El salón de los recuerdos

1.6K 64 4
                                        

*Disclaimer: tened clínex a mano si vais a leerla, tiene un fondo bastante triste. Os aviso por si queréis saltarla.

--

Nunca he sido un prodigio bailando. Siempre me he sentido asíncrono, fuera de tempo, con dos pies izquierdos. La música llegó a mí ser por otras vías, pero nunca a través del movimiento.

Siempre había sido así hasta ahora, hasta este mismo momento que parece, clichés aparte, mágico.

Las manos de Martin, de pie frente a mí, a solo centímetros de distancia, me cierran los ojos con delicadeza. Como todo lo que él hace, como todo lo que él es.

- Olvida cualquier cosa que estés pensando, deja la mente en blanco y solo siente –susurra.

Las notas invaden mis oídos mientras nuestras manos se entrelazan. Solo el salón, completamente vacío, es testigo de este instante.

Mi piel se eriza en cuanto mis pies, sin razón aparente, empiezan a moverse al compás del viejo tocadiscos. Cuando vuelvo momentáneamente a la realidad y soy consciente de mí mismo me paralizo.

- Déjate llevar y no abras los ojos. Fluye, mi amor.

Su voz apenas sube por encima de la música, como si no quisiera romper el hechizo.

La melodía nos envuelve mientras giramos y giramos. Los vaivenes nos descubren cada vez lugares nuevos de este inmenso salón. Nadie nos interrumpe, el tiempo se ha congelado y la vida nos concede este precioso momento.

Siento la presencia de Martin en cada rincón de mi cuerpo, en cada esquina de mi alma, en cada espacio de mi mente. La emoción es sobrecogedora y mis ojos se abren de golpe. Martin me mira con adoración. Sus ojos brillan más que cualquiera de las ostentosas arañas que cuelgan del techo. Su piel resplandece haciéndole parecer casi irreal. Sus manos sujetan las mías con tal suavidad y ligereza que pareciera que estoy acariciando el aire. El olor de las rosas frescas es tan embriagador que no sé si me mareo por ellas, por nuestros giros al ritmo de la melodía o por la cercanía con el amor de mi vida.

Las bromas y burlas que siempre hemos escuchado sobre el hilo rojo que nos une ahora me parecen una falta de respeto, cuando no puedo dejar de sentir que esta no ha sido nuestra primera vez aquí. No es la primera vez que pisamos este salón de baile; en otra vida, estas paredes ya fueron testigo de nuestro amor. No es la primera vez que siento que mi corazón está a punto de explotar con él entre mis brazos. Las notas ya no me son desconocidas, en ellas hay algo que me resulta familiar, que forma parte de mí.

El tiempo fuera sigue pasando, pero para nosotros se ha detenido. La magia se encierra, para siempre, dentro de este lugar.

- ¿Qué es esa música? –pregunta una señora.

- El señor a veces pasa algún tiempo en ese salón –le explico yo, con la tristeza escapándoseme en la voz.

- ¿Y no se puede visitar?

- Lo siento, pero esa estancia es la única de todo el castillo en la que no se puede entrar. Ni siquiera nosotras, las guías, tenemos permitido el acceso. Es completamente privada.

- Qué lástima –la señora mira con resignación el portón por el que se filtran las tristes notas de un vals.

- No sabe cuánto... -murmuro yo para mí.

Nadie tiene permiso para hablar de la historia del señor, a pesar de que todos los que trabajamos en este lugar la conocemos. Los turistas no necesitan saber que el bonito castillo que visitan era antaño el refugio de dos jóvenes amantes marcados por la tragedia. El más joven, agraciado con el don de la danza, murió a una edad demasiado temprana como para ser justa, dejando al mayor, dotado con una voz de ruiseñor, con la garganta llena de melodías tristes y la mente perdida entre la niebla que solo dejan los sueños rotos.

En días como estos, cuando un recuerdo de repente lo sorprende, se encierra en el viejo salón de baile donde tantas fiestas y celebraciones gozaron. El antiguo tocadiscos todavía suena para él, haciendo que vuelva a la vida, una vez más, el vals que siempre bailaban. Durante un momento el señor puede recordarlo todo, y vuelve a sentir lo que era la más absoluta y desbordante de las felicidades. Su corazón revive y se hincha en su pecho, solo para romperse poco tiempo después cuando por desgracia también recuerda que su gran amor ya no está con él en este mundo.

El hechizo se rompe. La luz de sus ojos se apaga junto con la ilusión. La niebla vuelve llevándose lejos los recuerdos y el dolor. El señor Bona abandona el salón cabizbajo, confuso. Con gesto amable saluda al grupo de turistas que esperan en el hall y se retira.

Desde la esquina del salón, al lado del apolillado tocadiscos, una presencia observa la escena.

- Nos vemos pronto, mi amor -susurra al viento.

El grupo de turistas se va y yo trato de que mis ojos, un día más anegados de lágrimas, no se hagan notar cuando me acerco a la puerta del salón. El señor Urrutia me sonríe con cariño antes de desaparecer.

El golpe seco de la puerta hace que una de mis lágrimas caiga. Para mi mala suerte, uno de mis compañeros lo nota y se acerca.

- Oye, ¿estás bien? -pregunta preocupado al ver mis ojos.

- Sí, es por el polvo del salón. Al cerrar la puerta siempre sale algo -me excuso.

- ¿Ha vuelto a meterse ahí? Deberían limpiar y tirar los muebles viejos que hay dentro. Y de paso esconderle la llave al viejo. Cualquier día se mata con alguna de las lámparas caídas o se tropieza con los harapos de los cortinones.

Sus palabras son hirientes y carecen de cualquier tipo de emoción, al menos bondadosa. No tengo ánimos ni para rebatir ni para explicarle la importancia de esa habitación. No todos los que trabajan aquí se esforzaron por entender la historia detrás del castillo y mucho menos la vida personal del señor Bona. Aunque también es cierto, que además de él, yo soy la única persona que todavía puede ver al señor Urrutia bailar dentro de ese triste salón.


--

Estaba demasiado melancólica cuando escribí esto, pero me daba mucha lástima dejarlo en borradores. Espero que no me odiéis por volver con una historia un tanto triste. Para vuestra suerte (y la mía), la hice corta.

Gracias por seguir aquí a pesar de que ya no puedo pasarme tan a menudo.

Alén 🖤

(01/12/2024)

MAJOSHOTSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora