave, y esa pequeña sonrisa burlona que tanto me conocía.

Bajé la mirada, sintiéndome avergonzada.

— Gracias, Kiran —murmuré, sin saber bien qué decir. Su risa baja me hizo alzar la vista, y, para evitar que se alargara mi incomodidad, lo acompañé hasta la puerta.

— Esta noche te espero en casa. Tú y tu familia están invitados para celebrar Diwali —me dijo, antes de salir. Había algo diferente en su tono, como si esta invitación significara algo especial para él.

Lo vi salir, y mientras cerraba la puerta, senti una mezcla de curiosidad y emoción. 

Diwali era una de las festividades más importantes en la India, conocida como el "Festival de las Luces". En esta celebración, las familias se reúnen, encienden lámparas y luces para simbolizar la victoria de la luz sobre la oscuridad y el triunfo del bien sobre el mal. La idea de formar parte de algo tan significativo, de ser invitada a una celebración tan íntima y especial, hizo que mi pecho se llenara de una cálida emoción.

Sentí que, de alguna forma, estaba siendo incorporada en algo mucho más grande que una simple fiesta; Era una forma de acercarme a esta cultura y, quizás, a él.

La noche de Diwali llegó con una atmósfera de luz y expectativa. La invitación de Kiran había emocionado a mis padres, especialmente a mi madre, quien parecía disfrutar de cada nueva tradición como si fuera una oportunidad para conocer un mundo nuevo. Nos vestimos para la ocasión; Yo había elegido un traje sencillo pero elegante, en tonos cálidos, que se ajustaba a la festividad. Al llegar a la casa de los Mehra, fui recibida por Amara, la hermana de Kiran, quien me saludó con una cálida sonrisa y me hizo señas para que la siguiera.

Bajo las 7 promesasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora