Mi refugio

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El eco de los ensayos llenaba la Academia como un zumbido constante durante el día, pero por la noche, cuando el mundo parecía detenerse, un silencio especial se apoderaba del lugar. Fue en ese ambiente tranquilo cuando Juanjo descubrió un refugio en la terraza, buscando desesperadamente un lugar donde despejarse y aislarse un poco de la algarabía que sus compañeros habían montado en la habitación.

Aquella primera semana estaba siendo un caos: ensayos interminables, horarios, discusiones por las tareas, las cámaras, y una voz en su cabeza que no dejaba de repetirle que no estaba a la altura, cuando lo cierto era que en realidad sí lo estaba. Se escabulló con su libreta y su botella de agua, prácticamente sin que nadie se diera cuenta, sin saber que otra persona había tenido la misma idea.

- Ah, perdón —dijo Martin, deteniéndose en la puerta de la terraza al ver a Juanjo sentado entre las plantas, con su cuaderno y un bolígrafo en la mano—. No pensé que estuvieras aquí. Te vi salir y creí que irías a por agua...

Juanjo lo miró, sorprendido. Martin también parecía agotado, con el cabello más desordenado de lo habitual y unas ojeras tan marcadas como las de un panda. Aunque dudó un segundo, sonrió y se encogió de hombros. Buscaba algo de soledad, pero Martin no parecía tan mala compañía.

- Puedes quedarte si quieres. Pretendía dormir, pero creo que en la habitación todavía no están por la labor –explicó.

Martin lo pensó durante un momento, pero terminó colándose entre las plantas y sentándose a unos metros de él, justo del otro lado.

- No hace falta que lo jures... Me estaba empezando a doler la cabeza allí dentro.

Al principio no hablaron mucho. Juanjo repasaba mentalmente los acordes de "A tu vera", mientras Martin miraba el cielo a través del cristal, en silencio.

- ¿No te parece una locura? –preguntó rompiendo el hielo.

- ¿El concurso o que hayan puesto la Academia delante de un psiquiátrico abandonado? -preguntó de vuelta Juanjo, con una sonrisa, viendo el decrépito edificio de enfrente.

- Ambas, supongo.

Eso los hizo reír, y poco a poco las palabras comenzaron a fluir entre ellos. Martin le confesó lo inseguro que se sentía con "Tiroteo", una canción a la que no le veía gran cosa además de una clara nominación. Juanjo, notando la vulnerabilidad de su compañero, se sorprendió a sí mismo dándole ánimos.

- No te rayes en exceso. Solo tienes que hacerla tuya. La forma en que conectas con la música es lo que hace especial una canción y te he visto en los castings, eso tú lo tienes por naturaleza.

Martin asintió, agradecido y un tanto tímido ante el cumplido. Aquella noche, cuando salieron de la terraza, algo había cambiado. Aunque ninguno de los dos lo planeó, ambos volvieron al mismo sitio la siguiente noche, cuando todos sus compañeros ya estaban en cama.

La segunda semana fue una montaña rusa para Juanjo. Le habían asignado "Leave the Door Open" con Cris, y aunque adoraba la canción, el baile y la sensualidad implícita que había en ella lo hacían sentir completamente fuera de lugar. Después del último ensayo nocturno, frustrado porque los pasos de la coreografía no le salían con la suficiente naturalidad, había salido a la terraza donde Martin lo encontró.

- ¿Qué pasa? ¿Hoy no entramos a nuestro refugio vegetal? –bromeó sentándose a su lado en el sofá.

- Me siento ridículo -admitió Juanjo, mirando fijamente a su infusión-. Y esconderme detrás de una planta no hace que esa visión mejore. No soy el tipo de persona que puede hacer una actuación así. Estoy tieso como un palo. No me sale lo de fluir bailando, no puedo hacerlo.

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