Los primeros pasos de Harry

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Sorvolo observó a su hijo acostado boca abajo sobre la mullida alfombra que se despliega en el suelo de su despacho frente a su escritorio. Harry movía sus piernas energéticamente y azotaba sus manos en contra del suelo mientras soltaba pequeñas exclamaciones que no pueden ser entendidas por un adulto.

Había sido designado por su esposo para cuidar a Harry en su ausencia. Severus tuvo que salir de emergencia a Hogwarts a resolver ciertos asuntos que el profesor suplente no podía comprender, por tanto, no podría regresar antes de una semana.

Sin embargo, Sorvolo no dejaba de sorprenderse de lo activo que era Harry. Según el libro enviado por Narcissa, La Primera Nevada de un bebé, los bebés aprendían a caminar entre los once meses y el año, y algunos podían superar el año dependiendo del estímulo que reciban. Entonces, cuando Harry llegó a ellos tenía cuatro meses y ya sabía darse la vuelta, y en la navidad pasada, con cinco meses, había aprendido a gatear y a sentarse ¿Será que con cinco meses puede aprender a caminar?

Y pensó con seriedad, no dudaba de los genes de Lily Evans, no por nada era la única león que se había ganado el respeto de las serpientes,  pero le genera cierto pánico que los genes de James pudiesen tener efectos a la larga. Por tanto, esperaba que los genes que le habían brindado a Harry a través de la adopción mágica hiciera frente a esa situación.

Sin embargo, si hacía bien las cuentas, tres era superior a uno. Una sonrisa astuta creció en los labios de Sorvolo.

PRIMER INTENTO: SENTARSE

—Muy bien, Harry. Escúchame con atención — dijo Sorvolo con una seria en su rostro, actitud que solo tomaba cuando debía hablar con socios. Se encontraba en pijama sentado en el suelo acolchado de la habitación de juegos de su hijo. Harry, en cambio, estaba sentado contra mullidas almohadas con sus grandes ojos viendo con atención a su padre — Te voy a enseñar a caminar, y vamos a darle una sorpresa a papá Severus ¿De acuerdo?

El bebé al escuchar el nombre de Severus comenzó a aplaudir y a mover sus piernas, mientras soltaba risas llenas de felicidad. Lo que sacaba imperceptibles sonrisas en la serpiente.

— Me alegra contar con tu cooperación. La primera lección será aprender a sentarse—  dijo antes de estirar los brazos.

Según el capítulo cuatro del libro titulado los primeros pasos, los bebés antes de caminar debían primero aprender a sentarse para evitar lastimarse al caer al suelo por perder el equilibrio mientras daba sus primeros pasos. Entonces, la serpiente ubicó sus manos debajo de las axilas de Harry y, con cuidado, lo alzó para sentarlo frente a las almohadas; sin embargo, cuando lo soltó, Harry cayó hacia atrás siendo su caída amortiguada por las almohadas.

El bebé rió y aplaudió por la sensación que surgió en su barriga.

Sorvolo soltó un suspiro.

Tomará algo de tiempo, pensó.

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Luego de varios intentos fallidos y descansos para tomar siestas en conjunto y comer para recuperar fuerzas. Sorvolo siguió estimulando a su hijo para que se sentará por sí solo, probó muchas cosas hasta que descubrió que la mejor solución era amarrar con la tira de su bata de pijama una de las almohadas de la cuna a la espalda de Harry.

Sin embargo, eso fue contraproducente. Porque cuando el infante descubrió que podía caer de espaldas sin lastimarse, lo tomó como un juego y siguió haciéndolo por lo que restaba de tarde. Así que, cuando el reloj marcó las ocho de la noche, Sorvolo dejó del lado derecho de la cama, lado de Severus, a un recién bañado,  bien comido y somnoliento Harry.  El bebé al percibir el olor de hierbas, característico de Severus, impregnado en la sabana se acurrucó en la suave tela y soltó un suspiro de satisfacción al sentirse envuelto por el olor de su papá.

El secreto de Severus SnapeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora