El segundo día de las celebraciones comenzó con una explosión de colores, música y risas que llenaron cada rincón de la casa de los Mehra. Desde temprano, la energía vibrante del día se sentía en el aire. Las mujeres se movían de un lado a otro, ajustando los últimos detalles de la decoración, mientras los músicos afinaban sus instrumentos en el jardín principal.
Cuando bajé al salón principal, me encontré con un espectáculo que me dejó sin palabras.
La sala había sido transformada en un paraíso de colores y texturas. Las paredes estaban cubiertas con telas de tonos vivos como naranja, rosa y dorado, que caían en suaves pliegues, creando un ambiente cálido y acogedor. Los rangolis en el suelo eran obras de arte, diseñadas con polvos de colores y pétalos de flores, cada uno más intrincado que el anterior.
En el centro de la sala, había un gran cojín circular decorado con bordados dorados, destinado a mí, la novia.
A medida que llegaban los invitados, la casa cobraba aún más vida. La música tradicional hindú resonaba a través de los altavoces, mezclándose con las risas y las conversaciones animadas de las familias y amigos.
Amara fue la primera en notar mi llegada y corrió hacia mí con una sonrisa que iluminaba todo a su alrededor.
— ¡Por fin! Pensé que nunca bajarías, Elena.
Me reí suavemente mientras ella tomaba mi mano y me guiaba hacia el centro de la sala. Mi atuendo de hoy era una lehenga en tonos verdes y dorados, adornado con bordados intrincados que reflejaban la luz de las lámparas de aceite. Mi cabello había sido recogido en un elegante moño bajo, decorado con pequeñas flores blancas, y mis muñecas tintineaban con brazaletes de cristal.
— Te ves hermosa, —dijo Aarti, acercándose a mí con una sonrisa llena de orgullo—Hoy es tu día, Elena. Disfrútalo.
Mi madre y mis abuelas también estaban allí, observando todo con asombro.
—Esto es como una película. Elena, ¡mírate! ¡Pareces una princesa!
—Parece, no, Carmela. Lo es, —bromeó Isabel mi abuela, mientras ambas reían juntas.
Kath, mi mejor amiga, se acercó con una sonrisa traviesa.
—Esto es increíble, Elena. Pero, ¿estás lista para tener las manos inmovilizadas durante horas? Ahora si es el verdadero dia, no es una practica como la vez pasada. —dijo, señalando a los artistas de henna que ya estaban preparando sus herramientas.
—Supongo que no tengo otra opción —respondí, riendo mientras me sentaba en el cojín central.
Los artistas comenzaron a trabajar con precisión y paciencia, aplicando los primeros trazos de henna en mis manos y pies. Los patrones eran intrincados, con curvas y líneas que parecían contar una historia. Cada trazo me conectaba más con esta tradición, con este mundo que ahora también era parte de mí.
Amara se sentó a mi lado, observando con interés.
— ¿Sabes que las iniciales de Kiran estarán escondidas en el diseño? —preguntó, su tono lleno de diversión.
—Sí, y si no las encuentra, yo gano, ¿verdad? —respondí, recordando lo que me había explicado antes.
Ella asintió, riendo.
—Exacto. Aunque, para ser honesto, creo que Kiran es lo suficientemente terco como para no rendirse hasta encontrarlas.
Mientras los artistas trabajaban, los músicos comenzaron a tocar canciones tradicionales con dholaks (tambores) y flautas. Poco a poco, el ritmo cambió, y los invitados comenzaron a aplaudir y bailar al compás de la música.
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Bajo las 7 promesas
Teen FictionElena García tenía su vida perfectamente planeada: terminar sus estudios, unirse a la empresa familiar y quizás algún día, dejar de ser la hija obediente para seguir sus propias pasiones. Pero un inesperado viaje de negocios a la India junto a su pa...
