El primer día de las celebraciones de mi boda comenzó con una emoción que llenaba cada rincón de la casa de los Mehra. Desde el amanecer, podía escuchar el murmullo de voces, el tintineo de utensilios en la cocina y el suave sonido de la música tradicional que resonaba en la distancia. Era como si toda la casa estuviera viva, respirando en armonía con el significado de este día.
Me desperté temprano, los rayos de sol filtrándose a través de las cortinas de mi habitación. Apenas había dormido, pero no por cansancio, sino porque la emoción y los nervios me habían mantenido despierta. Hoy comenzaba oficialmente el viaje que me llevaría a convertirme en la esposa de Kiran.
Me levanté, y mientras me ponía un sencillo vestido de algodón, escuché un golpe suave en la puerta.
—¿Elena? —era la voz familiar de mi madre.
—Adelante, mamá.
La puerta se abrió, y allí estaba ella, con su rostro iluminado por una mezcla de orgullo y nostalgia. Me abrazó fuerte, y por un momento, ambas nos quedamos en silencio, disfrutando de la calidez del momento.
—¿Lista para el primer día? —preguntó con una sonrisa que no podía ocultar sus emociones.
—Creo que sí ¿Y tú? —respondí, aunque sabía que esta experiencia debía ser tan nueva para ella como lo era para mí.
—Bueno, tus abuelas están más emocionadas que cualquiera —dijo entre risas—No podían esperar para verte. Y Kath...Bueno, ya sabes cómo es, está lista para todo.
El escuchar sus nombres me llenó de calidez. Mis abuelas habían volado desde España y Venezuela para estar aquí conmigo, y mi mejor amiga, Kath, no había dudado en dejar todo para acompañarme. Tenerlas aquí hacía que todo se sintiera más completo, más real.
Cuando bajé al salón principal, el ambiente era completamente diferente al de los días anteriores. La decoración era vibrante y tradicional, con telas de colores brillantes que colgaban de las paredes y rangolis hermosamente diseñados que adornaban el suelo. Las lámparas de aceite encendidas creaban una atmósfera cálida y mágica.
—¡Elena, cariño! —la voz de mi abuela española, Carmela, resonó con su típico entusiasmo. Ella se levantó de un sofá cercano y corrió hacia mí para abrazarme, su perfume familiar llenándome de nostalgia.
—¡Abuela! —exclamé, devolviendo el abrazo.
—No puedo creer que mi pequeña niña se vaya a casar en este lugar tan exótico —dijo, con una mezcla de sorpresa y fascinación.
—¡Es maravilloso! —intervino mi abuela venezolana Isabel, mientras se acercaba—Mira estas flores, esta energía. ¡Es como estar en una película!
Ambas comenzaron a hablar al mismo tiempo, sus voces llenas de emoción mientras comentaban cada detalle de la casa y la decoración. No podía evitar reírme al verlas tan encantadas.
—Y nosotras aquí como locas, y mira a Kath tan tranquila, como si esto fuera algo normal, —añadió mi abuela Carmela, señalando a mi mejor amiga que estaba detrás de ellas, con una sonrisa en el rostro.
—Kath, no puedo creer que hayas venido, —dije mientras la abrazaba.
—¿Y perderme esto? Ni loca, Elena. Esto es como la boda del año —respondió, guiñándome un ojo.
La sala estaba llena de vida, con la familia de Kiran moviéndose de un lado a otro, organizando los últimos detalles. Incluso Amara estaba ocupada dando instrucciones a los músicos y decoradores. Era caótico, pero de la mejor manera posible.
*
La ceremonia del primer día era el Ganesh Pooja, un ritual diseñado para invocar las bendiciones del dios Ganesh y eliminar los obstáculos en el camino de la pareja. El altar estaba bellamente decorado con flores frescas, frutas y lámparas de aceite.
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Bajo las 7 promesas
Teen FictionElena García tenía su vida perfectamente planeada: terminar sus estudios, unirse a la empresa familiar y quizás algún día, dejar de ser la hija obediente para seguir sus propias pasiones. Pero un inesperado viaje de negocios a la India junto a su pa...
