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Hoy era el día del Haldi , la ceremonia de la cúrcuma, una tradición que simbolizaba purificación, protección y bendiciones para los novios antes de la boda.

Cuando Amara tocó la puerta de mi habitación, ya estaba despierta, mirando por la ventana la suave luz de la mañana.

— ¿Lista para ser bañada en cúrcuma? —preguntó con una sonrisa burlona mientras entraba.

—No estoy seguro de estar lista para ser pintada de amarillo, pero supongo que no tengo otra opción, ¿verdad?

Amara se rió, jalándome de la mano.

—Definitivamente no. Este es uno de los rituales más hermosos y significativos. Y no te preocupes, te verás increíble, como siempre.

El patio trasero de la casa de los Mehra había sido transformado en un espacio íntimo y mágico. Telas amarillas y naranjas colgaban de los árboles, y había guirnaldas de caléndulas adornando cada rincón. Las lámparas de aceite colocadas en el suelo creaban un resplandor cálido que hacía que todo se sintiera como un sueño.

En el centro del espacio, había cojines dispuestos alrededor de un recipiente grande de cúrcuma, mezclado con aceite de sándalo y agua de rosas. El aroma era suave, calmante, como si todo estuviera diseñado para relajar el alma.

Mis padres, mis abuelas y Kath estaban sentados junto a la familia de Kiran, todos vestidos en tonos amarillos y dorados, como dictaba la tradición. Mi madre me saludó con una sonrisa cálida cuando me acerqué, y mis abuelas no pudieron contener su emoción.

— Hija, te ves hermosa, —dijo una de mis abuelas, mientras me ajustaba el cabello.

— Hoy es un día para disfrutar, Elena. Qué bendición es estar aquí contigo.

Aarti se acercó con una pequeña bandeja en las manos, sobre la cual había hojas de mango y pequeñas lámparas encendidas.

— Elena, este ritual es para purificarte y prepararte para el día de la boda, —explicó con una voz suave pero llena de significado— La cúrcuma no solo embellece la piel, sino que también actúa como un escudo de protección espiritual.

Me senté en un cojín en el centro, mientras Amara colocaba una guirnalda de flores alrededor de mi cuello. El primer toque de la mezcla fue de Aarti, quien aplicó suavemente la cúrcuma en mis mejillas, sus movimientos llenos de cariño.

— Que esta unión sea llena de amor y prosperidad, —dijo mientras continuaba.

Pronto, todos los presentes comenzaron a girarse para aplicar la mezcla en mis brazos, manos y pies. El momento estaba lleno de risas y emociones. Mis abuelas, aunque un poco tímidas al principio, pronto se unieron con entusiasmo, mientras Kath no dejaba de bromear sobre cómo intentaría evitar mancharse.

— Nunca pensé que haría esto en mi vida, pero aquí estoy, ayudando a mi mejor amiga a purificarse con cúrcuma. —dijo entre risas, mientras me aplicaba un poco en el frente.

Justo cuando pensaba que el ritual había terminado, escuché un murmullo entre los invitados. Me giré para ver a Kiran, de pie al borde del patio, vestido en un sencillo kurta amarillo que hacía resaltar su piel,  y su puerta elegante.

— ¡Kiran! No puedes estar aquí, este es mi momento, —dije, tratando de sonar seria, aunque no podía ocultar mi sonrisa.

—Solo quería asegurarme de que todo estuviera bien. Pero parece que estás disfrutando demasiado —respondió, cruzando los brazos con una sonrisa traviesa.

Aarti se acercó rápidamente, empujándolo suavemente hacia atrás.

— Kiran, esto es para la novia. Tu turno será más tarde. Ahora vete antes de que rompas la tradición.

Bajo las 7 promesasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora